





El gato quiso quedarse a vivir en la casa. Su intención no fue suficiente. Cuando tuvo el estómago lleno, su voluntad se debilitó y cayó en la tentación de seguir camino. Ahora, cuando nos visita, sé que es su estómago quien manda. Ya no me hago ilusiones sobre sus intenciones.
Las horas escondidas de un día de verano. El amanecer que puebla de luces la oscuridad. Un cazador furtivo, oculto en la sombra, atrapa la luz que asoma de la nada.
Luz, colores sobre un fondo blanco. Nadie se sienta en el banco. De pie, embobados, asistimos a un teatro de sombras.
Acaba la jornada; la brisa mueve las hojas de los árboles. El sol escapa, no desaparece. Permanece más allá de las montañas. Sueño con ser el gato con botas y, de salto en salto, perseguir al sol que nunca se pone.
La casa en ruinas sólo habla de un pasado del que yo ignoro todo. Me acerco e imagino escuchar las voces que la habitaron. Yo sólo veo en ella proyectos. Espacios nuevos y pasos que los recorren. ¿Qué es una casa vacía? En todo caso, pasado; tal vez futuro, pero de presente no tiene nada.
Tiempo detenido. Sol de mediodía. Como pintar un cuadro en el que quieres quedarte para siempre, de espaldas al mundo y a la vida.
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