Siempre navidad

Cae la tarde. Fuera empieza a estar oscuro. Enciendo las luces. Escucho a Dexter tocar. La noche llega para quedarse. Espero que las palabras no basten para llenarla. Quisiera decir tantas cosas. Quisiera también callar. No hay nieve. No hace frío. No huele a invierno. A pesar de todo es navidad. Sin quererlo veo al niño que fui. Imposible evitarlo. La navidad siempre es pasado. Allí estaba yo. Aquí estoy ahora recordándome.

¡Feliz navidad!

Últimamente

Paseo mucho últimamente. Tanto que si no lo hago padezco síndrome de abstinencia. Necesito moverme y cada vez lo hago más rápido. Caminar, poner una pierna por delante de la otra ya no es suficiente. El movimiento me arrastra, me voy con él y me pierdo. A medida que avanzo todo lo demás parece detenerse y esa soledad acelerada me engulle. Devoro metros y me concentro sólo en el paso siguiente. Ejercicio para el cuerpo, descanso para la mente. La mente en blanco no está en la quietud sino en el movimiento.

Duermo mejor últimamente. Sé, por primera vez en mi vida, que no me va costar conciliar el sueño. Sé que no voy a ser presa de ideas, palabras y pensamientos obsesivos. Puedo cerrar los ojos y sentir como caigo sin remedio en el silencio. Ya no me persigue como perro adiestrado, ya no tiene poder sobre mí, ese que vive en mi interior y que se adueñaba sin piedad de mis ojos cerrados. Duermo mejor últimamente, pocas horas lo sé, pero cuando despierto abro los ojos, no los cierro.

Escucho mucha música últimamente. Pasea conmigo, escribe conmigo, vive conmigo. Me sigue enseñando cosas nuevas cada día. Después de tanta palabra me quedo mudo y asiento. La música es la verdad y la vida. Se siente y se sabe. No hace falta explicación alguna. Tanto defender la razón, tanto pensar sin remedio, tanto escribir, tanto hablar para al final atisbar la verdad sólo en la emoción y el sentimiento.

La política me interesa mucho últimamente. Me cuesta reconocerlo pero es cierto. Siempre he vivido en mí mismo. Nunca he podido pertenecer a un grupo. Huyo de manifestaciones conjuntas. No puedo ser simultáneo ni armónico. A pesar de ello, nunca es tarde, me interesa cada vez más el grupo. No como tal sino pensado en individuos que conviven. Las personas, tú y yo, nosotros, ellos, tenemos problemas y me gusta pensar en cómo resolverlos. Tratar de llegar a lo más justo merece todos los desvelos. Siempre he vivido más allá. Quiero también el ahora.

Leo mucho últimamente. Leo todas la noches y sigo quedándome boquiabierto ante lo que pueden hacer unas palabras tras otras. No importa que día haya pasado. Me da igual qué será de mí mañana. Meterme en la cama, apagar todas las luces menos esa que ilumina la página aún por leer, pasar las hojas sin darme cuenta, leer lo que sé que otros han escrito par mí y perderme entre ideas y vidas diferentes, quedarme absorto. Eso es vivir también, es otra forma de respirar.

Pienso mucho últimamente. Cada vez más en mi pasado y en el futuro de otros. Eso me da miedo. No quiero. Es como quedarse quieto. Tú eres hasta hoy  y ellos son a partir de mañana. Lucho denodádamente por no abandonarme y seguir hacia adelante. Vivir y pensar a pesar del tiempo. El pasado es refugio pero la nostalgia se esconde agazapada. El futuro da miedo pero es sólo para los valientes. Me gustaría ser un valiente sin nostalgia. Lo intento.

No salgo mucho últimamente. La rutina me ordena la mente. Mi casa, mi mesa, mis libros, mi música están siempre ahí, no tengo que ir a buscarlos. El bote redondo de los lápices, las tres cajas plateadas, el teléfono que ya no suena, los papeles que ordeno y desordeno constantemente, el mantel de la mesa, la mochila negra, las fotografías que me miran cuando yo no las miro, el sofá rojo, las paredes blancas, los recuerdos que llenan todos los silencios.

