
Ocho años de silencio son demasiados años. Ocho años sin decir nada es demasiado tiempo. Ocho años sin nueva música es demasiada espera. Ocho años que se han terminado hoy a las ocho. A esa hora he roto el celofán que envuelve su nuevo disco. Lo he introducido en el reproductor y se ha roto el silencio de ocho años. Son ocho nuevas canciones. Ocho nuevos caminos que se abren al futuro pasando por el pasado de una vida ya vivida y ahora revivida, recordada, celebrada y lamentada. Ocho experiencias que finalmente son una y sólo una: la celebración de la música como expresión y transmisión de sentimientos. Música que se escapa por los cuatro costados. Yo escucho, él canta. Ella en el recuerdo. Yo escucho, él habla. Yo siento y aprendo. Cincuenta minutos después se hace el silencio. Me siento mejor, más lleno. Ocho años de silencio borrados de pronto. Ocho años no son nada y son todo.
Quien tenga oídos que oiga.
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