Palabras en el tiempo

Las frases que escribimos no nos pertenecen ya. Se van de nosotros para nunca volver. Las palabras que decimos escapan para formar parte de otras vidas si las quieren acoger. Quienes las leen o escuchan las interpretan según su parecer. Nosotros nada podemos hacer. Las palabras no tienen dueño, son de todos y de nadie a la vez. Mía cuando la pronuncio y tuya cuando la lees. Lo que queremos decir puede perderse en el camino o transformarse en mariposa que nada tiene que ver con el gusano que vimos nacer.Por eso,a veces, intentamos vanamente atrapar palabras en el tiempo, deseamos que sean reflejo de lo que quisimos ser, espejo del alma que nadie puede ver. Pensamiento apresado en una hoja de papel.

Las palabras son letras y las letras,ellas solas,nada digno de ver.¿Cómo se produce, entonces, el milagro de la comunicación?,¿quién insufla vida a esos simples símbolos que nacieron con la única vocación de nombrar?,¿dónde está la poesía del amanecer?.Las palabras tienen alma, pero no una sino infinitas almas que hacen posible que el fuego sea dolor y amor a la vez, que los ojos sean órganos y mirada también. La poesía no está en las palabras sino en nuestra forma de ver.Por eso es tan dificil hacernos entender. Expresar lo que uno siente, poner adjetivos a lo que se ve es fácil la primera vez, más tarde comprederemos que sólo a través del alma de las palabras, de la poesía encerrada en su interior, seremos capaces de mostrar a otros lo que a nosotros tanto nos cuesta comprender.

Las palabras son un puente, endeble pero bello, que trata de comunicar los infinitos universos que cada uno guarda dentro de si.A dónde van las palabras nunca lo podremos saber.Da igual que se las lleve el aire o que viajen en una hoja de papel.Según salen de mí se van para no volver.Quien las reciba, les abrirá las puertas de su universo, y allí, tal vez, el significado que yo les di, se tansforme en algo que yo nunca reconoceré.Y eso, si no me equivoco, poesía tiene que ser.

16 comentarios en “Palabras en el tiempo

  1. las palabras…, si no fuera por ellas como caminaríamos verdad?, mira he llegado a la conclusión que mis palabras, las tuyas, aquellas que nacen de quién las escribe se adhieren a la piel del lector que esta en tu misma frecuencia. Ejemplo, si escribo de una forma que exprese con cabalidad, el estado en que me encuentro, tendrá cabida en una persona que tenga o que este vibrando con la misma sensibilidad, con las mismas notas, de otra forma, serán sólo palabras. Luego admiramos un trabajo literario, una composición, su estructura…, pero el alma de esa palabra, no podrá ser vista si no por los ojos de aquel que es capaz de verla.

  2. Hola Primeralluvia,

    Si el lenguaje es previo al pensamiento,como yo pienso, parece claro que aquello que es innombrable no existe.

    P.D.: Gracias por tu visita y fisgonea cuanto quieras.Estás en tu casa.

  3. Hola Binah,

    Si tu teoría es cierta, sería algo similar a lo que ocurre con la música. Estar en la misma frecuencia, en la misma sintonía… Estoy de acuerdo.

    Un abrazo

  4. He estado echando una ojeada a tu gran blog y me he topado con este artículo que ho había leido hasta ahora [o al menos, no como Dios manda.] Ya veo que es bastante antiguo, pero no me resisto a dejar aquí una reflexión sobre este tema tan apasionante de la comunicación. Espero que no te moleste que abuse de tu hospitalidad dejando un comentario largo…

    Como ves, tus propias palabras pueden enfermarse de nostalgia en el lugar donde un día las dejaste y pedir a gritos volver a encontrarte. Y a veces lo consiguen. ¿Las reconoces cuando regresan? ¿Qué haces con ellas? ¿De qué te sirven?

    Lo que has escrito aquí es precioso, no por su sonido, sino por su color y su perfume. He estado hace varios días preparando mentalmente una entrada sobre los efectos que causamos en otros con la comunicación y cuando he entrado aquí veo que ya has dicho una buena parte de lo fundamental. Y otra parte fue tocada por Patricia. Ahora tengo un reto en mis manos, o tal vez un propósito, quizá un juego o, mejor, algo tan leve como una ilusión: escribir prácticamente lo mismo que tú has escrito en forma y contenido de una entrada completamente nueva y distinta. Y verás que no depende de las palabras, sino de la vida, de la intención y la dirección que soplamos en cada una, del color y el perfume con que las vestimos pacientemente antes de echarlas a volar y de su propio sonido particular, que cabe suponer es muy distinto en tu voz y en la mía.

    Bueno, el comentario pudo haber sido más largo, pero parte clave de un ciclo de acción es saber cuándo parar. Cuando no lo sabemos (o lo sabemos y fingimos no saberlo) a veces puede ser catástrofico.

  5. Otra vez jugando al ratón y al gato. Vengo en este preciso momento de hablar con Milla en tu jardín.Y, ¡sorpresa! te encuentro aquí.(y nosotros esperando un té)
    Lo de gran blog se me va a subir a la cabeza. Pero,como el champán, sienta muy bien.

    Respondiendo a tus preguntas te diré que las palabras siempre dicen algo.A veces algo distinto a la primera vez, a veces algo nuevo ,otras mantienen fresco su sabor.

