Divinas palabras

Tiempo hace que no escribía. Los días han ido pasando y yo con ellos. Me detuve en ese ocho de marzo que vino para quedarse, espero. En este mes transcurrido, a velocidad de vértigo, si lo miro desde ahora. A paso de tortuga si me recuerdo anclado en el insomnio de las primeras horas del día. En este mes, mezcla de marzo y abril, lleno de lluvia y de tantas horas sin poesía, asoma el sol de vez en cuando y la luz que parecía escondida, se deja ver por fin para teñir de alegría horas, sueños y minutos diminutos. Ellos son faro en las noches más oscuras. Ellos y ellas abrigo para el frío, sombra de un verano lejano, descanso merecido, ventana para mirar al mundo.

Tiempo hace que no escribía. Tiempo de hojas vacías. No sé por qué, a veces, las palabras son esquivas y otras surgen a borbotones, escapan de las manos y de los dedos. Tienen, así me lo parece, vida propia. Las palabras son anteriores al pensamiento, me da igual que hoy en día digan lo contrario, sin embargo no todo pensamiento se traduce en palabras. Pueden convivir una mente despierta con unas manos quietas. No todas las palabras son dichas para quedarse. A veces se quedan las que no lo merecen. Otras, por el contrario, las más bellas escapan o tienen la vida efímera de un soplo de aire.

Tiempo hace que no escribía. Hoy me detengo en cada palabra negra que se posa sobre el fondo blanco. Hoy las miro, las digo y vuelvo a disfrutar del milagro de hacer inteligible lo incomprensible. Las pones ahí y permanecen quietas, tranquilas en una inmovilidad que me atrae y me aterra simultáneamente. Ahora las puedo leer y según cómo lo haga suenan y representan algo diferente. Divinas palabras que nunca me abandonan. Terrible tormento que nunca me deja estar en silencio. Mi mente son palabras en constante movimiento. Muchas escapan sin dejar huella, otras insisten en quedarse. Unas para hacer la vida más bella, otras, compuestas de las mismas letras, se quedan y disfrutan atormentándome.

Tiempo hace que no escribía. Me quedo pensando en los temas que han llenado mis noches y mis días. Ninguno me arranca ahora la energía necesaria, ninguno hace brotar de mi la rabia ni la melancolía. Ninguno, en fin, me impele a gastar la tinta de la pluma, el grafito del lápiz, a pulsar con fuerza las teclas que dan fe de penas y alegrías, de pasiones u obsesiones, de la muerte y de la vida. Hay veces en que uno quiere o necesita hablar de todo, otras, sin embargo, nada le empuja a hacerlo. Es preferible el silencio. En esos momentos, si queremos liberarlas, tal y como respiramos, sin darnos cuenta, es como debemos dejar que los pensamientos y las palabras que los expresan surjan como de la nada. Pensar y hablar al mismo tiempo. Palabras que van del dedo al pensamiento.

Tiempo hace que no escribía. Luego siempre me arrepiento. Tiempo sin palabras que  acaba por perder su sentido. Tiempo sin palabras tantas veces igual a olvido. Me obligo por tanto a ver cómo las letras se juntan, símbolos que nada dicen tomados de uno en uno, pero cobran vida cuando juntos dejan de ser nada y se transforman en todo. Cuando nacidos, en efecto, del vacío, se transforman, en casa, tierra, amor, agua, color, alegría, recuerdo, cielo y dolor. El infinito dentro de mi cabeza, mi cabeza llena de pensamientos, pensamientos creados por palabras que a veces hablan pero muchas más callan.

Tiempo hace que no escribía. Al final siempre la misma duda: ¿qué es primero la palabra o el tiempo?

Quietud, tiempo, silencio y movimiento

Llevo una temporada en la que me interesa el movimiento. Llevo una temporada en la que no puedo estar quieto. Me da miedo. El movimiento siempre acaba trastornando lo que veo y lo que siento. En seguida llega la prisa y con ella el vértigo. El aceleramiento trastoca. La quietud aniquila. El movimiento es una excusa para vaciarme por dentro. La quietud es movimiento interno. La quietud sin él es muerte.

