Mala sangre para empezar el año

Pensaba, mejor dicho, quería pensar que con el nuevo año vendrían tiempos mejores. Sabía que era una ilusión vana, pero de ilusión, incluidas las vanas, también se vive. He tratado, lo juro, de buscar algo positivo sobre lo que escribir pero cuando lo intentaba me sentía forzado y falso. La balanza siempre se vence por el mismo lado. Era como escribir sin alma. Era como escribir sin ganas. No niego que haya cosas buenas en este mundo de dios. Lo que sé es que no me provocan escribir o no lo hacen suficientemente. No creo que esto me suceda sólo a mi, pienso más bien que es algo generalizado. Cuando uno se encuentra en paz con el mundo no tiene necesidad de manifestarlo excepto que lo haga en forma de compromiso. Normalmente la indignación es el motor que nos empuja a expresar el desacuerdo. El acuerdo y el asentimiento son más propios de la cortesía y de la buena educación. No tengo nada en contra de la buena educación, de hecho la recomiendo, pero es, al menos a la hora de expresar sentimientos, más limitante, menos radical y probablemente menos sincera.

Han transcurrido ya un par de semanas del nuevo año y en mi cabeza se van acumulando indicios de que el mundo no marcha nada bien. Sorprende ver el punto al que hemos llegado. El otro día escuché, por ejemplo, que en una importante ciudad se multaba con 750 euros a quien fuera pillado buscando comida en las basuras. Su delito era hurgar donde no debía y hacer que los demás presenciáramos algo que no nos agradaba ver. Hasta que punto de enfermedad social hemos llegado que al mismo tiempo que multamos al que tiene hambre somos capaces de crear fundaciones y dedicar ingentes cantidades de dinero para ayudar al que vomita voluntariamente. Entiendo a los dos como víctimas pero no alcanzo a entender el diferente comportamiento que ofrecemos en cada caso. Parece una broma macabra. Lo peor de todo es que no produzca indignación y rabia. Somos mansos. Somos de plastilina.

Tiene lugar estos días el juicio contra un juez que luchaba contra la corrupción. Son ahora los corruptos los que le sientan en el banquillo de los acusados. Tenemos que interpretar esto como un síntoma de que la democracia funciona y de que nadie está libre del peso de la ley. Un cuerno. Tengo para mi y creo que a muchos sucede lo mismo que esto no es más que un intento de hundir a una persona que resultaba molesta por perseguir la verdad, por tratar de destapar oscuros agujeros del pasado que otros consideran más oportuno no tocar. Me duele pensarlo. Injusticias como ésta sólo nos ponen de cara a la decadencia. El pragmatismo nunca puede estar por encima de la ética. La justicia no se puede repartir como una mandarina. Me duele también imaginar a Pinochet riéndose en la tumba.

En España sucedió que un ministro franquista, una persona que justificó el golpe de estado que propició la guerra civil, que formó parte de gobiernos que condenaron a muerte a inocentes, fundara después un  partido democrático que ahora nos gobierna. Ahora, este personaje ha muerto y todos se deshacen en halagos hacia él. Yo tampoco quería decir nada en su contra pero es indignante ver y escuchar las reacciones bobaliconas generalizadas. Un hombre que muere a los 89 años no nació en 1975. Su vida es toda su vida y no sólo una parte. Una cosa es dar el pésame a una familia por la muerte de un familiar, otra, muy distinta, es olvidar lo que no se puede ni se debe olvidar. Cientos de abuelos  mueren todos los días y nadie los recuerda ni los halaga. Ellos sí sufrieron en propia carne cómo se les arrebataba la libertad de las manos. Ellos tuvieron que vivir cuarenta años en la vergüenza, en la cárcel y en el exilio. Ahora ya no existen. Hacer borrón y cuenta nueva parece ser la mejor receta democrática. Mirar atrás no es fomentar el rencor. Mirar atrás es reconocer que somos lo que somos por lo que fuimos. Olvidar es un truco de la mente pero no de la verdad ni de la historia.

En España hay cada día más de 150 desahucios. 150 familias que se quedan sin casa de la noche a la mañana. Sus deudas no quedan saldadas con esto. Tienen, además, que seguir pagando a los bancos  lo no cubierto por la casa que les han arrebatado. Parece increíble pero es cierto. El banco me prestó para comprarme un casa. Devolvérsela no es suficiente. La vivienda es un derecho humano. Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. La constitución, después de todo, no era más que una novela. Mientras el poder económico esté por encima del poder político no podremos hablar de democracia. El poder económico manda porque nos hemos entregado desnudos y desarmados. La indignación parece ser la condición humana.