    A mi me gusta mucho releer cosas que yo u otros escribieron y que yo en su día leí.No es un ejecicio de narcisismo.(Tonto sería, pues casi siempre uno encuentra defectos de estilo en lo que una vez escribió).Lo que me gusta, lo que me asombra es descubrir que una palabra, o una frase siempre tienen algo que decir.Ayer azul era triste, hoy azul es azul.Ayer te quiero era alegría y hoy sin embargo dolor. Las palabras son las mismas pero nosotros no.

    Las palabras quietas, la comunicación no.

    Estoy ansioso por ver de qué color vistes a tus palabras y cómo suenan en tu voz.

  6. Tienes razón, nosotros no. Espero pueda ser en el fin de semana que la escriba. Mi jardín es tu casa. Si yo no estoy puedes entrar y preparar el té con toda confianza.

  7. He pensado que acepto el reto. ( ya sé que no me has lanzado ninguno , pero me apetecía decirlo) Yo también voy a escribir algo sobre la comunicación. Serán una especie de artículos paralelos como las vidas de Plutarco. Aunque no se parecerán en nada, espero que sea curioso ver la forma en que cada uno enfoca el tema.

    ¿Puedo?

  8. Entendiste bien.No reconocí mis propias palabras. Imagino que una vez liberadas tienen vida propia. Sé que lo que un día decimos puede volverse en nuestra contra, o tal vez salen a nuestro encuentro para recordarnos que son parte de nosotros. El tiempo pasa, las palabras quedan y nunca olvidan dónde nacieron. Lo que sí creo es que nada debemos temer si de verdad eramos nosotros cuando las dijimos.
    Cuando vuelven debemos agasajarlas como al hijo pródigo, aunque al principio nos cueste incluso reconocerlas a ellas o a nosotros mismo

    P.D.:
    Las Vidas paralelas son una colección biográfica de Plutarco (s. I) que contiene veintitrés pares de biografías, donde cada par incluye la oposición de un personaje griego a otro romano, así como cuatro vidas desparejadas. Serían por tanto un total de cincuenta biografías, cuarenta y dos agrupadas por parejas, cuatro que oponen dos griegos a dos romanos, y cuatro que no presentan oponente

  9. Eso pensé. La idea fue que estaba buscando una forma especial para comenzar este comentario sobre qué les pasa a las palabras luego de que se van y recordé este primer comentario tuyo en mi blog y pensé que era la forma perfecta de comenzar… no fue una prueba para ti, simplemente ellas me pidieron regresar, yo quise complacerlas y eso hice. Sin embargo, tu blog es grande, independientemente de lo anterior. Y sí, el champagne es delicioso.

    Ya había buscado lo de Plutarco, pero suena mejor si tú lo explicas, profesor. Aunque (otra vez) sean las mismas palabras. Que tengas un feliz fin de semana.

  10. Mi fin de semana ha sido terriblemente ocupado con muchísimo que escribir, mucho mucho mucho. Creo que necesito dos días más. Sólo como información para ti. Ahora voy a poner una carita 🙂

  11. Cuando vi tu entrada más reciente las imágenes y las palabras, sentí la necesidad de dejarte un comentario; sabía lo que debía decir, pero no pude escribirlo porque no soy poeta. En casos así, usualmente recurro a quienes sí lo son.

    Pero parece ser que nadie ha escrito aún lo que yo quería decirte. Buscando y buscando, me encontré con el texto que transcribo a continuación. Era perfecto. Sin embargo, cuando fui a escribirlo, me di cuenta de que algo pasó y ya no encajaba. Algo parecía haber cambiado en el transcurso de la búsqueda. No fue lo que quería decirte, quizá, lo que habías escrito. Quizá la recepción. Quizá los pensamientos, no lo sé.

    Entonces recordé otra entrada que leí hace muchos meses. Ésta. No sé si en algo se parecen, pero sí se que este es el sitio preciso para el “comentario” ya escrito por el poeta. Te lo transcribo no porque se parezca a lo que tú has escrito, sino porque para mí, uno y otro son puentes que conducen exactamente al mismo lugar en mi universo (como tú lo llamas). La razón del porqué es un completo misterio.

    El otro comentario… aún espera ser alumbrado, en algún momento del tiempo.

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    “…Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan. Me prosterno ante ellas… Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito… Amo todas las palabras. Las inesperadas… Las que glotonamente se esperan, se escuchan, hasta que de pronto caen… Vocablos amados. Brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío… Persigo algunas palabras…

    Son tan hermosas que las quiero poner en mi poema. Las agarro al vuelo cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas… Y entonces, las revuelvo, las agito, me las bebo, las trituro, las libero, las emperejilo…

    Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola.

    Todo está en la palabra. Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se colocó dentro de una frase que no la esperaba…

    Tienen sombra, transparencia, peso, plumas. Tienen todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto trasmigrar de patria, de tanto ser raíces… Son antiquísimas y recientísimas. Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada…

    Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos. Estos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, tabaco negro, oro, maíz con un apetito voraz.

    Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías… Pero a los conquistadores se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí, resplandecientes… el idioma. Salimos perdiendo… salimos ganando. Se llevaron el oro y nos dejaron el oro. Se llevaron mucho y nos dejaron mucho…

    Nos dejaron las palabras.”

    Las palabras, de “Confieso que he vivido”. Pablo Neruda

  12. Kit,
    A la espera de un feliz alumbramiento me dispongo a decirte que el texto que has transcrito de Neruda me parece el perfecto homenaje que las palabras merecen.Te agradezco que lo hayas traido aquí.Me gusta demasiado.
    Yo leí las memorias de Neruda hace exactamente 26 años(lo he mirado en el libro.Cuando acabo de leer un libro siempre le pongo la fecha) y me a traído gratos recuerdos echarle un vistazo.

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