Poesía y realidad

Platón pensaba que tras cada cosa se esconde una verdad inalterable. Sócrates parece que pasó su vida  intentando demostrar la existencia real de conceptos como la bondad y la justicia. Si tales cosas son ciertas, ¿en que queda convertido el mundo al que llamamos real? Platón lo solucionó considerando que nuestro mundo no era más que un lugar poblado por sombras, pálidos reflejos de la  auténtica realidad (ideal) donde no corren  los caballos sino reside la caballidad, donde no vuelan los pájaros sino habita la pajaridad. Este paso de nuestro mundo de sombras al mundo de la realidad ideal sería lo que podríamos llamar un camino hacia la perfección. ¿No será sólo poesía? Y no lo digo en sentido peyorativo. Nada hay tan sublime como algunos logros poéticos que consiguen hacer comprender, intuir o sentir en unas pocas palabras lo que otros somos incapaces de lograr tras una larga vida de peroratas, discursos y razonamientos.

Quiero escarbar la tierra con los dientes,

quiero apartar la tierra parte a parte

a dentelladas secas y calientes.

Quiero minar la tierra hasta encontrarte

y besarte la noble calavera

y desamordazarte y regresarte.

¿Cómo expresar más con tan poco? Pero la poesía no es real, como tampoco existen la perfección ni la belleza y por ello no dejamos de perseguirlas. Esa es la condición humana. Escapar de la realidad para olvidarla es tarea de necios. Traspasar el mundo real para comprenderlo es el fin de la poesía. Y poesía a fin de cuentas somos tú y yo, y todo el mundo que tenga consciencia.

Cuando cierro los ojos pienso en lo que permanece fuera, ¿cómo será cuando no lo miro? ¿Será  tan siquiera? No pienso en lo que está dentro, pues eso, mi universo, no es más que pura poesía.

(Para Karen en el lado oscuro)

17 comentarios en “Poesía y realidad

  1. No sé si esto de convertirme en Musa es, además de inesperado y tremendamente halagador, razón para algún tipo de compromiso de esos que siempre estamos tratando de evadir con desesperación…. Fuera de este comentario –no precisamente inspirador, lo reconozco, y por el que sospecho que muy pronto perderé mi flamante empleo– estoy muda de nuevo, no sé que decir ante lo que has escrito… No sé si exista objetiva o subjetivamente algo que pudiera decirse y ser apropiado, complementario o al menos no crear una estridente disonancia. Es más, ni siquiera se me ocurre quién podría atreverse a añadir algo a lo que acabas de escribir, aunque sólo fuera para averiguar si existe…

  2. Que no cunda el pánico.Que nadie se sienta comprometido.Es mucho más sencillo que todo eso.Lo que fue comentario se convirtió en post. Voilà!

    Gracias por tus palabras

  3. Aquí llegué yo, claro pues, no me van a dejar afuera de esto que se esta poniendo tan interesante no no y noooo….

    Jusa…, me encantó tu post, tiene esa poquito de reflexión, un tanto de poesía, otro tanto de intriga y mucha verdad. Karen querida, no hay nada mejor que cuando la amistad que se te ofrece a través de tanta profundidad va acompañada con tanto cariño. El mismo que sentimos todos nosotros por ti.

    Mejor me voy antes que me llegue un zaptazo jeje.
    Un abrazo, Pat.

  4. Con todas estas tonterías y desencuentros y confusiones, olvidé mencionar lo más importante: no soy experta, ni siquiera versada en el asunto, pero me da la sensación de que el amigo Platón se quedó un poco corto en sus discurrires, al menos en aquellos sobre el alma y sobre la “realidad”. Aunque (nuevamente) tratándose de un pensador occidental, posiblemente pedirle más sería como esperar peras del olmo.

    Ahora, en cuanto a “gustos” personales, prefiero a Sócrates, el maestro… he sido su fan desde la secundaria. Platón tenía mucha razón y estaba claro en muchas cosas, pero su certeza se basaba demasiado en la intuición (o en el recuerdo, para usar sus propios términos) para mi gusto. El maestro era más… no encuentro la palabra, más ¿racional? ¿lógico, tal vez? ¿convincente? Bueno, algo por ahí. Es una verdadera lástima y desperdicio que no haya dejado nada escrito. Espero que si anda entre nosotros en este tiempo y espacio, ¡al menos tenga un blog! (para enmendar la omisión). Lo interesante sería ¿cuánta gente lo visitaría? ¿cuánta le dejaría un comentario?

  5. Dejémosle a Sócrates tranquilo, lo que sabemos de él es tan poco que es perfecto para imaginarnos el resto. A veces la falta de información nos ayuda a crearnos un referente que de verdad nos sirva. Al fin y al cabo se trata de eso, no de que coincida con el original, al que de cualquier forma nunca tendremos acceso.
    En cuanto a Sócrates y su blog hoy en día, prefiero no pensarlo. No soy muy optimista en cuanto a lo popular que podría ser.Tal vez le parecería algo demasiado estático. Conociendo la sociedad actual, mucho me temo que prefiriera ser futbolista.

  6. Observo, leo y pienso. Todo ello para acabar, a razón de lo leído, por hacer mi propia aportación particular y dejarla por algún sitio (bien guardada, eso sí) para llegado el momento introducir la cuartilla en una botella e ir al mar y lanzarla para que las corrientes la acerque allá donde quiera llegar. Otra opción es hacer lo mismo, lo de la botella, para a continuación enterrarla bajo tierra en algunos de los pocos bosques que van quedando con la ilusión de que dentro de cien años, o más, alguien, o muchos alguien, encuentren las tantas botellas con sus correspondientes escritos y les den por seguir escribiendo y pensando. Al final de cuenta de esto es de lo que se trata: de hacer pensar.

    Teknarit, África.

  7. Me alegra, Manuel, saber que unas palabras provocan otras, que un pensamiento provoca una reacción y que un mensaje, por mucho que lo ocultemos en una botella, acaba siempre por llegar.

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