Democracia light

Una imagen que siempre me ha gustado es la de la botella medio llena o medio vacía. Me gusta porque no hay verdad ni mentira en ella. Las dos son ciertas. El optimismo y el pesimismo no son opuestos al realismo. El que ve la botella medio vacía ve una realidad y el que la ve medio llena, también. El optimista no cree que adultera una realidad más siniestra y el pesimista en ningún momento considera que su juicio está ensombrecido por su alicaído estado de ánimo. La botella es real, como también es real que nos hemos bebido ya la mitad y que todavía nos queda la otra mitad. Tanto el optimista como el pesimista se tienen a ellos mismos como realistas. Ninguno miente.

Hoy me he visto envuelto en una discusión de mi hija mayor y sus amigos. Pasaba por donde ellos se encontraban y me han asaltado con la siguiente pregunta: ¿cómo se puede cambiar una ley?

He tratado de responderles pero creo que tras escuchar mis palabras lo único que quedaba era desconfianza. Todo les sonaba a  cuento chino. Aprovechándome de su inesperado interés por estas cuestiones he tratado de indagar por qué habían hecho esa pregunta. Me lo han contado y yo he tratado de aclararles algunos conceptos. La conversación no es como la transcribo pero en resumen esto es lo que he tratado de decirles:

La legislación debería cubrir todos los aspectos que afectan la convivencia humana. Las leyes deberían marcar las reglas del juego que todos tenemos que seguir. La educación nos debe hacer entender no que las leyes que nos hemos dado son las mejores sino que las leyes son necesarias. La opción que todos podemos ejercer es la de intentar cambiar las que existen tratando siempre de mejorarlas.

Muchas leyes cuando son esbozadas genéricamente no suelen ser discutidas. Las constituciones son el marco donde estas leyes generales se encuentran. Es difícil oponerse a la no discriminación por razón de sexo, raza o religión. Parece obvio que todo el mundo tiene derecho a la educación o a la asistencia sanitaria o a tener una vivienda digna o un puesto de trabajo.

La constitución como fuente del derecho necesita el máximo consenso, por eso esta ley es una ley que requiere el refrendo de la mayor parte de la población. Del desarrollo de lo que la constitución dicta, deben surgir el resto de las leyes y todas ellas deben respetar los principios básicos propiciados en ella.

Las constituciones suelen decir cosas muy bellas que desafortunadamente no siempre se cumplen o no se cumplen del todo. Esto es frustrante pues llegado ese caso la norma máxima deja de ser ley para convertirse, en el mejor de los casos, en un mero deseo, en una declaración de buenas intenciones.

Los cambios en la sociedad en la que vivimos va planteando constantemente la necesidad de creación de nuevas leyes que regulen aspectos de nuestra vida en común que hasta ahora eran inimaginables. El surgimiento de internet o el desarrollo de la biotecnología son dos buenos ejemplos de ello. Si no hay leyes que regulen estos nuevos campos, nos encontraríamos en medio de un vacío legal en el cual tomar una decisión sobre lo que es legal y lo que no llegaría a ser imposible.

Hasta aquí creo que todo está claro: los ciudadanos necesitan un marco legal que empezando por una ley máxima, la constitución, vaya luego desarrollando en jerarquía descendente un sinfín de normas que regulen todas las fuentes posibles de conflicto que la vida en común puede traer consigo.

Es comprensible que el legislador se vea, a veces, sorprendido por nuevas realidades que exijan normativas y que se vea en la necesidad de ir creando leyes que resuelvan las dudas que esas nuevas realidades plantean.

Lo ideal sería que todas y cada una de las leyes nacieran fruto de un consenso total de todos los ciudadanos a los que tales leyes afectan. Esto no deja de ser un ingenuo deseo. En la realidad, sólo en contadas ocasiones se convoca a toda la población para aprobar o no una norma. Se hace a través de referéndum. En el resto de las ocasiones nos tenemos que conformar con que los representantes que hemos elegido en las elecciones lo hagan por nosotros. Ese es precisamente su trabajo: crear leyes. Si no nos gusta lo que hacen o si no cumplen lo que prometieron nuestro único castigo posible consiste en no volver a votarles.