Llevo una temporada en la que me importa más el tiempo que el momento. Llevo una temporada en que no puedo dejar de estar despierto. Me da miedo. El tiempo todo lo crea y yo siempre soñé con vivir más allá del tiempo. Llega en seguida su boca grande y con ella el hambre que engulle todos los momentos. El tiempo es una excusa para no tener remedio. Sin tiempo sólo queda la muerte.

Llevo una temporada en la que descanso en medio del silencio. Llevo una temporada en que no invento palabras. Me da miedo. El silencio se extiende como una noche oscura y yo, aún habitando la noche, pensé siempre en palabras como luces. En seguida echo de menos el sonido suave de una palabra escrita o el eco que queda una vez dicha. La palabra se inventó para combatir el silencio.

Llevo una temporada con los pies en el suelo. Llevo una temporada mirando a los ojos de la gente. Me da miedo. No siempre me gusta lo que encuentro. Llegan deprisa el rencor y el desprecio. Se olvidan pronto las sonrisas y sin ellas uno se vuelve gris y taciturno. Me gusta el gris pero sólo si es color y no estado de ánimo. Sólo si lo escojo. Nunca si lo escogen.

Llevo una temporada en movimiento y busco de nuevo el momento de estar quieto.

Tiempo de silencio

Tiempo de silencio. Tiempo de frío, escaso sol y mucha niebla. En los paseos solitarios, sin quererlo, recuento del año que se ha ido. A la cabeza llegan, no sé de dónde, más que personas, imágenes, libros y música. Hoy, contento, le he escuchado decir algo parecido a Murakami. Pensé escribir sobre ellos. Resumir en una lista los trescientos sesenta y cinco días que se han ido. Ya no me apetece. No estoy en el mood adecuado. Las listas se realizan al vuelo. Luego pierden su sentido.

Ha sido agradable vivir el momento. Dejar pasar las horas en un dulce retiro. Leer, pasear, hablar, pensar, contemplar y escuchar. Todo infinitivos. Ni presente, ni pasado ni futuro. Todo mi mundo en una taza de chocolate caliente. La luz entera en el fuego de la chimenea. Ha sido suave pero intenso.

Tiempo de silencio en el que mirar por la ventana es recibir el rayo de sol que la atraviesa y no el paisaje que se muestra. Tiempo de paz que se abre y se cierra como un paréntesis al que se quiere inagotable. Tiempo de descanso necesario. Tiempo de voluntad más que dormida, reposada. Tiempo de pasar las páginas lentamente. Tiempo de escuchar la música en silencio. Tiempo de hablar escogiendo las palabras. Tiempo de pensar en lo que permanece y dejar que escape lo inconsistente. Tiempo de olvido.

Aquí estoy de nuevo. Estoy aquí porque, sin remedio, siempre vuelvo. Poco a poco recupero la mirada. Las palabras, perezosas, se resisten a abandonar los dedos.

Tiempo de silencio. Tiempo de fuego. Tiempo roto.

Feliz año

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La intimidad

La intimidad es silencio, cuerpo desnudo, pedir sin saber que pedimos, dar sin ser consciente del regalo. La intimidad es saber lo que otro pensaría, callar cómodamente, dormir a su lado sin violencia. La intimidad es la falta de duda y de sospecha. La intimidad es certeza. Por eso asusta, sobrecoge y, a veces, aburre.

La intimidad es compartir palabras, crear vocabularios privados, nombrar a las cosas con palabras carentes de significado. La intimidad es compartir silencios, pensamientos, palabras y recuerdos. La intimidad no es sorpresa. Por eso sobrecoge, asusta y, a veces, aburre.

La intimidad es cercanía a pesar de la distancia y del tiempo. La intimidad es poner música, colores, palabras e imágenes en torno a otro. La intimidad es entrar en otra casa como si fuera la propia, decir adiós sin pensarlo y no sentir necesidad de decir hola. La intimidad es casi siempre par. Más allá se siente incómoda. La intimidad es no ver para creer, la intimidad es confianza. Por eso asusta, sobrecoge y, a veces, aburre.

La intimidad nunca es consenso. El acuerdo jamás es íntimo. El acuerdo es convivencia con recelo. Requiere una constante vigilancia. La intimidad, por el contrario, no se negocia, no admite claudicaciones, no puede ser libertad vigilada. Por eso, aveces, sobrecoge, asusta y aburre.

