Ciudadanos

El valor primordial de la democracia es el valor de la participación. Sin ella, aquella deviene en algo insulso y sin gracia. La participación se ha convertido en un simple voto, el voto se ha transformado en delegación y la delegación finalmente en dejación de derechos y por supuesto de deberes.

La decepción general que causa el panorama político, espejo, por otro lado de la condición humana, empuja a muchos hacia el abandono, a bajarse del tren que mal o bien, rápido o lento, nos ha traído hasta aquí.

Sé que duele, sé que es duro decirlo pero esto no es más que un ejercicio de irresponsabilidad. Somos, admitámoslo, vagos y gregarios y el mal estado de las cosas y la corrupción galopante que nos acecha ofrecen la oportunidad perfecta  para sentirnos dignos y coherentes en nuestro abandono.

No queremos ser como ellos. Los políticos son una especie diferente de la nuestra. No queremos mancharnos las manos, no queremos participar en esa orgía de egoísmo. Dimitimos de nuestra condición de ciudadanos y con nuestra irreflexiva acción no hacemos más que seguir dejando en manos de nuestros odiados corruptos el pastel que ya no nos queremos comer.

Cuando alguien, pesado y terriblemente ingenuo, nos sigue hablando de otros mundos posibles, nos cansa pero sobre todo nos molesta. Se vive muy bien protestando. Primero la desidia, no hacer absolutamente nada, que me lo den todo hecho, que para algo voto y participo. Luego, cuando me siento traicionado, abandono, me retiro a mis cuarteles de invierno, allí desde donde lanzo críticas ciegas y feroces. Despotrico de un mundo en el que, por supuesto, sigo viviendo.

Quería cambiar las cosas pero decepcionado compruebo que no se puede. No me queda más remedio que huir, alejarme, por miedo al contagio, de ese mundo podrido que mata con premeditación y alevosía todos los sueños y todas las esperanzas. No tengo más opción que aniquilarme, como aniquilaron mis aspiraciones, abandonarme ahora a la perpetua queja y,  ya de paso, a los partidos de fútbol en la tele.

No participar de alguna forma es abandonar nuestra condición de ciudadanos. La ciudadanía es el más alto escalón al que el ser humano ha subido en su ya larga y dura evolución. Despreciarla, dimitir de ella no nos transforma en héroes ni en tercos revolucionarios. No hacer y no decir no da derecho a pontificar después. No nos sitúa por encima del bien y del mal. Más bien al contrario, nos convierte  en contrarrevolucionarios, hacemos el juego a un sistema que nos quiere callados, sumisos o no, pero callados.

Lo verdaderamente revolucionario es pensar, decir, hacer, reír, llorar, criticar desde la alambrada, luchar desde la razón y desde la rabia. Nada hay más triste que un ciudadano que no ejerce la ciudadanía. Es como poder pensar y no hacerlo, luchar por la libertad tanto tiempo añorada y una vez lograda ponernos otro collar diferente.

El mundo está lleno de maldad y miseria. Todos somos buenos y malos al mismo tiempo. Todos, y digo bien todos, somos responsables de lo que nos sucede. Unos más, otros menos tal vez, pero no hay uno solo que se libre.

La evolución de las especies ha sido dirigida por la fuerza descomunal de la naturaleza, ella ha ido  seleccionando a los mejor adaptados. Ya no, hemos llegado a un punto donde, nosotros los humanos, convertidos ya en ciudadanos, podemos dirigir nuestro progreso, podemos reconducir la evolución a nuestra voluntad. Somos ya seres voluntariosos, debemos movernos siempre en alguna dirección. La quietud no es condición humana. Es cómoda pero cobarde. El silencio pasa en un instante inaprensible de dignidad satisfecha a triste sumisión.

Estamos obligados a hablar o a gritar. A hacer. Nuestro futuro es nuestro. Sólo lo podemos decidir nosotros. Nosotros me incluye. No puedo escapar y quedarme fuera.

Participar no es votar o no votar. Participar es pensar, ser consciente de dónde estamos, criticar al de enfrente, discutir con el de al lado, tratar de convencerle, opinar, decir, leer, hablar, luchar, cambiar, enfadar, proponer, responder, ser, en definitiva lo que nos hemos hecho ser. No esencia sino estado. No materia sino sustancia. No carne sino verbo. No animal sino ciudadano que piensa y lo hace, al menos a veces, por sí mismo.

