Música, antípodas y añoranza

S. se fue al otro lado del mundo. Nunca había estado tan lejos. Salvo el espacio, ya no es posible. S. se fue sola. No pude evitar recordar los tebeos que leía de niño. Allí  dibujaban las antípodas con canguros  saltando boca abajo. Yo estaba en el lado correcto, bien colocado. Por qué ellos no caían al vacío era un misterio insondable.

S. ha recorrido playas, ciudades y desiertos. S. ha visto montañas sagradas, corales y aguas azules. Ha pasado miedo con arañas, serpientes y tiburones. S. ha recorrido ciudades, ha conocido viajeros empedernidos y ha estado sola como nunca antes lo había estado .

S. ha vuelto. Ha traído consigo veinte kilos de recuerdos, cuadernos llenos de palabras que un día leerá y le harán sonreír, alegrías y ya alguna añoranza.  S. ha recorrido el mundo entero por el aire. S. ha pisado tierra y ha venido a verme. S. ha traído, como siempre, una sonrisa. Hemos hablado, me ha enseñado decenas de fotografías, testigos ya mudos de un pasado reciente. Ha sido una experiencia importante, lo sé. Se nota.

S. ya se ha ido. Ha vuelto al mediterráneo donde ahora estudia. Antes de irse, casi en el último momento, se ha acordado de que tenía algo para mí. La música nos une, creo. Paseaba por una ciudad y en una plaza estaba él, cantando. Se quedó, le escuchó, le gustó y, quiero pensar, se acordó de mí. Compró un disco al músico desconocido. Lo trajo consigo. Casi se le olvida pero me lo dio. Lo compró para mí y aquí lo tengo. Suena mientras escribo. Me gusta. Tiene algo íntimo que me atrae. Es delicado. Está además cargado de muchas más cosas: viaje, recuerdo, agradecimiento, experiencia, crecimiento y ya, también, añoranza.

Se acaban las palabras, termina el disco. No importa.  Lo vuelvo a escuchar. Le veo a él cantando con su guitarra en una plaza que no conozco pero imagino. Mira al suelo mientras canta. No es consciente de la gente que poco a poco se reúne en su entorno. Entre ellos S.  Se queda quieta, escucha y aprecia, seguro, lo que puede valer un momento. Lo que se puede aprender en silencio.

Si después de todo eso, se acordó de mí, compró el disco, lo trajo y me lo dio, aunque sea en el último momento, me doy por contento.

Gracias.

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Yo (me) acuso

Qué hago aquí si este no es el lugar donde debería estar. Por qué no he cogido el tiempo de la mano y me he marchado. Qué absurda esta tarde de marzo, aquí sentado, escupiendo palabras de lamento, escuchando una y otra vez esa voz que desde dentro me exige coherencia. Esa voz que, por mucho que lo niegue, es más yo que yo mismo. Conciencia que se ríe de mi  inconsciencia. Absurdo de clamar en el desierto, considerarme único y ser más masa que uno. Qué hago aquí sabiendo que no es mi sitio.

Mesa blanca hoy te detesto. Plumas y lápices hoy sin veneno. Paredes que hacen de este espacio un lugar pequeño y oscuro.

No hay nada peor que saber lo que se ha de hacer y no hacerlo. Es lo más cercano que conozco a la falta de libertad, de dignidad y de asomo de felicidad.

Perdóname Glen por haberte fallado, por saber y no ver, por hablar y no hacer, por predicar y mirar para otro lado. Te dejo que me castigues con tu indiferencia.

A palabras necias…

Pensaba, por parecerme obvio, no tratar de defender la entrega del premio nobel de literatura a un poeta. Me parecía inverosímil que alguien se rasgara las vestiduras al conocer al premiado de este año. Lo cierto es que lo inverosímil ha sido escuchar y leer la sarta de sandeces que muchos han dicho, et tu quoque Varguitas fili mi !

¿Por qué se creen dueños de las palabras? ¿Por qué si las palabras se cantan ya no sirven?

Me resisto a argumentar lo evidente. No quiero. Eso es lo que buscan. No hay que satisfacer su deseo. A palabras necias oídos sordos.

Otra cosa es que lo escrito, y luego cantado, por  Bob Dylan guste o no guste. A eso no tengo nada que decir. A mí me parece asombroso. ¿A ti no?

A mi tampoco me gusta José Echegaray y no me ha pasado nada.