La intimidad es decir en alto lo que se siente. La intimidad también es poder callarlo. Lo íntimo no es necesario expresarlo. Por eso, a fin de cuentas, la intimidad es tan próxima al silencio. El silencio, de todos es sabido, asusta, sobrecoge y, a veces, aburre.

Dentro de una burbuja

Siento una pereza absoluta. Pereza de la buena. No hay tema del que me interese hablar ahora. Hay momentos en los que sólo importa lo que te rodea. Lo que te rodea y lo que llevas dentro. En noches como ésta entiendo el carpe diem. Una suave luz ilumina la mesa en la que escribo. En el mundo exterior despierta el carnaval. Me siento terriblemente lejano. Prefiero sentir cómo respiro. La noche como burbuja.  El silencio elegido. Pensamientos que se escapan por la punta de los dedos. Palabras que flotan en el aire. Desaparecen si nadie las atrapa. ¿A dónde van?

Esta mañana llovía suavemente mientras caminaba. Aún no había amanecido. Recorría pesaroso la cuesta arriba de las primeras horas. El mar estaba a mi lado pero no lo he mirado. Soñaba ya con este momento, distante entonces, real ahora. Las calles estaban desiertas. Oscuras nubes invitaban al refugio. En vez de música iba escuchando las noticias. Es un ejercicio de humildad aceptar que somos parte de este circo. Sentimientos encontrados. ¿Cómo se puede sentir orgullo y vergüenza al mismo tiempo?

Miro fotografías con música de fondo. Allí está todo lo que tengo. Van pasando una a una. De vez en cuando me detengo. Mil veces las he visto pero saben diferente en cada momento. Punzadas de nostalgia, ecos de alegría pueblan ese pasado que lucha por hacerse presente. Viajar al pasado. Traerlo conmigo aquí y ahora. No dejar que se vaya de nuevo. Tristeza por saber que hemos sido felices y haberlo tantas veces olvidado. La luz que iluminó las caras que me miran permanece. Milagroso tiempo detenido. Parece mentira que en la imagen ya no haya nada. Es mi recuerdo quien le da la vida. ¿Cómo será vivir sin recuerdos?

Una alumna ha venido a mi despacho. Tenía los ojos preocupados. A su madre le operan la semana que viene. Tiene un bulto. Benigno o maligno marcará el futuro de su mirada asustada. Me he sacado un ánimo que no tenía del bolsillo y se lo he dado. Creo que lo ha cogido y por un momento sus ojos se han calmado. Estaba preocupada por los exámenes.Yo no, le he dicho. Tú tampoco debes estarlo. Me parecía ridículo hablar de apuntes y lecciones mezclado con tumores. Sorprendida, creo que lo ha agradecido. ¿Por qué el ser humano se ha vuelto tan pragmático?

He comido solo. Sentía la paz que da el tiempo por delante. Estaba sentado de cara a la ventana y mientras masticaba pasaban de largo grises nubes cargadas de amenaza. He bajado la cortina, he encendido la luz de la cocina. He pensado que cuando llega lo que esperas es siempre peor de lo que pensabas y esperabas. En cuanto hoy sea mañana desearé que vuelva el ayer que ya se fue. Llegará y ya será hoy que nunca es lo mismo de lo que fue. Círculo vicioso entre deseo y realidad. ¿Por que dejamos que el tiempo nos atrape?

Los viernes hay un ambiente distinto en el trabajo. Las aulas, las mesas, el despacho se muestran  diferentes. Por un momento el lunes parece al otro lado del mundo. Es como vivir sin futuro inmediato. ¿Cómo pueden ver los ojos una pared blanca, ladrillo y pintura, como si fuera otra cosa? ¿Cómo los papeles que llenan la mesa ayer pesaban y hoy ocupan menos espacio y menos tiempo? Al cerrar la puerta he sentido que todo quedaba dormido. He aprovechado y me he ido.

Después de comer me he sentado en el sofá con premeditación y alevosía. He cerrado los ojos y me he dormido. Así de simple. El sueño de la siesta no es sueño. Es otra cosa. Es como estar dormido y despierto al mismo tiempo, Es como saber que te estás durmiendo. Es como ser consciente del sueño que te lleva. Es como dormir despierto. Eso tiene de bueno. No te pierdes en la nada. Permaneces. Sabes dónde estás y te quedas. Los ojos se abren de vez en cuando y tu voluntad quiere regresar al dulce estado de sopor, de la ausencia provocada.¿Por qué a todo el mundo le gusta la anestesia?