Hasta el momento parece que los seres humanos no han inventado un sistema mejor para organizar la convivencia. La democracia, surgida hace ya milenios en Grecia, nos ha llevado hasta la situación actual en la que, en los países más afortunados, existe la libertad indispensable para poder ir modificando las normas y para poder manifestar nuestra opinión o bien directamente o bien a través de representantes previamente elegidos para ello.

Todavía esto es, en muchos países, algo inimaginable. La libertad de expresión, el derecho al voto, la separación de poderes no son más que quimeras.Hay que luchar para que en todos los países exista la libertad necesaria que posibilite llevar a cabo todo este proceso. La tarea es todavía ardua.

Este es el discurso de la botella medio llena. Da igual las palabras que se utilicen. Yo no he utilizado estas pero el sentido del mensaje era este. Si pongo punto final aquí me sentiría un idiota redomado.

¿No está la botella también medio vacía?

  • La constituciones aprobadas en muchos países son un insulto para la mayor parte de sus ciudadanos que ven que lo que en ella se ve reflejado no se cumple en casi ningún caso.
  • Los partidos políticos han puesto coto al poder e impiden, en la práctica, el acceso a él por parte de la mayoría de la sociedad.
  • Muchos electores parece que no han alcanzado el mínimo grado de madurez pues se pasan la vida criticando lo que los políticos hacen y luego vuelven a votarles sin el más mínimo titubeo.
  • La injerencia del poder económico en el poder político es cada vez mayor.
  • El poder político interfiere en el poder judicial e impide la independencia necesaria.
  • Los políticos se han convertido,  en muchos casos, en una casta de profesionales funcionarizados a los que nadie osa pedir cuentas.
  • Las campañas electorales provocan sonrojo en cualquier ser que tenga dos dedos de frente.
  • Los medios de comunicación son plataformas de apoyo de ideologías que desinforman a la población y cuya única misión parece ser el respaldo de una opción política.
  • Un ciudadano medio tiene un total desconocimiento del funcionamiento de las instituciones y de la organización política y administrativa de su país.
  • Los partidos políticos, con el objetivo único de mantenerse en el poder, abandonan cualquier política a medio o largo plazo y se dedican exclusivamente al cultivo de los votos.
  • Todos, ciudadanos de a pie y partidos políticos, son perfectamente conscientes de la necesidad de colaboración y ayuda internacional y sin embargo anteponen siempre los problemas domésticos por nimios que estos sean.

Es triste que no haya libertad y justicia. Es horrible que la paz nunca llegue. Es vergonzoso que se nos llene la boca hablando de democracia y que demos lecciones a lo que llamamos mundo subdesarrollado o, eufemísticamente, en vías de desarrollo, cuando en nuestra propia casa no cumplimos con la mínima parte de lo que decimos.

Que la botella esté llena o vacía no es más que una forma de ver las cosas. Lo cierto es que no debemos olvidar que las dos opciones son pura y absoluta verdad.

Hijos del miedo (recordando a Hobbes)

El miedo fue el principio, el miedo es lo que nos une, el miedo está en el origen de la sociedad.Es así de sencillo.Al final todo es una cuestión de pragmatismo.

El ser humano no puede sobrevivir solo, necesita de los demás.Podemos pasarnos una eternidad intentando demostrar que  algo noble en nuestro interior  nos impulsó a compartir pero no es cierto.No lo es, al menos en el origen.