Las tres humillaciones

De vez en cuando, sólo de vez en cuando, somos capaces de agachar la testuz y reconocer que el castillo de naipes en el  que habitamos se desmorona.

Aceptar los errores es duro y difícil. Quien lo hace se dignifica. Generalmente la soberbia nos ciega ante cualquier acontecimiento que trastoca el orden al que nos hemos acomodado. Nos molesta el impertinente que osa decir algo que contraviene lo estipulado, que dinamita los cimientos que sustentan el orden establecido.

Repasando la historia de la humanidad podemos encontrar momentos estelares que han marcado un antes y un después, que han puesto patas arriba lo que se daba por seguro, que han borrado de un plumazo la arquitectura de nuestra existencia.

Lo que luego parecerá obvio es, en un principio, frontalmente rechazado y al que desafía nuestra verdad consoladora lo condenamos, lo crucificamos, lo quemamos en la hoguera o, en el mejor de los casos, lo ignoramos como se ignora a los locos.

Mirando hacia atrás sin ira podemos comprobar que esto ha sucedido en no pocas ocasiones. Nada disgusta más al ser humano que ver echado por tierra lo que le da seguridad. La duda de la novedad, cortar raíces, echar a andar nos hiela la sangre y nos deja inmóviles. Volar es para los pájaros. Lo mismo que los terremotos derriban lo que nuestras manos e ingenio han erigido, la mente humana es capaz de echar por tierra la lógica que parecía dotar de sentido a nuestro lugar en el tiempo y en el espacio.

Copérnico sacó a la tierra del centro del universo. Se limitó a constatar un hecho físico. Su pecado no fue buscar la verdad y demostrarla sino sacar al hombre del centro, del origen. El universo no existía a nuestro alrededor, eramos nosotros, invisible grano de arena, los que flotábamos en un infinito agujero negro incomprensible. El espacio nos engullía, dejábamos de ser imagen de un dios todopoderoso. Fue necesario aprender a ser diminutos, invisibles, despreciables en la inmensidad sobrecogedora del espacio. Copérnico recibió su merecido: su obra prohibida y sus ideas declaradas heréticas. Humillar para luego humillarnos. Newton se encargó del resto.

Darwin trató de colocar al hombre en su sitio. Buscó y encontró lo que nadie quería saber. El ser humano se tambaleó en su trono de barro y éste se hizo añicos. La diversidad de las especies, la adaptación al medio y la evolución consiguiente no despertaron sorpresa ni asombro. La indignación y el escándalo pidieron a gritos la cabeza del atrevido ignorante. Desafiar al propio dios creador sólo podía ser obra de una mente perversa o demente. Predicar en el desierto. La ignorancia enseñoreada. Desprecio fundado en creencias. La luz que el Beagle trajo consigo fue convertida en tiniebla. La tiniebla más espesa de todas: la del fanatismo.

Freud nos hizo humillarnos nuevamente. Nuestro comportamiento no siempre es el resultado de actos conscientes. La consciencia sólo es la punta del iceberg de lo que llamamos mente. El inconsciente es parte esencial en la causalidad de nuestra forma de comportarnos. Los instintos, que gustamos de relacionar con el mundo animal, parece que son parte decisiva de nuestras motivaciones. No se trata de demostrar si el psicoanálisis es una ciencia o una pseudociencia sino de comprender que lo que lo que no se quiso aceptar es que nuestras actuaciones no son siempre decididas conscientemente. Criticar a Freud por ser misógino, por tratar de universalizar sus teorías puede ser razonable. Lo que no lo es, es el inmediato rechazo que produce sabernos dominados por algo que no controlamos. Aceptar que no somos enteramente dueños de nosotros mismos fue lo que escandalizó y lo que provocó el rechazo del hombre y de su obra.

Nos gusta tener la razón y nos cuesta reconocer que no la tenemos. Nos gusta vivir en la comodidad del orden y la seguridad. Defendemos la libertad como parte irrenunciable de la condición humana pero nos ofende  que alguien contravenga nuestras normas. Nos debilita la duda y aborrecemos lo desconocido. Defendemos ser humildes pero somos orgullosos. A los que nos incomodan los apartamos como apestados. No aprendemos nunca la lección. Siempre acabamos humillándonos.