He dejado encerrados en la agenda todos los problemas. Han quedado allí, aprisionadas, todas las citas, las gestiones, las clases y las reuniones. No pienso abrirte en unos días. Te he guardado, además, para no verte, en la oscuridad de mi mochila negra. Te llevas contigo todos mis deberes. Eres como mi conciencia de bolsillo. Libero mi mente en tus páginas en blanco. Aprendo el ejercicio de olvidar lo que escribo. ¿Por qué no podemos olvidar conscientemente?

A punto está de comenzar un nuevo día. Me va a encontrar sentado en mi silla negra, mirando aparecer las letras en la pantalla blanca. Palabras que no cuesta escribir, que surgen de la nada para volver a la nada. A mí me sirven. Su viaje no ha sido inútil. No están cargadas de pretensiones. No quieren sino ser por un momento. Dejarse ver y marcharse.

El otro día leí que la vida eterna sería sin palabras. Por si acaso las uso cuanto puedo. No han nacido para quedarse en el tintero.

Las palabras las he puesto yo. La música que ha llenado el silencio la has puesto tú, Bon Iver, descubierto, por desgracia, hace poco tiempo.

Diligencia

Digan lo que digan y a pesar de los esfuerzos del maligno, el silencio siempre termina por romperse. Es inevitable. De la misma forma en que uno acaba por permitir que el aire entre en sus pulmones, los pensamientos empujan por salir de su prisión, las ideas buscan, incapaces de rendirse, palabras que las lleven por los aires. Es el mismo aire; el que respiramos y el que transforma las palabras de silencio en sonido. El silencio, lo mismo que el tiempo, no existe. Lo inventamos para esconder en él nuestros miedos, para tratar de no expresar lo inevitable. El engaño siempre acaba siendo ejercicio vano. Las palabras, las ideas, los sentimientos buscan incansables el último resquicio,  la luz que les de color y expresión, el sonido que atestigüe su vida.

Yo he roto un silencio prometido. Pensé que el punto era final y no seguido. Añoré los días de contemplación callada. Creí que el tiempo ya nada curaría. Soñé con despertar a la luz del día.

Aquí me encuentro ahora, en medio de la noche cálida y tranquila, contemplando no la nada sino las letras que tras haber sido retenidas, se me escapan de los dedos doloridos, se muestran esquivas pero fuertes, llenando una página que creí blanca para siempre. Surgen del caos y crean un orden negro sobre blanco, se arremolinan unas, se separan las otras y juntas dan sentido y descanso a la mente atribulada.

No sé muy bien si soy yo quien habla, no sé tan siquiera si entiendo lo que digo y escribo. Siento simplemente paz y sosiego. Dos  hermosas palabras. Ayer parece un remoto lugar, mañana sospecho que está tras un horizonte inalcanzable, hoy, ahora, este momento que según llega se va es lo único que existe, la fuerza que me lanza hacia adelante, que me aniquila y me crea a cada instante. Soy yo, me digo, el que vive, el que habla porque callar es imposible, el que cuenta los segundos que no existen, el que cierra los ojos y sabe, porque ha visto, que la luz permanece más allá de los párpados caídos.

Soy yo, repito, el que vive, el que siente, el que habla y el que escribe. Son mis pensamientos, son mis ideas  y mis sentimientos los que  tratan de vencer, de aniquilar, de cortar la cabeza a la serpiente que llegó vestida de pereza.

Son estas palabras las únicas que quedarán atrapadas en el tiempo.

 

La prueba del laberinto

Compañero,

El que aquí les habla,mejor dicho escribe, fue en otro tiempo compañero de correrías del autor de este blog.Nos unía una amistad labrada en el tiempo y la palabra.También el silencio fue importante.La mejor prueba de medir una amistad es ver la naturalidad con que se convive en el silencio.Cuanto más cómodamente nos instalemos en un silencio compartido, más sólida es la relación de los callados.Me voy por las ramas.Decía que la relación que me unía al inquilino de esta casa era tan estrecha que podía, casi sin darme cuenta, adivinar cuál sería su siguiente movimiento.No hemos compartido cama pero sí macarrones.Conocía de antemano,no la respuesta pero sí el sentido de la reacción que el susodicho tendría ante cualquier asunto que se nos pusiera por delante.El tiempo nos fue haciendo transparentes el uno para el otro y él podía hablar por mi boca y yo, obviamente, por la suya.Lo curioso del caso es que esto no trajo consigo el aburrimiento.Puede parecer, desde fuera, que la ausencia de sorpresa es el origen de la desgana.No tiene por qué ser así.