Sin ánimo de ofender ni polemizar, os presento al próximo premio nobel:

Operator, number, please. It’s been so many years, will she remember my old voice while I fight the tears? Hello, hello there, is this Martha? This is old Tom Frost, and I am calling long distance, don’t worry ‘bout the cost. ‘Cause it’s been forty years or more. Now Martha, please, recall, meet me out for coffee where we’ll talk about it all.

Those were the days of roses, poetry and prose and, Martha, all I had was you and all you had was me. There was no tomorrows, we’d packed away our sorrows and we saved them for a rainy day.

I feel so much older now, and you’re much older too. How’s your husband? And how’s the kids? You know that I got married too? Lucky that you found someone to make you feel secure, ‘Cause we were all so young and foolish, now we are mature.

Those were the days of roses, poetry and prose and, Martha, all I had was you and all you had was me. There was no tomorrows, we’d packed away our sorrows and we saved them for a rainy day. I was always so impulsive, I guess that I still am, and all that really mattered then was that I was a man. I guess that our being together was never meant to be. And Martha, Martha, I love you, can’t you see?

Those were the days of roses, poetry and prose and, Martha, all I had was you and all you had was me. There was no tomorrows, we’d packed away our sorrows and we saved them for a rainy day.

And I remember quiet evenings
trembling close to you

La poesía está también en la música. ¿Alguien lo duda? Que no me entere yo.

La poesía también en la voz. El que tenga oídos, que oiga.

¡Pura literatura!

Paseando entre colores iguales

Paseando entre colores iguales, escuchando tu voz que penetra por todas las rendijas, al acecho como tú que te escondes de presencias no queridas, pisando la tierra seca y todavía caliente, abriendo los ojos para descubrir nuevas luces, cerrándolos para atrapar viejos colores, recorriendo caminos ya pisados, mirando árboles, flores, marrones, verdes y piedras blancas. Pintando, siempre pintando.

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¡Viva la música, muera la industria!

1– De vez en cuando, sólo de vez en cuando, nos damos de bruces con la verdad. Sí, en ocasiones pensamos detenidamente sobre algo y tenemos incluso una clara opinión sobre un tema determinado pero, casualidad, alguien se nos adelanta y lo expresa mejor que nosotros. Nos enfrenta con la verdad que buscábamos. Uno lo escucha y asiente y sí, en estos casos, es mejor callar y asentir. No merece la pena darle más vueltas. Ahí está, frente a nosotros, bien expresado y perfectamente explicado. El orgullo un poco herido. Casi nunca somos únicos. Quisiéramos haber firmado nosotros esas palabras, nos gustaría haber puesto el punto final a un razonamiento que creíamos nuestro pero, maldición, no somos los únicos a los que un tema nos preocupa. Las palabras y los pensamientos que ellas crean pueden nacer aquí o en la otra punta del mundo.

Seamos humildes, disfrutemos del reconocimiento concedido a otros, admiremos lo que otros piensan y dicen. Asintamos contentos y celebremos el acuerdo.

El otro día la luz roja de mi móvil comenzó a parpadear mientras yo estaba preparando una clase en el trabajo. El teléfono, encima de la mesa, me hizo desviar la mirada de mis papeles  y pulse el icono del correo entrante. Una amiga del otro lado del mundo quería compartir conmigo un amigo. Alguien que habla de temas que a ambos nos interesan. Imagino que lo vio, lo escuchó y se acordó de mí. Hablamos muchas veces de música. Normalmente nos reunimos para ello en un club muy especial. Allí con el bueno de Jaime como testigo, discutimos, escuchamos y vemos grandes actuaciones. Jazz, daikiris y otras muchas cosas permanecen encerradas entre las paredes del club.

Esta vez el tema iba más allá de un músico, tema o canción concretos. Se trataba más bien de metamúsica. Una reflexión sobre la música, la música popular concretamente, la etiqueta siempre limita pero en este caso nos ayuda a centrar el tema. Bien, ella, mi amiga, había escuchado y había asentido, yo, interesado, dejé la clase, di al play, escuché y asentí. Creo que no puedo quitar ni una palabra de lo que nuestro nuevo amigo dice sobre el tema.

La industria de la música pop nos lava el cerebro y hace que nos gusten terribles (dice él), idiotas y ridículas (digo yo) canciones. Esa es la tesis fundamental. Yo la comparto. (Siento no haber encontrado el vídeo con subtítulos en español).