Adaptación al medio

Dando rápidos pasos por la acera iba yo esta mañana como un hombre decidido.Mis quehaceres me llevaban de la mano.Me dirigía a una reunión de hombres y mujeres decididos como yo.Tenía que defender mi punto de vista sobre un asunto importante  y mi cabeza iba sopesando cómo hacerlo.Pensaba en pros, pensaba en contras. Trataba de imaginar como rebatiría todo tipo de objeciones.

El mar, a mi derecha, llegaba a la orilla de la playa mansamente.Un suave sol de abril iluminaba de primavera la mañana.La brisa soplaba fresca.Ni el mar ni el sol ni la brisa osaban interrumpir mis pensamientos.Caminaba sin percibir lo que sucedía a mi alrededor hasta que le he visto.En un banco frente al sol, estaba sentado un lagarto.Tenía un bastón a su lado y parecía viejo, muy viejo.Exponía su cara al calor del sol,los ojos casi cerrados. No hacía nada.En su entorno no había movimiento.Sólo quietud y calma.Su piel, cuarteada por los años, lucía ese moreno perpetuo de la gente que ha trabajado en el campo.He querido sacar una fotografía pero no me he atrevido.Me detengo y le contemplo.El abuelo,respirando la luz que le llegaba, no se ha inmutado.Ha sido entonces cuando he sido consciente.He sentido el calor del  sol en mi cabeza, he oído el sonido de las olas y he visto la luz de la mañana.

¿Qué hacía yo?¿A dónde  iba?Ha bastado detenerme un momento para dejar de ser quien era.¡Qué difícil!Si te adaptas al medio pareces disfrutar de todo:el paseo, el calor  y el sol de abril son la vida en ese momento.Vivir es disfrutarlos aquí y ahora.Pensar en mañana es desperdiciar el tiempo.Si pensamos, si indagamos en los rincones oscuros del alma nos percatamos de todo lo que nos falta.Las necesidades crecen exponencialmente según sea nuestra adaptación al entorno.El abuelo pasea, se sienta, toma el sol, vuelve a casa, toma un vino, echa la siesta.Yo me dejo llevar por los pensamientos.Reflexiono,anticipo,escruto,indago y caigo en la cuenta de todo lo que me falta.

¿Qué es mejor?No creo que haya respuesta.No tenemos dos opciones y escogemos una.Lo llevamos en la sangre, en los genes.Uno no puede saciarse si no sabe lo que quiere.El mundo avanza por la curiosidad que nos espolea.Las ansias por desentrañar misterios, por desvelar secretos, por resolver enigmas nos empujan.Hacen que marchemos de prisa y la prisa nos hiere.Cerramos los ojos a lo cotidiano y el descanso se aleja de nosotros.Otros, en cambio,parecen sacar partido a todo lo que hacen.Disfrutan del sol y de la lluvia, del invierno y del verano.Les basta contemplar un paisaje,darse la mano,vivir en la tierra, dormir a pierna suelta.Están adaptados al medio.

Los inadaptados buscamos incesantemente .El signo de nuestras vidas es el interrogante. Despreciamos las cosas,hacemos poesía con el horizonte,buscamos a dios, plantamos cara a la muerte y tratamos de explicar el arte.La venganza contra los abuelos-lagartos es pensar en alto,exponer complicadas teorías, escribir libros sobre el ser y la nada,preguntar el porqué de la mota de polvo,sufrir para crear,despreciar al que no entiende,al que no busca,al que no se pregunta absolutamente nada.

Me solía consolar pensando  que sólo los niños podían vivir plenamente cada momento.Creía que sólo ellos, en su novedad, estaban adaptados al medio.A los niños no se les pide más que eso, que sean niños,que vivan fuera del tiempo.Más tarde la consciencia de la ignorancia nos despierta bruscamente.Conocer se nos plantea como un reto y a él nos lanzamos de cabeza, algunos.Hay quien prefiere aceptar las cosas como parecen.Tomar la vida como viene, jugar a ser espectador en vez de  intérprete.

¿Qué nos hace tratar de conocer lo incognoscible?¿Por qué nos empeñamos en comprender lo inaprensible?¿Qué descomunal fuerza nos empuja?¿Qué diferencia hay entre el vive y el que busca?