He mantenido incontables discusiones,cambios de opiniones,juegos de palabras con mi amigo. El amanecer nos ha sorprendido frecuentemente con la mente fresca y el gaznate seco.Hemos vencido , los dos,a la desidia,a la rutina que tantas relaciones empobrece y que tantas expectativas frustra.Nos hemos maldecido, hemos luchado en buena lid por retorcer las palabras hasta el límite y sacarles todo su jugo.Hemos reído también con el disparate y el absurdo fruto de muchas batallas.Hemos,en secreto, admirado el bravo ingenio de nuestro oponente.Hemos compartido, en fin, sueños y desvelos.

Hoy, ya en la distancia de mi retiro voluntario,aprovecho este lienzo en blanco,permítaseme la licencia,para sustraer unos minutos de mis cábalas y dejar constancia de mis pensamientos en este lugar prestado que otrora fue casi tan mío como suyo.

Él no lo sabe pero de vez en cuando,sólo de vez en cuando, he releído las palabras que juntas han dado en formar el esqueleto de esta bitácora. Tras estas relecturas no he podido dejar de representarme este espacio como un rompecabezas.Tiene un evidente problema: no están aún todas las piezas y tal vez nunca lo estén. A pesar de ello, debo manifestar que hay algo que me deja insatisfecho.Yo, que aprecio al autor, para qué negarlo, trato de olvidar afectos y juzgar lo que veo con el escalpelo de un diseccionador.Estoy perplejo. No sé si lo que leo forma un corpus  o constituye una colección de contradicciones.A veces veo esperanza y otras derrotismo.Alegría y tristeza repartidas a partes iguales.Palabras que nada desvelan y silencios que lo dicen todo.Colores pintados por un niño grande y tenebrosos negros fruto de la mala conciencia.Presencias y ausencias. Comunicación y silencios.Renuncia del pasado y añoranzas.Querer y no poder y no poder y querer.

Tal vez se me diga que esto es plato común en todas y cada una de nuestras vidas.Tal vez  yo conteste que éste es nuestro problema verdadero. Seres incompletos repletos de dudas.Puzzles condenados a permanecer siempre inconclusos.En la vida nos deleitamos con el presente, con lo novedoso. Eso azuza nuestro ingenio y olvidamos que mañana hoy ya será pasado. Olvidamos, con harta frecuencia, la importancia de la constancia y de su prima hermana la coherencia.

No sé si exagero pero detecto incoherencias, vacíos, promesas incumplidas, caminos levemente recorridos, retos no desafiados. De vez en cuando,lo reconozco, algo luce y alumbra suavemente un entorno oscuro.Pero, la luz derramada es débil y sucumbe a la siguiente esperanza.

Te daré un consejo, old chap: nunca olvides que los cuchillos están hechos para cortar, la luz para alumbrar,las palabras para comunicar y tu vida para buscar.

En fin, no era esto en realidad a lo que venía.No era mi propósito volver a hablar de lo que tantas veces hemos hablado.Llevo tanto tiempo callado que las palabras se me han escapado de las manos.Es difícil vivir en  el silencio.

Quería dar una sorpresa al autor de las noches y los días de este blog porque yo, como Funes el memorioso, no olvido y sé que por estas fechas hace ya un año que hizo un año que mi estimado colega dijo hola al mundo y parió este lugar primero negro y después blanco.Negro como la noche que tanto le gusta y blanco como la serenidad que anhela.

Hace ya setecientos  treinta  días con sus noches que mi viejo amigo se deja sus dedos en las teclas buscando el significado oculto de las palabras, la luz definitiva y el color de los colores.Negro sobre blanco,colores y fotografías que tratan de explicar un mundo, el suyo, en este espacio sin fin que se alarga incesante como el tiempo.