Me repito mucho últimamente. Pienso en las mismas cosas, recorro los mismos caminos, escribo las mismas palabras, veo las mismas caras, me siento a la misma mesa, duermo en la misma cama, añoro los mismos momentos, deseo lo mismo que ayer deseaba. Me repito mucho últimamente y no me importa. Es como si cada vez existieran menos cosas importantes.

Menos es más. Tanto tiempo para descubrir lo que ya estaba descubierto.

Mi lucha

Va pasando el verano y aquí me encuentro, colgado en los últimos días de julio. No puedo quejarme. Estoy sentado en el jardín. El día es azul, la temperatura es suave. Tengo ante mí granados, olivos y la gran higuera que cada año me regala más sombra. Me estoy tomando un café y escucho a D. M. Estoy solo.

Cada vez me interesa escribir sobre menos cosas. Sólo yo soy el centro de mi atención, me doy miedo. Este verano estoy leyendo a Knausgard. Yo, como él, pienso en mi vida como medida de todas las cosas. Me interesa el mundo, observo todo lo que pasa, espío la vida de las personas. Es como si todo lo viera a través de la ventana. Soy James Stewart en La ventana indiscreta. Permanezco inmóvil, agazapado. Observo, pienso, fisgo, espío, imagino,especulo, invento. A pesar de todo, al final del día, me acuesto, cierro los ojos y allí estoy yo, esperándome. Diminuto universo que encierra todas las galaxias que me habitan. No puedo salir de mí, cada vez menos. Atrapado. Ya sólo me queda mi punto de vista.

Leo, miro, escucho, discuto y me apasiono con lo que digo. Pienso en ellos y ellas, los echo de menos. Hago planes. I look forward to. Al final, cuando me siento ante la página en blanco, sólo soy yo de quien hablo y de quien callo. Es como si las palabras sobre el papel tuvieran más peso, más importancia. No está el viento para llevárselas, no sé ni si el tiempo. Se me hace muy difícil hablar en tercera persona. Siento que finjo. No es que yo me considere el tema más importante. No es que nada me importe. Sucede que cuando escribo, como Knausgard, pienso en mí todo el tiempo. Yo soy mi lucha. Hay muchas cosas importantes pero mientras no gane, esa lucha se me impone. No son pequeñas batallas. No valen planes ni estrategias para derrotar al monstruo. No soy mi pesadilla . Soy, ya lo he dicho, mi lucha.

Canta S.M. a mi lado. Me detengo un instante. La música es la única que me saca de mí. No sé a dónde me lleva, pero me lleva. Con ella sí me disuelvo. En el mundo, en el paisaje o en el mismo aire que me rodea. Todo es diferente con ella. Me transporta, me recuerda, me pone en trance y mi mirada se pierde en un universo paralelo. Allí quiero quedarme pero siempre vuelvo a mí. A mis granados, a mi olivo, a mi higuera, a mi mesa de madera. A las palabras que quedaron quietas. Canta B.C. y callo. It’s my hope.

Mi familia, mi mujer, mis hijas son yo porque yo las pienso y las siento.Mis amigos, lo son porque yo los quiero. Mis libros y mis cosas son yo porque yo los leo y las veo. Mis palabras son yo porque yo las escribo y las digo. El tiempo soy yo porque yo lo vivo o lo pierdo. Yo, a pesar de mil circunstancias, soy yo. Todo en un instante y nada cuando desaparezca. O sí, tal vez unas cuantas palabras que alguien alguna vez diga, piense o calle.

Puedo contar mi vida hasta los detalles más íntimos, puedo contar mis días minuto a minuto, puedo decir lo que pienso sobre todos los temas que pasan por mi mente, puedo hablar sin callar, escribir sin parar pero nada de esto me interesa. Knausgard lo hace. Yo no, pero en el fondo hacemos lo mismo. Luchar.

Luchar es entenderse, explicarse. Cerrar los ojos y verse. Luchar es ver el mundo a través de uno. Luchar es ser consciente de lo que uno siente. Luchar es pensar y ser consecuente. Luchar es vivir. Esa es la única pelea que nos queda.

Escucho a M. Ya no lucho ni pienso. Sólo siento. That’s all.

Hoy hace un día precioso

Hoy hace un día precioso. Comienza la primavera y ya echo de menos el invierno. Es terrible estar esperando que algo termine para luego lamentar su ausencia. Disfrutar más de la espera que de la llegada. De la ficción que de la realidad. Con la ficción somos todopoderosos y la realidad se nos impone. Es más fácil modificar lo que no ha ocurrido que lo que está sucediendo.