…(Añádase lo que proceda)

Pensaba, mejor dicho, quería pensar que con el nuevo año vendrían tiempos mejores. El calendario, para mi desgracia, no es más que una hoja de papel. Por qué caeré siempre en la trampa. Por qué me agarraré a la esperanza del cambio. El 31 de diciembre no fue otra época. El uno de enero no es un mundo nuevo. El hombre tropieza siempre en la misma piedra. Yo también, lo reconozco.

8 comentarios en “Mala sangre para empezar el año

  1. Creeme que soy la última persona en el mundo ahora mismo que tiene motivos para ser optimista, pero por algún extraño motivo lo soy. Espero pegarte algo a ti también.

    Borrón y cuenta nueva no parece mala idea, siempre que tengamos presentes de donde venimos y cómo hemos llegado hasta aquí.

    Injusticias en el mundo siempre habrá SIEMPRE! Indignación por lo tanto también y más vale acción y movimiento porque sino se queda en eso.

    Los problemas existen para que les busquemos soluciones. Todo tiene su proceso de gestación. Los cambios no son de un mes para otro y mucho me temo que en este país estemos hablando de años…

    Indignarse está bien J y es algo que admiro en ti pero otra cosa es que nos hagamos mala sangre por asuntos que muchas veces escapan a nuestro control.

    El pragmatismo nunca debe estar por encima de la ética. Totalmente de acuerdo.

  2. Yo no digo que sea pesimista. Hablo de lo que provoca. Hablo de aquello que nos debería hacer reaccionar. La reacción me parece algo optimista. La falta de indignación nos convierte en monigotes. La mala sangre es un precio pequeño que, a veces, merece la pena.

  3. Ocurre siempre. La gente ve lo que quiere ver, actúa como quiere actuar y olvida lo que quiere olvidar. De poco sirve describirle al imbécil lo que está haciendo…siempre encontrará una justificación.

    Hace poco estudié una corriente filosófica que decía que una cosa es la descripción de unos hechos y otra cosa es la justificación de los mismos. Para justificar las conductas,basta con apelar a deseos, intereses o valores morales. Todos ellos se ordenan en lo que viene a llamarse la ”Estructura subjetiva de motivaciones” que hace referencia a que las personas tienen un esquema de preferencias estructurado en deseos, intereses y valores morales. Los intereses deben vencer a los deseos y los valores morales deben vencer a ambos.

    La conclusión sería que una acción sería moralmente correcta si estuviera basada y justificada por el esquema en que se ordenan intereses, valores y deseos… El problema, desde mi punto de vista, es cuando esta estructura se separa demasiado de lo que debieran ser unos valores sociales democráticos e igualitarios verdaderos, que es precisamente lo que creo que ocurre.

    No puedo evitar sin embargo coincidir con Charlotte en que a veces mirar a la calle con optimismo es la única manera de poder llevar con relativa ”ligereza” lo que vemos ante nuestros ojos. Pero también siento tus palabras. A veces me hierve la sangre cuando veo las noticias.

  4. Good morning. I’m back, como Schwarzenegger.

    Tu entrada es una de las razones por las que no veo ni leo noticias. Desde el punto de vista individual, el resultado para las personas como nosotros (tú y tus comentaristas) es siempre el mismo: frustración e impotencia al menos por tres días. Luego, culpa porque ya hemos comenzado sentirnos un poco menos mal. Es irracional, porque NADA positivo sale de allí, eso no ayuda ni un miserable ápice a mejorar nada (nunca he sabido lo que es un ápice, pero suena bien). Naturalmente, puedo darme el lujo de hacerlo, ya que al final de un modo u otro me entero de las cosas realmente importantes.

    De todo lo que narras, me pareció importante (y horroroso) lo de Garzón. No tenía idea de lo que estaba pasando y luego de leerte me puse a investigar un poco más. No creo que un “pinche” (como diría GP) partido político sea la fuerza original que está detrás de todo, pero en una primera sesión googleana no pude encontrar nada más. Está en mi bandeja de pendientes. Este hombre es la clásica persona social a la que HAY que cuidar y proteger. Me alegró saber que hay varios movimientos de apoyo a su persona. No sé si serán suficientes pero, al menos hasta hace dos o tres días, no parecía estar en el total abandono.