Los animales no tienen amigos. Cada uno defiende su territorio y ve al otro como un posible rival.Para seguir viviendo tiene que dormir con un ojo abierto.Nuestra especie dio un paso adelante y no pudiendo soportar la incertidumbre constante se unió al enemigo.Yo te tengo miedo a ti, tú me tienes miedo a mí.Mantener esta situación supondría seguir las leyes de la naturaleza donde el fuerte acaba con el débil.Esto sería lo natural y lo natural no entiende de ética ni de buenas o malas intenciones.Nadie está seguro de ser el más fuerte o, dicho de otro modo, no hay rival pequeño.Lo que impulsa a dos rivales a trabajar en común es el temor que se provocan mutuamente.
El proceso civilizador es el que partiendo del miedo nos lleva a una convivencia en la que aspiramos a ser todos iguales, al menos sobre el papel.Los derechos humanos intentan modificar y contradecir los dictados de la naturaleza.Todos somos iguales en derechos y deberes. Se lucha para que no haya dominados y dominadores,amos y esclavos, fuertes y débiles.
El consenso y la convención no nacieron naturalmente,fueron resultado de la necesidad humana de vivir en grupo, de reconocerse en el otro.Son puro artificio y ahí reside su valor.El arte no imita a la naturaleza.La tranquilidad es producto de la seguridad.La seguridad sólo la proporciona el saberse igual al otro.No sentirse amenazado constantemente es la condición necesaria para que podamos cerrar los ojos y soñar, para que seamos capaces de desprendernos del miedo y dedicarnos a la creación.
La lucha constante por la igualdad tiene como resultado la autoimposición de leyes que coartan nuestro libre albedrío.Las leyes nos constriñen.
Si aceptamos que un mundo sin normas no es más que una quimera o el sueño inalcanzable de unos locos, hemos de admitir que la libertad individual tiene siempre límites.
Lo mismo puede decirse de los dioses.Existen para vigilarnos y para recordarnos que somos obra suya.Ante dios pretendemos ser todos iguales.Es el juez supremo que castigará al fuerte por abusar de su poder.Las leyes de dios son para todos, nadie se libra de su cumplimiento.Los dioses, también, surgen del miedo.
El terror a lo desconocido nos ha hecho crear dioses a nuestra imagen y semejanza.
La evidencia de que el consenso es la única vía que puede garantizar la paz nos ha hecho inculcar este hecho de generación en generación.La educación trata de quitarnos el miedo y nos quiere hacer entender que la dignidad humana está por encima de cualquier limitación.La sociedad igualitaria llegará a serlo porque un día tuvimos miedo.Preferimos un mundo que suma voluntades a costa de ceder libertad .En el terreno político esto tiene un peligro:la dictadura. Da igual que el dictador sea uno que impone lo que considera  conveniente para todos y reprime cualquier desviación  o que quien tome las decisiones sea un grupo de elegidos, una asamblea imaginaria del pueblo que dice actuar en su nombre pero que prohíbe la disidencia.
El mundo actual sigue funcionando del mismo modo.Los países se temen, se miran con recelo y tratan de mostrar su poder al resto.Aunque sepamos que somos más fuertes que nuestros vecinos, tememos el daño que nos puedan ocasionar.Es más práctico aliarnos que separarnos,sumar que restar.
Lo sorprendente de este proceso es que hayamos sido capaces, a veces, de olvidar el miedo primigenio y convencernos de que la armonía es algo natural.Una cosa es decir que el miedo nos ha enseñado a mejorar y otra, muy distinta, es caer en el error de pensar que naturalmente nacemos iguales y libres.
Lo sorprendente, también, es que se llama optimista al que cree en la bondad innata del ser humano.Si esto fuera así, los optimistas tendrían que ser muy pesimistas al comprobar el fracaso de ese ser bueno.La realidad es la contraria. Si algo puede hacernos albergar alguna esperanza es precisamente lo contrario.Siendo hijos del miedo hemos sido capaces de sobrevivir y de lograr ciertas cotas de progreso en un mundo que, a pesar de todo, huele todavía a podrido.

Que del miedo surjan conceptos como paz, igualdad y libertad y que un cierto número de personas crean incluso en ellas nos da un cierto atisbo de esperanza.Bastante es que, al menos, estas palabras existan, se griten, se exijan y se escriban sobre papeles que duermen el sueño de los justos.
Dormir a pierna suelta y con los dos ojos cerrados es el privilegio de algunos humanos.Puede que sean unos inconscientes pero se han atrevido a hacerlo.La mayoría sigue sufriendo terror nocturno.

