Enero taimado y tramposo

No te vayas enero sin saber nada de mí que tengo algo que contarte. Te vas y me dejas en lo profundo del invierno, rodeado de agua, viento, frío y nieve amenazante. Te vas mientras miro por la ventana y te veo escapar como los cobardes: sin decir nada. Te vas y yo me quedo viéndote huir en silencio, mudo y con el rabo entre las piernas.

Has sido un mes duro conmigo, exigente. Demasiado, diría yo, para empezar el año. Tú te has encargado de romper todas las ilusiones que me había hecho antes de tu llegada. Me has tirado de la oreja como si yo fuera un niño malcriado. Te odio por todo lo que siempre me quitas. Te odio, dulcemente, pero lo hago. Has sido más largo que los días que te forman, más oscuro que tus noches sin luz y tus días grises. Has sido, como siempre, el primero en llegar y eres el primero en marcharte. No siento perderte de vista. Más bien me alegro. Sólo lamento que te lleves el tiempo contigo.

He deambulado por tus horas adaptándome al cambio necesario. Saltando del  fin engañoso del año al puente que tiendes tramposo. Prometes novedad y sólo traes retorno. Vuelta a lo cotidiano que sólo añoramos cuando no sabemos ni queremos hacer nada especial. Enero rutinario. Vuelta a la norma. Vuelta a despertar cuando es debido y a cerrar los ojos aunque no lo pida el cansancio.

Enero de propósitos que se van antes de que tú lo hagas. Enero de proyectos pospuestos,  proyectos que nos pesan en la espalda de tanto traerlos a cuestas.

Enero te vas y ¿qué nos dejas? Febrero asoma su fría sombra por la puerta. ¿Hay mes más triste que febrero? Febrero como paréntesis. Tierra de nadie.

Me olvido de ti, de él y de vuestros nombres. Me aferro una vez más a lo único importante, al tiempo que me das. Trato, y es difícil, de vivirlo, de aprovecharlo como dicen, sin poner fechas ni nombres. El tiempo, lo único que nos es dado, lo único inventado que es más real que lo evidente. El tiempo como lugar donde vivir, pensar, reír, llorar, sufrir, disfrutar, lamentar, hablar. El tiempo como casa en la que permanecer siempre y para siempre. Tiempo siempre lleno de realidades y esperanzas, tiempo pasado que se hace presente y se convierte en futuro sin dejar de ser ahora.

Gracias, en fin, enero taimado y tramposo por dejar que te quite el nombre, por permitir que lo eche al fuego que me calienta  y comprobar que en el fondo, así desnudo, eres bueno conmigo. Gracias por dejarme un tiempo irrepetible.

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