Las hormigas llevan siendo las mismas hormigas desde hace millones de años.El ser humano evoluciona y nunca acaba de adaptarse.Desde que el fuego iluminó la oscuridad primigenia no ha dejado de buscar.En el camino muchos han desistido, han preferido vivir pegados a la tierra,no escudriñar en el significado de las cosas,no ir más allá de la física.Son ellos los que miran con sorna al que pasa a su lado deprisa,al que pretende escarbar en las profundidades del ser y se ríen por ver a tantos aferrarse a una esperanza tan vana.¿Por qué se expande el universo?¿Dónde empieza lo que nunca acaba?¿Qué se esconde en el alma?¿Acabará todo en nada?

El abuelo abre los ojos y se levanta.Agarra el bastón y se echa a andar con calma.El mar es agua y es azul,la brisa le refresca la cara.Hoy es hoy y no es mañana.Jamás ha pensado qué hay tras del horizonte.Piensa en la comida que le espera, en la partida de cartas que por la tarde jugará con sus amigos y en el cigarro que fumará a escondidas.¿La muerte?Que espere. Él todavía no ha vivido bastante.

Sigo mi camino.Pienso en el abuelo, imagino la vida que habrá llevado.Como no la conozco me la invento.Miro al mar, no veo agua, veo una inmensidad palpitante y no puedo poner nombre al color que tiene.

Then go

Inadaptados

Estaba yo sentado a la sombra de un árbol viendo a J. jugar con sus amigos. He  echado un vistazo al entorno y he analizado a los individuos que lo poblaban.Algunos parecían encontrarse como pez en el agua, adaptados al medio.Otros, al contrario, mostraban bien a las claras sentirse  fuera de sitio, situación o contexto.De ser ese el único universo posible no haría falta ser Darwin para saber a ciencia cierta quiénes serían los supervivientes y quiénes serían siglos después estudiados como especie extinguida.La adpatación posibilita la supervivencia de los individuos.Quién lo consigue sobrevive.Cuando las condiciones no se alteran, todo permanece inmutable.Nada cambia.Las hormigas eran hormigas  y se comportaban igual que ahora desde la noche de los tiempos. Los humanos, por contra, somos como funambulistas caminando siempre al borde del abismo. Nos adaptamos, pero a medias.Vivimos constantemente luchando por ser parte del medio y por cambiarlo a nuestro antojo, por conservar y destruir al mismo tiempo.Esta esqizofrenia nos hace comportarnos de forma imprevisible y casi siempre en contra de toda lógica.La paradoja del desarrollo humano es que éste proviene de nuestra negativa a adaptarnos, a aceptar lo que una hormiga acepta sin pestañear y sin consciencia.Como pasaba el tiempo, J. no se cansaba de jugar y yo empezaba a no adaptarme he imaginado situaciones y comportamientos que apoyaran la hipótesis que quería demostrar: la contradicción, la no adaptación e incluso los comportamientos negativos y autodestructivos en apariencia colaboran en el desarrollo de nuestra especie.Hay muchos ejemplos posibles.Hoy, a mí, en una soleada tarde de parque, entre niños y ruido, se me han ocurrido tres.Habrá más.Así lo espero.

Pagar por adelantado

Es propio de quien no se ha adaptado adecuadamente a esto de vivir el agobiarse con antelación, sentir la angustia que nos apresa de antemano y que anida en nuestro estómago.No importa saberse capaz de llevar a buen puerto la tarea que se nos presenta como un reto. De nada vale que la cabeza nos diga y nos muestre lo inútil de nuestra preocupación extemporánea.Tampoco la experiencia acumulada nos ayuda. Sabemos que otras veces nos ocurrió lo mismo y que el insomnio y la úlcera de estómago fueron absolutamente inútiles. Una y otra vez tropezamos con la misma piedra.Esta piedra, más bien roca, compuesta de agobio y angustia a partes iguales, nos impide disfrutar del tiempo que media entre la pre-ocupación y la ocupación misma. Cuando el día D y la hora H llegan, el fantasma del miedo desaparece casi siempre y el resultado de nuestros actos no merecía casi nunca los desvelos con los que nos habíamos torturado.

Cuarenta y tantos

Habiendo pasado ya de la cuarentena, uno tiende a pensar,erróneamente, que nada nuevo queda bajo el sol.Comienza a resultarnos distante la nueva generación que asoma tras nuestros pasos. Miramos atrás y nos cuesta encontrar cosas interesantes, nuevas propuestas que nos atraigan. Nos sentimos en casa refugiados en nuestros asuntos.Creemos hablar un idioma diferente y vemos a los recien llegados como vulgares aspirantes.