Un mundo feliz

Todos queremos ser felices.En ello, se supone, ponemos todo nuestro empeño.¿En qué consiste eso de la felicidad? Si todos anhelamos lo mismo, sería lógico pensar que deberíamos estar de acuerdo en el objetivo.En realidad no vale decir ” quiero ser feliz”.Tendríamos que especificar qué es eso que tanto deseamos.

Empezamos mal, hay tantas definiciones de felicidad como personas.Veamos el otro aspecto de la cuestión:¿qué método utilizamos para lograr nuestro objetivo?No hemos hecho más que empeorar la situación.Los métodos parecen también infinitos.

La conclusión,en principio, es desalentadora.Buscamos algo que no sabemos bien en qué consiste y no conocemos un método seguro para lograrlo.

Unos quieren satisfacer todas sus necesidades, otros no quieren tener ninguna.Hay a quienes les gustaría detener el tiempo en un momento preciso y quedarse en él eternamente.

Seamos más profundos.Los pesimistas, representados por la moral cristiana, por ejemplo, consideran este mundo un valle de lágrimas y posponen el colmar sus anhelos de felicidad para otro mundo, aquél en el que todo será maravilloso. Mientras tanto resignación y a fastidiarse aquí durante ochenta, noventa o incluso cien años.

Los cínicos, con cierto sabor a posmodernismo, defienden el disfrute instantáneo del momento.Piensan, y de momento no les falta razón, que todos los intentos por conseguir un mundo feliz han fracasado. Su conclusión es que esto demuestra que hablar de felicidad en la tierra es una entelequia y por eso ponen todos sus esfuerzos en pasarlo bien, sin importar el mañana. Para disfrutar de este modo hay que estar  preparado y por eso vivimos en una época en la que el cuerpo manda sobre el espíritu.El cuerpo pide satisfacción inmediata, el espíritu una transformación de la realidad que posibilite otro escenario posible.

Los prácticos no piensan mudho. Aceptan las cosas como son(¿?). Nacen, crecen, trabajan, se reproducen y mueren.Suelen buscar su felicidad en los logros materiales obtenidos. El sumum sería una visa oro sin límite de crédito.Los tontos leen “Un mundo felz” y no lo entienden, consumen como posesos libros de autoayuda y hacen colecciones, muchas colecciones.

La clasificación, caprichosa, como casi todas, podría extenderse hasta límites insospechados.Podemos resumir estas clasificaciones en dos tipos: por un lado los que quieren darle la vuelta al mundo como a un calcetín, como condición indispensable y los que han hecho del carpe diem el norte de sus vidas. Por otro, y no son excluyentes,los que buscan la felicidad fuera de ellos y los que la buscan dentro de sí.

Para el común de los mortales la felicidad no depende sólo de uno mismo. Ahí está la trampa. Por mucho que uno se esfuerce, al final, si las hadas están en su contra, y las hadas en este caso suelen ser muy terrenales: salud, dinero  y amor (póngase en el orden que se quiera), no hemos conseguido casi nada.Para alguna excepción aislada, la vida interior, la introspección, la meditación y la calma son la receta de la felicidad. Todos solemos admirarlos, pero no queremos ser ni vivir como ellos.

Entonces ¿qué?, ¿todo depende del azar?,¿es posible ser feliz?,¿será tal vez que los absolutos son inalcanzables?,¿serán sólo productos artificiales creados por el lenguaje?

De la misma manera que es dificil de aceptar que haya alguien intrínsecamente bueno,objetivamente bello, o perdidamente malo, tal vez no exista nadie plenamentre feliz.

¿Qué hacemos mientras tanto?,¿seguimos luchando por transformar el mundo radicalmente o aceptamos nuestra incapacidad de ser felices? También existe la vía del medio, que es la que la mayoría utiliza: tomarse una copa de champán helado en una bonita terraza rodeada de flores y árboles un rosado atardecer en compañia de buenos amigos.Hablando, eso sí, filosóficamente sobre la felicidad.