Hoy es primavera y ya sueño con el verano. Llegará y parecerá que con su llegada ya termina. Imagino ahora los largos días a la sombra de la higuera, los caminos que me esperan, el sol de la mañana. Imagino ahora todo lo que podrá ser y me recreo. Llegará y tendré nostalgia de mi propio recuerdo. Estoy enfermo. El tiempo me atrapa con sus garras. Lo sé y me permito ser su prisionero.

Esta mañana he dado un paseo. Todo era luz. Todo era intenso. Cada paso era tiempo que se quedaba atrás en el camino. Un trocito de pasado abandonado en el asfalto. Un ayer ya sin mañana. Es imposible escapar de la senda que nosotros mismos vamos marcando. La quietud no para el tiempo, simplemente corre por dentro. Avanzamos con él. No hay voluntad que lo detenga.

Sentado a la mesa de un café tranquilo he sacado de mi mochila el cuaderno marrón. He abierto sus páginas y al azar he recorrido palabras y páginas escritas hace ya tiempo. Leer es recordar lo que fuimos y lo que quisimos ser. Lo que sentimos entonces y lo que sentimos ahora al recordarlo. Palabras como fotografías que se detienen en el tiempo pero que nos hacen vivirlo siempre de forma diferente.

Ya estoy de vuelta en casa. Cierro las ventanas que antes de irme había abierto. La recorro y en cada habitación, en cada rincón veo palabras e imágenes en el tiempo. Guardo la compra en la cocina. Los armarios y los cajones están vacíos pero yo los lleno de recuerdos. Entre ellos se hacen hueco el pan, las frutas, el te verde y las nueces. Guardo todo, lo ordeno todo, lo cierro todo. Ahí se quedan poblando oscuros lugares llenos de recuerdos.

Miro por la ventana. El cielo está azul y el aire transparente. Allá abajo en la calle los veo moverse. Me gusta imaginar hacia dónde se dirigen, quiénes son, qué hacen y en qué piensan cuando yo los estoy mirando. Que cada uno sea un mundo diferente al mío, ajeno completamente, con su tiempo, sus recuerdos y sus palabras, con su pasado clavado a su espalda y su futuro incierto me asombra y me hace sentir una pequeña isla perdida en la inmensidad del espacio y del tiempo.

Me siento a mi mesa. Escribo. Quiero hablar de tantas cosas. Quiero ordenar mis ideas. Quiero opinar, razonar, convencer, gritar, reclamar. Quiero y no quiero al mismo tiempo. Cuanto más me preocupo de las cosas todo se me hace más ajeno. En el fondo sé, como cuando hablamos el otro día en aquél café de Cracovia, que sólo la libertad, la felicidad y el tiempo me interesan. Quiero reflexionar sobre las tres pero no puedo separarlas. Son tres y son una. Son mi santísima trinidad. El dogma central sobre la naturaleza del dios que yo soy en la isla mínima de mi mundo.

Tras tanto pensar, tras tanta meditación profunda mis dedos solo escriben hoy hace un día precioso y se dejan llevar por el futuro incierto. Futuro que se dirige inexorablemente hacia un punto final. Yo, mientras pueda, seguiré utilizando el punto y seguido. Dejo de escribir y escucho.

Palabras sueltas

Las navidades se fueron tan rápido como vinieron. Finaliza enero y me enfrento a un nuevo año con cara de pocos amigos. Desde mi ventana se ve caer la noche en mitad del invierno. El frío y la lluvia hacen de mi casa refugio. Color entre tanto blanco, gris y negro. Enciendo las luces y entre ellas me siento mejor, más cómodo. Música de fondo.

Hace unos días murió la madre de un amigo. Noventa y nueve años. Se apagó en pocos días. Simplemente se fue. Muerte plácida y dulce de quien ya vivió lo suficiente. ¿Podremos escoger alguna vez cuándo, dónde y cómo morir? Mi madre cuando murió ya no era mi madre. Dejó de serlo poco a poco. Se fue olvidando de ser. Yo celebré su muerte porque ya no era mi madre. Era carne, piel y huesos. Ni un hálito de vida.

