Una y otra vez el tiempo

Todos los días pasan. Sólo algunos empiezan y acaban. No siempre es bueno ni lo uno ni lo otro. No siempre es malo tampoco. A veces la falta de límites permite al tiempo deslizarse sin dibujar contornos. Todo es uno y uno es todo. Otras, somos feliz o dolorosamente conscientes del paso de la vida. Sentimos que las horas y los días escapan como el agua entre los dedos. Nos aferramos a hitos que marcan principios y finales pero que dejan siempre huellas reconocibles por la memoria. La memoria entonces se adueña del tiempo y le da forma. Lo moldea como las manos moldean la arcilla y deja clavadas para siempre miradas, caras y palabras. Los recuerdos se mezclan con los minutos y con los segundos  y el tiempo se transforma en antes y después, en ayer y hoy, en tal vez mañana.

Todos los días pasan. Algunos se quedan y nos atormentan. Se empeñan en romper la línea recta y se retuercen en curvas imposibles volviendo siempre a nuestro lado aunque no les hayamos llamado.

Todos los días llegan y casi todos pasan de largo dejándonos huérfanos de tiempo en las manos. Se van y nunca vuelven la mirada. Se van pero no nos llevan con ellos. Estamos irremediablemente solos.

Todo los días acaban y sólo algunos los cuento. Todos los días llegan, pasan y acaban pero sólo un puñado transforma sus instantes en palabras. Esos días el tiempo se detiene en la tinta negra y se queda. Sólo las palabras crean recuerdos. Sólo la memoria está formada por fantasmas y por letras.

Una y otra vez sólo importa el tiempo.

Retenerlo, definirlo, repetirlo, recordarlo, olvidarlo, hablarlo, expresarlo, fotografiarlo, cantarlo, contarlo…pasarlo.

Todos estamos siempre en su interior. Fuera de él imaginamos todo pero sabemos muy bien que no existe nada. Fuera de él el silencio absoluto. En el silencio no hay memoria y sin memoria no somos nada. Pálidas sombras que se desvanecen como vapor de agua. Sombras que sin palabras que las nombren siempre se olvidan.

Somos tan solo tiempo. El que fuimos y el que nos queda.

3 comentarios en “Una y otra vez el tiempo

  1. <>

    Simon Leys. “La felicidad de los pececillos”

    La verdad es que el resto del libro que cito me decepciona bastante. Sin embargo ese texto que te copio me parece genial.

  2. Esos signos que usé impidieron que saliera el texto que es este.

    No dejamos de asombrarnos del paso del tiempo: “Pero ¡cómo! ¡Si parece que era ayer cuando ese padre de familia clavo y bigotudo era aún un chaval con pantalón corto!”.
    Lo cual viene a demostrar que el tiempo no es nuestro elemento natural. ¿Es posible imaginar a un pez que se asombre de que el agua moje? Es que nuestra verdadera patria es la eternidad; nosotros no somos más que visitantes de paso en el tiempo.

  3. El tiempo es sin duda nuestro mejor invento. Tan es así que es consustancial a nuestra existencia. Somos porque estamos dentro del tiempo. Sin el tiempo hay quietud y en la quietud nada existe.
    El agua para el pez y el tiempo para nosotros son el medio en el que vivimos. La diferencia estriba en que mientras que un pez no puede salir del agua nosotros sí podemos salir del tiempo aunque sólo sea al reflexionar sobre él. Bien es sabido que los pces no tienen memoria pero el ser humano sí. Gracias al tiempo.

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