Se acerca el fin del verano, al menos para mí. Quedan atrás días que no volverán. Mucho se habla de utilizar este tiempo para desconectar, para descansar y, como suele decirse, para cargar las pilas y así enfrentarse con renovadas fuerzas a la rutina de las tres cuartas partes del año. Yo he cargado las pilas, pero me las he debido dejar olvidadas. Me invade una infinita pereza.
Me gustaría ser un niño en momentos como este. Son los únicos capaces de disfrutar de la vida a cada instante. No importa lo que les depare el mañana. Viven anclados en el hoy, en el aquí y ahora. Estas fotografías pretenden ser ser aquís y ahoras. Como, en realidad, ya no soy un niño, las veo y no puedo evitar ir más allá de los colores, de las luces y de las sombras. Soy un tramposo. Los niños no necesitan hacer ni ver fotografías.
PD: Thanks K.
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