    El planteamiento de Sirenita no es malo, es una opción, pero no funciona a mediano ni a largo plazo, sin la base de sustento que da la acción. Al menos, no funciona per se para personas como tú o como yo. Al menos para mí, la única forma funcional de poder apoyar la cabeza en la almohada cada noche y dormirme a los 3 minutos es saber que estoy haciendo algo al respecto. En mis términos, esto significa trabajo y apoyo constante a grupos y organizaciones que trabajan, se desviven y están obteniendo resultados tangibles cada día para que cosas como estas desaparezcan un buen día de la faz de la tierra.

    El famoso granito de arena.

    El famoso mundo mejor.

    Es el HACER algo, lo que nos salva de considerar cada diez minutos la posibilidad de tirarnos por la ventana. ¿Por qué, sino por eso, crees que Garzón es Garzón?

    Por más antisocial que se considere una persona, lo quiera o no, sucede que pertenece al menos a UN grupo: la especie humana. E instantánea y automáticamente, esta pertenencia le adjudica ciertas obligaciones, en el sentido de ayudar a que este grupo logre sobrevivir. Más le vale averiguar cuáles son y arremangarse y ponerse manos a la obra cuanto antes. Otherwise……. [Añádase lo que proceda].

  5. PS: Entiendo que el punto para ti, más aún que el horror que sucede en sí, es el horror del avestrucismo flagrante.

    La solución es la misma: únete (o funda, si no existe) un grupo que busque dar una solución a este comportamiento humanoide tan anti-supervivencia.

    De hecho, el asunto de la cabeza enterrada en la arena es un mito, quizá propio de una campaña de descrédito contra estas aves, o un intento de justificar lo injustificable…. lo acabo de descubrir. Y le encontré todo el sentido del mundo, ya que si las avestruces realmente hicieran eso, hace siglos que se habrían extinguido como especie.

  6. auniveauetc,
    La labor sería conseguir que deseos, intereses y valores coincidiesen. Esto, tristemente, no suele suceder.Es en ese momento cuando debemos optar entre ellos.
    Desde un punto de vista personal es desasosegante que los intereses de uno no coincidan con sus deseos. Esto nos aleja de la ética.
    Los valores sociales, son otro tema porque ahí lo que interesa puede no tener que ver con mis deseos y sí con los del otro. Aceptar eso nos lleva la vida.

    M,
    Good evening and happy new year.

    Suelo hacer por temporadas lo que dices. No escucho ni veo ni leo noticias. Los considero períodos de desintoxicación. Nunca consigo que duren demasiado. Al final caigo otra vez en la trampa de la frustración e impotencia. Lo que he aprendido es que éstas no me resulten estériles. Creo que sirven para reforzar, reafirmar o crear ideas sólidas. El precio que se paga por tenerlas es alto pero a veces sí merece la pena. Si provocan reacción es positivo, si te hacen tirar la toalla, has perdido.
    Lo de Garzón clama al cielo. Hay que tener mucha templanza para soportar como organizaciones herederas del franquismo se aprovechan de resquicios legales para sacar de quicio la democracia y la justicia.
    Interesante teoría la de los avestruces. Si es como dices es seguro que nos sobrevivirán como especie. Cuando gobiernen el mundo nos representarán con la cabeza enterrada en el suelo.

    Cada uno tiene sus taras. La mía es la incapacidad de pertenecer a un grupo. Trataré de corregirla y actuar en consecuencia. Mientras tanto lanzaré gritos de indignación por si alguien los oye.

  7. Espero consigas pronto un desintoxicómetro, ya que lo importante no es que la desintoxicación dure eternamente, sino que cada vez logres desintoxicarte un poquito MÁS de lo que te intoxicas, en ese caso puedes estar tranquilo, ya que vas en la dirección correcta (la de seguir con la toalla en la mano y algo más, idealmente). Espero, también, que someday puedas darte cuenta de que perteneces, aunque no recuerdes haberte inscrito, ni te hayas enterado del monto de las cuotas mensuales. Viene con el paquete. Sorry. Alguien me confirmó que siempre los oye. Algo es algo…

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