El mundo ha ido evolucionando a lo largo de los siglos.Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos,que hoy vive más cantidad de gente mejor que hace, por ejemplo, mil años, que la situación de la mitad de la humanidad (las mujeres) es en la actualidad mucho mejor que en el pasado, que el desarrollo tecnológico ha facilitado y hecho más cómoda nuestra existencia, que los avances científicos han mejorado nuestra calidad de vida, que las personas viven más años, que la cultura y la educación se han extendido por nuchas partes del planeta, que la posibilidad de comunicación es enormemente mayor que en  el pasado, que hay más seres humanos que viven en democracia, que la participación ciudadana en la vida pública nunca fue tan grande como ahora, que hay mayor libertad en todos los sentidos. Podemos decir, en fin, que en este cesto actual hay más mimbres que nunca para poder desarrollarnos como personas.

¿Podemos decir, sin embargo, que somos más felices que nuestros antepasados?

P.D.: El gran error de base es considerar la felicidad como un objetivo.

La inercia

La inercia es la dificultad o resistencia que opone un sistema físico o un sistema social a posibles cambios.

Yo defiendo que el mundo se mueve por inercia.El cambio nos asusta. A pesar de todas las críticas que hacemos al mundo que nos rodea, más  temor nos da lo que pueda pasar si se producen modificaciones.El que tiene mucho, por no perder sus privilegios, y el que poco o nada tiene porque por no tener no tiene ni imaginación(hasta eso ha perdido).Virgencita,virgencita que me quede como estoy.Somos unos borregos.Nos pasamos la vida criticando,quejándonos y hablando mal de propios y extraños.Pero, ¿qué hacemos?.Nada, absolutamente nada.Cuando Juán viene del trabajo no hace más que echar pestes de cómo funciona su empresa.Cuando María  va al médico se siente maltratada pero otorga y calla.Los políticos son todos unos corruptos,decimos, pero luego, como idiotas, les votamos.La televisión es una basura,declaramos con desprecio,pero cada ciudadano pasa horas delante de ella diáriamente y tiene dos o tres en su casa para no perderse ni la teletienda.La publicidad nos engaña pero todos vamos a la moda.Todos soñamos con un cambio que en el fondo sabemos que no deseamos.La sociedad actual vive en una constante paradoja.Todo está mal hecho y sin embargo funciona.Nadie hace nada bien,la administrción pública es un desastre, el sistema educativo una fábrica de ignorantes y la empresa privada una codiciosa máquina de obtener beneficios a toda costa.Críticas y más crticas pero al final todos acabamos haciendo lo mismo.Pasamos por el aro.Para más sorna, cuando llegan las elecciones todos los partidos políticos prometen un cambio y hasta a veces el cambio del cambio.(¿?)Ser optimista o pesimista con respecto a la marcha del mundo es una cuestión a gusto del consumidor o que depende de con quién discutamos.Podemos defender las dos cosas sin temor a equivocarnos.Si nos centramos en las mejoras sociales y económicas que una parte de la humanidad disfruta la balanza se inclina del lado de la satisfacción y la esperanza.Por el contrario si enumeramos la gran cantidad de injusticias y asuntos por arreglar a los que nos enfrentamos en la actualidad sólo nos queda la queja y el lamento.¿Quién tiene razón? Probablemente ninguno.

Alguno sueñan con un pasado que no conocieron en el que todo era  hermoso, la gente era feliz y compartía lo poco que tenía.Otros imaginan un futuro lleno de posibilidades donde la injusticia y la desigualdad serán conceptos olvidades.Sólo hay un problema,el pasado y el futuro no existen son sólo conceptos que inventamos para no hablar de lo único evidente: el presente.

Juan irá mañana al trabajo y volverá a hacer lo que le manden para luego criticarlo. María hará caso a su médico aunque este no le mire a la cara. Al llegar a casa encenderemos la televisión para no sentirnos solos.Mandaremos a nuestros hijos a los mismos colegios y nos desentenderemos.Votaremos a los partidos que aborrecemos porque algo hay que votar y además es un ejercicio de libertad.Y cuando estemos mal nos refugiaremos en un pasado remoto e inventado o en futuro que nunca conoceremos.