A veces mi trabajo se me hace cuesta arriba. Creo que he cerrado un círculo y no me apetece recorrerlo otra vez. Es una mala sensación. La duda y cierta desazón se apoderan de mí. Es difícil dudar cuando el esfuerzo requiere de tanto entusiasmo. No sé si ya lo tengo. Despertar e iniciar un nuevo día sólo para completarlo, para cumplir con el tiempo es triste y descorazonador. Soy cada vez más egoísta con el tiempo. Lo quiero para mí.

¿Dónde se está mejor, en la rutina tranquila y algo aniquilante o en el cambio y movimiento? Nunca lo sé del todo. Siempre se quieren ambas cosas a la vez. Correr para luego detenerse. Marcharse para volver. ¿Cuál es el momento mejor, la ida o la vuelta? Qué fácil se olvida lo nuevo. Cada vez me cuesta más desprenderme de mis libros, de mi mesa o de los caminos y calles tantas veces recorridos.

La enfermedad que más temo es la nostalgia. Es tan fácil caer en ella y tan difícil abandonarla. Estamos hechos de recuerdos y cuanto más tiempo vivimos más recordamos. Mi vida comienza a ser más ayer que mañana. Caer en la tentación es demasiado sencillo. Tengo dos hijas, una vive a seiscientos kilómetros y la otra piensa ya en volar. Tienen, cruzo los dedos, mucho más mañana que ayer. Irremediable nostalgia.

El silencio que antes anhelaba, ahora a veces me asusta. Se siente amenazante. Duele. Impone saber que ya no controlo su duración. Ya no es un invitado. Viene cuando quiere y se queda, en ocasiones, demasiado tiempo. En medio del silencio puedo, aún y todo, oír voces, pasos, y músicas que nuca se fueron. Están ahí para salvarme.

Mirar fotografías empieza a ser doloroso. Es recurrente caer en ello. Inevitable sentir punzadas que hieren a través del tiempo. Están siempre allí pero cada vez más lejos.

Con la música, sin embargo, siempre estoy buscando. Busco cosas nuevas y cuando descubro algo interesante lo celebro como un tesoro hallado en tierras desconocidas. Lo desentierro y lo agradezco.

Los libros permanecen. Siempre están conmigo. Me son fieles y yo a ellos. Es lo que más me gusta comprar, tener y tocar. Cuando pienso en un objeto, en algo hecho por el hombre, siempre aparece un libro.

Es noche cerrada. El viento sopla y trata de atravesar los intersticios de las ventanas. La lluvia se oye ahí fuera. Estoy dentro, estoy en casa. Sentado en mi silla vieja. Rodeado de fotografías y de libros. Las miro y los toco. Pienso, vivo y recuerdo.

Escucho una canción y escribo estas palabras sueltas.

Merry Christmas (one more time)

IMG_2483

Luces, música y estrellas en una tarde buena. Nostalgia ya de luces y estrellas que empiezan a marchar. Poco a poco se alejan pero la estela de su luz permanece. Estrellas que yo querría quietas pero se mueven. Inevitablemente giran y giran sin parar. Esta noche negra de invierno será buena, seguro. Las estrellas se detienen en el cielo de mi casa. Hoy la luz no se apaga. Have yourself a merry little Christmas.

Mi patria

Nada mejor que llegar a casa después de un día de jodido trabajo y, solo como sólo se puede estar solo en una tarde de noviembre, renacer una vez más de las cenizas. La música, como casi siempre, es la responsable. En momentos así, qué sencillo es responder a preguntas como qué es la patria para ti. Cuántas palabras idiotas se dicen, cuánta perdida de tiempo. Está tan claro cuando uno lo sabe apreciar. La verdad es transparente. Sólo hay que tener ojos para sentirla. Las patrias, además, nunca tienen banderas.

Ahora mismo soy lo que quiero ser y no lo que otros han diseñado que sea. Todo es claro y distinto. Gracias Dan. Hoy te lo debo a ti.

P.S.: Sé en quién pensabas cuando escribías esto.