Todo esto, no deja de ser una postura demasiado cómoda, un refugio del que no queremos salir por pereza y por soberbia. Nos cuesta mucho admitir que una idea, una canción, una película o un libro escrito por alguien más joven que nosotros pueda merecer nuestra atención.

Tener los ojos abiertos, siempre y en todo momento, es una actitud de personas inteligentes. No perder la curiosidad es no sólo un derecho sino una obligación de quien quiera considerarse verdaderamente humano.

Creación y sufrimiento

¿Está relacionada la creación con el sufrimiento? Parece ser, a las pruebas históricas me remito, que muchos de los grandes artistas cosechan sus obras después de haber sembrado sufrimiento. Voy más lejos. No es que tras el dolor surjan mejores obras, es que es el dolor quien parece provocar su nacimiento.Quien se siente feliz no siente necesidad de crear nada. En momentos de plenitud no echamos en falta cosa alguna y la propia vida satisface nuestras necesidades.No hay lugar, por tanto, para lamentar aquello que  no tenemos y que deseamos. Cuando, al tiempo, algo nos es arrebatado,sea la paz, el amor o la calma, comienza a dolernos el alma y tratamos de expresar y de explicar lo que nos pasa. Queremos entonces explicarnos, desahogarnos y ser oidos.Anhelamos dejar una huella en el tiempo. No importa que nos dirijamos a todos, a alguien o a nosotros mismos. Queremos conjurar la ausencia, llenándola de palabras, trazos, música, imágenes o pensamientos desbordados. La obra de arte es, en esos casos, un grito que quiere ser oido. No queremos morir, queremos recuperar lo perdido o conseguir lo ansiado.No nos basta casi nunca lamernos la herida como un perro.Igual que los suicidas que al anunciar su propia muerte  desean en el fondo evitarla, el artista sufriente se expresa para ser escuchado, no olvidado.El suicida verdadero se suicida, no pierde el tiempo avisando.El desesperado auténtico, está vacío de deseo. El artista crea porque, en el fondo, está asido a la esperanza de volver a sentirse lleno.

De forma paralela, en nuestra vida cotidiana,tendemos más a hablar de aquello que no nos gusta. La crítica es más rápida que la alabanza. Nos motiva más el descontento que la alegría.Estar contento paraliza la espada del pensamiento. Las palabras fluyen más rápido cuando atacamos, nos sentimos heridos y nos defendemos. Sería idóneo y deseable ser agradecido y cantar las alabanzas, pero nos guste o no acaba siendo cansino y hasta empalagoso.

Hasta la victoria siempre

Haciendo un símil con el desarrollo humano, parece claro que internet y las nuevas tecnologías en general todavía están gateando. A pesar de eso , y de la misma forma que un bebé transforma nuestra vida en algo diferente, podemos decir también que la aparición de internet y compañía en nuestras vidas, han trastocado muchas más cosas de las que imaginábamos.

La primera y más evidente es la aparición de la llamada brecha digital, esa que está separando a la humanidad entre los que utilizan y aprovechan las nuevas tecnologías y sus posibilidades y aquellos que por falta de tiempo, medios, desconocimiento, edad o pereza se están quedando atrás y no llegan a conocer y percibir la transformación que está experimentando la sociedad actual debido a estos avances técnicos.

En materia laboral se suele considerar motivo de despido la falta de adaptación a los cambios tecnológicos. En una empresa se espera de un empleado que se vaya adaptando y formando para poder hacer frente a los cambios que se van produciendo. Si no , el sistema prescinde de ellos.La ley exige que se les de la oportunidad de formarse, pero si el intento fracasa, se está legitimado para quitarlos de en medio .En la sociedad actual , y no sólo en el ámbito laboral, se está produciendo cada vez más este fenómeno.

Los niños, hoy en día, nacen  con un mando a distancia bajo el brazo,y como quien no quiere la cosa aprenden a manejar vídeos, dvds,cónsolas, televisiones y todo aquello con botones que se les ponga por delante.

Sin embargo la gente mayor y quienes creen no necesitarlo, rechazan su incorporación a este nuevo mundo digital y virtual.Se están quedando atrás y no participan en esta nueva dimensión de la realidad.¿Les hace falta? No lo sé. Lo cierto es que la brecha es cada vez mayor.

