Escándalo y silencio

Benedicto-r

Hasta qué punto de estulticia hemos llegado si consideramos admirable que un hombre de ochenta y cinco años con serios problemas de salud renuncie a su cargo. Una cosa es la sorpresa por la falta de precedentes en el tiempo, otra, bien distinta, es otorgarle a la acción méritos dignos de un superhombre.

Benedicto, ahora por todos loado, se retira a descansar a un convento de clausura para dedicarse en cuerpo y alma a la lectura, la escritura y la oración. Dice que son sus actividades preferidas. No sabemos en qué orden.

Todos, incluidos los que no le conocen  y no han leído una sola de sus palabras, se han puesto de acuerdo para otorgarle al personaje una gran talla intelectual. Muy pocos de ellos, me temo, son capaces de explicar en qué criterios se basan para afirmar tal cosa. De todo su papado los expertos destacan dos cosas: su empeño en sacar a la luz los escándalos de pederastia en el seno de la iglesia y la pena que le produjo la traición de su secretario-mayordomo. Escaso balance, me parece, para su gran talla intelectual.

Una vez agotada la sorpresa del anuncio de la próxima jubilación, lo siguiente ha sido hacer cábalas sobre quién será su sucesor. Sólo hay dos cosas que se saben con total seguridad: será un varón y no será joven, entendiendo por joven joven y no un juvenil maduro de sesenta y muchos años.

Valorando y comentando esta quiniela sucesora (hay incluso quien apuesta por un varón negro y africano),se nos escapan las ideas y la vida.

¿Representa Benedicto, de verdad, a los más de mil millones de católicos esparcidos a lo largo y ancho del mundo? ¿Cómo es posible que personas hechas y derechas que defienden el estado de derecho permitan el poder absoluto no sólo en el cielo y en su iglesia sino también en la tierra? ¿Qué opinan las mujeres católicas de pertenecer a un club en el que no pueden tener poder de participación, decisión y representación alguna? ¿Qué opinan los seguidores de la iglesia sobre la esquizofrenia que supone compatibilizar la libertad y la falta de ella en diferentes ámbitos de su vida?

Intento ponerme en su lugar, trato de pensar con claridad eliminando mis prejuicios de católico arrepentido pero no consigo hallar respuestas satisfactorias a las dudas que me embargan. Es inútil. Sigo, por encima de todo, sin entender el silencio que rodea a estos asuntos. Realmente la iglesia parece estar llena de corderos. Ahora su pastor se jubila. Ellos miran, asienten, aplauden y callan.

Silencio y Escándalo son los títulos de dos novelas de un extraordinario escritor japonés. Japonés y además católico. Silencio y escándalo son las dos palabras que se me vienen a la cabeza cuando pienso en los católicos.

¿Por qué callan ante todo lo que pasa? ¿Por qué aceptan sin chistar la incongruencia en la forma de actuar de la institución a la que pertenecen? ¿Es que no ven? ¿Es que están ciegos?

Siempre me ha parecido que, a pesar de todos los empeños humanos, el mundo funciona en gran medida por inercia. Con la iglesia católica sucede exactamente lo mismo. No importan los escándalos, no importa el desapego creciente de sus fieles. No importa nada. Ella, la madre santa, sigue allí, ajena a todo y a todos. Anacrónica pero entera. Contra viento y marea. Bajo el mando de un grupo de prejubilados.

La renuncia de Benedicto ha sido portada en todos los periódicos del mundo. ¿Por qué? En ellas, las portadas, y en ellos, los periódicos, se han limitado a valorar el peculiar gesto del pontífice. Todo alabanzas. Qué valiente. Benedicto ha dado un paso adelante y ha roto con la tradición milenaria de morir con las botas puestas. Bien, ¿eso es todo? ¿Por qué despierta tanto interés esta humana decisión y tan poco todo lo que representa y defiende?

¿Por qué no pasa nada a pesar de los escándalos sexuales y económicos? ¿Por qué nadie comenta los anacronismos e incongruencias? ¿Por qué nadie se acuerda de la prohibición del uso del preservativo, de la negativa al aborto en cualquier momento y situación, de la marginación consentida de la mitad de la humanidad sólo a causa de su sexo, de considerar enfermos a los que cometen el error de sentirse atraídos por seres de su mismo sexo? ¿Por qué se sigue condenando al silencio a los que se atreven a pensar de forma diferente? El silencio se oye en todas partes.

Cuando nos planteamos la conveniencia o no de concretar pactos de estado con otros países, solemos apoyarlos según sea el vigor democrático del país con el que pactamos. ¿Cómo puede haber pactos con un estado que defiende el poder absoluto y la discriminación sexual? ¿Por qué un estado laico se inmiscuye en la vida religiosa privada de sus ciudadanos? ¿Por qué, en fin, se siguen llamando católicos y cristianos los que sólo buscan un lugar de refugio y respaldo, los que sólo buscan pertenecer a algo que no les deje solos ante  la vida?

¿Por qué, Benedicto, en vez de jubilarte y pedir a los que vienen que arreglen las cosas, no te quedas y las arreglas antes de irte? No importa si para ello necesitas llevar las botas puestas hasta el último suspiro. Tendrás luego la eternidad para leer, escribir, orar y, de vez en cuando, comer pastelillos que, seguro, harán con mil amores las monjitas que a ello dedicaron la vida terrena y después, llenas de júbilo, dedicarán la eterna.

4 comentarios en “Escándalo y silencio

  1. Porque las preguntas no las hago para mí. Porque las respuestas, por obvias, permanecen en la oscuridad demasiadas veces. Porque mi vocación es hacer preguntas y callarme las respuestas. Porque ésta es mi contribución a la comunidad. (En el fondo soy un servidor público). Unos hacen carreteras, otros curan hepatitis, yo, como siempre, más humilde, me limito a hacer preguntas. Las respuestas, you know, are blowing in the wind.

  2. ¡¡¡Servidor público… en el fondo!!!! ¡Jajajajaja! Eres genial. En premio, te dejo con Neil.

  3. Gracias por el premio. Sólo por ver las caras del público merece la pena. Parecen estar escuchando a Benedicto en vez de a NY.

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