Un largo verano

Un largo verano es una excelente novela de Barbara Vine. Un largo verano es lo que ahora, ingenuo de mí, veo extenderse en el horizonte. Un largo verano es tiempo para olvidarse del tiempo. Un largo verano es, en mis anhelos, luz, caminos, libros, paseos, música, cerezas, estrellas, siestas, conversaciones, amigos, soledad, trigo, tierra, sol, hojas en blanco, frutales, silencios, palabras y ellas. Un largo verano está lleno de mañanas blancas, paisajes amarillos, atardeceres naranjas y noches azules, casi negras. Un largo verano es de las pocas cosas que merece la pena que se repitan una y otra vez. Un largo verano es el eterno retorno de los días sin horas, de los relojes parados, del tiempo perdido del que uno nunca se arrepiente. Un largo verano debe olvidar que tuvo principio y que le espera un fin. Un largo verano es un permanente ahora donde el pasado se esfumó y el futuro es un concepto ininteligible. Un largo verano debería ser vida, simple vida.

Miro ahora a través de la ventana de mi despacho el sol que ilumina la fachada de enfrente. Paseo por los pasillos y aulas vacías, hasta hace pocos días llenas de ruidos y voces. Subo las escaleras y oigo mis propios pasos. Me detengo y trato de recordar toda la vida que durante un año ha llenado este espacio de palabras, risas, disgustos, alegrías y enfados. De ilusiones, proyectos y, también, de ganas de tirar la toalla. Visto desde este silencio imponente, uno tiende a pensar que el esfuerzo ha valido la pena. Visto desde este presente esperanzado, el pasado recién terminado se lleva con él los dolores y se agarra como puede a las ilusiones creadas, se apoya en las personas que han dado un paso adelante. Hoy me parece, y lo celebro, que siempre ganan los que construyen aunque a veces la destrucción se nos antoje más sencilla y poderosa. Es mera apariencia. Estamos mejor ahora. Espero que también lo seamos.

Reviso, como siempre, a estas alturas del año, mi pequeño universo cotidiano. Mi larga mesa blanca todavía inundada de papeles, mis lápices y bolígrafos cansados, la mesa redonda de reuniones, sus sillas ahora vacías. Escucho el eco de tantas palabras dichas. Miro los libros y carpetas poblando estanterías, guardan en ellos demasiados secretos. No abro ya los armarios que encierran tantas tareas hechas y tantas aún pendientes. Cierro la agenda, este año azul, que se empeña en recordarme lo que hice y lo que está por hacer. Estoy ahora sentado en el desvencijado sillón desde el que observo estas cuatro paredes tan distintas según sea el tiempo y el momento. Hasta la luz es hoy diferente. Qué extraño es este instante.

Recojo, ordeno, guardo, cierro, apago. Reviso una vez más todo mi entorno. Me llevaré sólo una cuantas cosas. El resto pasará aquí también su largo verano. Ya sólo me queda, como todos los años, levantarme, avanzar hacia la puerta, abrirla, echar una última mirada atrás, apagar la luz y marcharme.

Salgo a la calle y vuelve a sonar. Doy los primeros pasos  entre la gente. Cierro los ojos y escucho.

Mesmerizado

Magnetizado, captado, dominado, hechizado, cautivado, fascinado, atraído, seducido. Captado, magnetizado, dominado, atraído, hechizado, cautivado, fascinado, seducido. Dominado, captado, magnetizado, hechizado.

Cautivado, fascinado, atraído, seducido. Hechizado, dominado, captado, magnetizado, cautivado, fascinado, atraído, seducido. Cautivado, hechizado, magnetizado.

Captado, dominado, fascinado, atraído, seducido. Fascinado, magnetizado, captado, dominado, hechizado, cautivado, atraído, seducido.

Atraído, dominado, hechizado, magnetizado, captado, cautivado, fascinado, seducido. Seducido, atraído, dominado, hechizado, cautivado, fascinado, captado, magnetizado, Captado, dominado, hechizado, cautivado, fascinado, atraído, seducido.

Captado, magnetizado, dominado, atraído, hechizado, cautivado, fascinado, seducido. Dominado, captado, magnetizado, hechizado, cautivado, fascinado, atraído, seducido. Hechizado, dominado, seducido, captado, magnetizado, cautivado, fascinado, atraído, cautivado.

Hechizado, magnetizado, captado, dominado, fascinado, atraído, seducido, fascinado, Magnetizado, captado, dominado, hechizado, cautivado, atraído, seducido, atraído, Dominado, hechizado, magnetizado, captado, cautivado, fascinado, seducido, seducido,