La revolución tecnológica está siendo tan rápida que apenas nos da tiempo a reflexionar sobre lo que está ocurriendo y no percibimos claramente los cambios sociales que puede propiciar.Todo sucede demasiado deprisa, y eso no es bueno.Las nuevas generaciones aprenden a usar gran número de cachibaches pero no relfexionan sobre lo que esto supone.

Televisión ,dvd,ordenador, reproductor de mp3, fotografía digital, cónsola de juegos, mandos a distancia, teléfonos móviles, pendrives y un largo etcétera forman parte ya de su vida cotidiana.Plasma, banda ancha, gigas, megahercios, píxeles, memoria ram, mp4 y otros tantos nuevos palabros son parte del vocabulario de cualquier persona que se considere bien formada.Nos guste o no, este fenómeno es imparable. Lo necesario sería reflexionar sobre sus pros y sus contras.

El ser humano ha evolucionado, como todas las especies, adaptándose, para sobrevivir, a los cambios que le venían impuestos desde fuera. Lo peculiar de nuestra especie es que fue el débil, el que fue expulsado de la selva por los más fuertes,el que se tuvo que adaptar a la nueva situación.Se vió solo en la llanura, sin refugio ni alimentos y sin medios para defenderse.Ya no necesitaba saltar de rama en rama para trsladarse o escapar. Se incorporó, se irguió, liberó sus manos y pudo agarrar con ellas palos y piedras con los que defenderse de sus enemigos.Cuando a lo lejos vislumbraba peligro,  emitía un sonido que los demás entendían como signo de alarma. Había nacido el lenguaje, la comunicación y con él la reflexión.Colaborando unos con otros era más fácil dominar a sus rivales y al medio hostil en que vivían.Así, poco a poco, hasta nuestros días.

Hoy las nuevas tecnologías son esos palos y piedras que nuestros antepasados utilizaban como defensa o como herramientas; los e-mails, los blogs, las páginas web…son los sonidos que emitimos para comunicarnos, para transmitir información y para hacer que este mundo separado hasta ahora por distancias insalvables, se convierta en algo pequeño que cabe en la pantalla de un ordenador.

Si reflexionamos sobre ello y lo utilizamos bien,podremos defendernos de nuestros enemigos: la opinión oficial, las clases sociales, las fronteras, el poder de los medios de comunicación, y las trabas que algunos poderosos ponen al conocimiento. Las herramientas que nos brinda el desarrollo tecnológico las podemos utilizar para ser más libres.Podemos crear, opinar, pensar, criticar y comunicarnos con quien queramos sin barreras que puedan impedirlo.Esto significaría el paso de los monopolios y oligopolios a la competencia perfecta.

Tal vez este sea el aspecto más importante de esta transformación.La revolución social que puede traer consigo es de una envergadura tal,que , creo, aún no podemos imaginar

Internet, por ejemplo, es una representación de todo lo bueno y lo malo que los seres humanos representamos. Es un monstruo insaciable que engulle constantemente información.Se deja alimentar dócilmente por cualquiera y su estómago no tiene fin.Separar lo bueno de lo malo, discernir lo que nos interesa y lo que no,  es una tarea cada vez más complicada.Hemos pasado de una información impuesta y teledirigida a un exceso de información.

El lado positivo es que por primera vez en muchos años estamos viendo nacer comunidades de personas que colaboran unas con otras, que ayudan a resolver nuestros problemas y dudas o a mejorar nuestros concimientos.Yo colaboro, tú colaboras, yo ayudo, tú ayudas, yo te cuento lo que sé, tú me cuentas lo que tú sabes.El conocimiento y la información se socializan. Y se hace, muchas veces, a cambio de nada.Esto está despertando muchas conciencias que se han dado cuenta de que no es un sueño imposible y de que cualquiera puede participar en él. Aquí no hay barreras de entrada.

Comunidades libres de personas que piensan, informan y comparten sus conocimientos sin importar banderas ni patrias. El desarrollo como colaboración de muchos, como mejora constante. Libertad de elegir, de buscar y dar información.Libertad de participación y opinión.

Este es sin duda el lado positivo de la revolución que nos ha tocado vivir.Tiene ,por supuesto, su lado oscuro:descontrol,exceso,falta de rigor,publicidad, marketing…en fin, pensándolo bien, nada a lo que no estemos ya  acostumbrados.

Compañeros:Hasta la victoria, siempre.