Paul Joseph Watson nos dice, no cabe duda, la verdad sobre la industria y la música popular. Tienes razón amigo. Verdad, triste pero cierta. Gracias por decirla. Gracias también a ti amiga de allende los mares por enviármelo, aunque ese día mis alumnos tuvieran que disfrutar de mi famosa capacidad de improvisación.

2– Volví de clase, contesté el correo que había recibido. Esto escribí y aquí lo transcribo: Gracias por el descubrimiento. A uno siempre le gusta ser original pero en este caso me limito a suscribir lo que dice. No se le puede quitar ni una coma. Debido a todo lo que nuestro nuevo amigo dice es cada vez más difícil pero más interesante bucear y descubrir lo que de verdad vale la pena. Yo me tengo por buen buceador y por eso me siento orgulloso de lo que voy descubriendo oculto entre tanta inmundicia. Son mis tesoros. Anima descubrir que hay gente que sigue haciendo cosas que merecen la pena. Están ahí. A pesar de todos y de todo. Sólo hay que saber buscarlos.

Comparto con Paul lo que dice pero siento que quiero añadir algo. Algo sencillo y complicado a la vez. Algo que parece contradecir lo que ya está escrito pero que no quiero que sea así. Nunca como ahora he visto tanta basura en la música, nunca como ahora he visto encumbrado a tanto idiota. Nunca como ahora he compadecido a muchos de mis semejantes, sobre todo jóvenes, por no ser conscientes de lo que hacen con ellos. (Perdón por mi arrogancia, pero si no lo digo reviento). Nunca como ahora me he sentido tan cerca de los profetas. Yo también quiero compartir la buena nueva: detrás de tanta mierda (perdón) hay esperanza.

Nunca como ahora he descubierto tantas ganas de hacer cosas. Ocultos tras la idiotez del escaparate, tras la banalidad que envenena nuestras vidas están ellos. Ajenos a modas, imposiciones y mercados encontramos almas puras, en el mejor sentido del término, haciendo lo que deben y quieren, siendo consecuentes y libres. Haciendo que yo, y espero que otros muchos, demos un corte de mangas a los concursos de televisión, a las listas de éxitos, a las radios venenosas, a la estulticia pontificada por necios popes.

Cada vez cuesta más encontrar lo bueno, en música y en cualquier otro tema, pero está ahí. Buscarlo es nuestro deber. El reto es no dar por bueno lo que nos dicen. Casi todo es mentira. La gran novedad es que no se pueden acallar todas la bocas. Exceso de información no quiere decir que todo sea mentira. Significa que la verdad está más oculta que nunca, pero está ahí. Es imperativo buscarla.

3– Como muestra un botón:

Allen StoneThe FrayBen HowardSokoJoshua JamesDeer TickKeaton HensonGood RiddanceBon IverMick FlanneryRay LamontagneMumford and sonsLa ModaJacqui NaylorFlorence and the machineDan ManganRadioheadRussian RedAnnenmaykantereitNoah GundersenThe tallest man on earthGotyeVikesh KapoorWilliam FitzsimmonsVetusta MorlaJames Vincent McmorrowDustin TebbuttWhitleyGeorge Ogilvie

4– De nada.

Dear Keaton Henson:

Keaton Henson singer-songwriter and artist

Las sorpresas son a veces agradables. Los encuentros pocas veces sorprendentes. Tú has sido las cuatro cosas: encuentro, sorpresa, agradable y sorprendente.

De ti, vergüenza me da confesarlo, no conocía ni el nombre. Una canción, música y palabras que casi siempre pasan desapercibidas, llegó para quedarse. Fulminado. Creo que esa era la palabra. Así me sentí. Tras reponerme te busqué. Primero tu nombre. Después a ti, en persona y al verte vi también tu música.

Pocas veces, más bien casi nunca, coinciden lo imaginado y lo real. Yo no podía intuir tu cara o tu mirada pero sí el halo que desprendes. Delicadeza, fragilidad y hondura. Tanto en ti como en tu música que atraviesa el aire casi sin tocarlo. Tu cara escondida tras la poblada barba. Tu cuerpo siempre vestido de invierno. Presente y ausente si es que este sinsentido puede ser posible.

He recorrido durante días tu música. La he escuchado quieto y en silencio. Hipnotizado. He paseado con ella. He vivido y he sentido. Aquí estoy ahora, rendido.

Tu música duele y no me importa. Tu música respira vida aunque hables de la muerte. Tu música se siente y eso, no tengo la menor duda, es lo único importante.

Earnestly yours,

J.