Es la hora del crepúsculo.Te tengo que dejar.Es mi hora del paseo entre los árboles.Es el momento de intentar que mi cabeza se vacíe de conceptos.Necesito fundirme con la tierra que piso.Me voy, así en silencio, como he venido. No trates de buscarme. Seré yo quien te encuentre cuando llegue el momento.

Que la fuerza te acompañe compañero del alma, compañero.

Wimasaju

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Monsieur,

Aprecio en lo que valen tus palabras.Llevaba demasiado tiempo echándote de menos y me alegra saber al menos que respiras.Perdí tu pista hace ya muchas lunas pero me negaba a aceptar tu silencio como definitivo.  Siento a veces envidia al imaginarte ensimismado en tus pensamientos, desnudando tu cerebro de ideas marchitas y llenando tus pulmones de  nuevo aire fresco y transparente.

Confío en que cumplas tu promesa y un día, de nuevo, regreses para compartir una botella de vino y junto al fuego o caminando por caminos amarillos guardemos silencio o intercambiemos  tantas palabras acumuladas en el tiempo.

Me ha hecho pensar leer lo que me dices.He tratado de verme como ese rompecabezas que mencionas y no te falta razón.Cuando uno busca, no sabe cuál es el camino adecuado.Es necesario tentar la suerte,aceptar el azar y escoger entre un  mar de dudas.Si dibujáramos todos los caminos recorridos tendríamos ante nosotros un laberinto.El laberinto es nuestro destino.La esperanza es que ese laberinto no sea un mundo cerrado en el que estemos condenados a dar vueltas y vueltas sino que encontremos la salida.La mayor parte de las veces lo más que conseguimos es volver al punto de partida.Sentimos alivio por no habernos perdido, pero ¿de qué nos ha servido?La salida, por definición, no puede ser la misma que la entrada.Buscarla es la tarea, por más vueltas que demos.

Toda imagen es incompleta.Mi blog es mi laberinto.En él recorro caminos buscando la salida. En el empeño, frecuentemente doy traspiés, recorro de nuevo sendas anteriormente recorridas, choco de frente con la duda, me pierdo, me duermo en los laureles, me abandono,me empecino.Sé que buscar es el camino.

Setecientos treinta días después de abrir esta ventana aún me quedan ganas de seguir buscando.

¿Qué son cien mil palabras en este infinito espacio? Tan sólo el leve eco del eco de lo que otros muchos ya dijeron.

Entiendo tu silencio.

La fuerza que me envías me será necesaria.

No tardes.Tenemos que hablar de tantas cosas.

Jusamawi

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P.S.

Del negro inicial pasé al blanco. De la oscuridad protectora a la luz cegadora.Ahora otra vuelta de tuerca.Necesito un espacio tranquilo, mínimo.Todavía sigo buscándolo.Este ha sido un primer paso. Aún estoy en la línea de salida.Aquí te espero.

El iceberg dormido

Ya nunca se habla de uno mismo. De verdad. Enfrentándonos a lo que realmente somos. Tal vez, si nos miramos profundamente, no nos guste lo que descubrimos.Hemos desarrollado una habilidad para hablar de todo y alejarnos cada vez más de nuestro yo verdadero, ese que se esconde agazapado dentro.Puede que la única ventaja de este hábito sea no dejar ver monstruos escondidos.

Si nos sometiéramos a un interrogatorio privado, sin más testigos que uno mismo y con el compromiso de decir la verdad y nada más que la verdad, nos quedaríamos en silencio.Tras tanto tiempo de ocultar, de enmascarar lo que de verdad pensamos y sentimos, nos veríamos incapaces de expresar lo que realmente somos.

No somos mentira, somos disfraz que no es lo mismo pero es igual.Estamos entrenados desde nuestro nacimiento a no expresar lo que de vedad pensamos.Las opiniones las matizamos, los sentimientos los fingimos y el pacto y la norma social van convirtiéndonos poco a poco en sombras educadas. Estamos preparados para la convivencia, compartimos espacios y tiempo pero sólo dejamos ver la punta del iceberg.Ésta, además, aparece maquillada,sin aristas y olvida frecuentemente todo lo que oculta por debajo de la superficie. Eso es, somos mera superficie. El iceberg flota en el agua, saca la cabeza  y olvida donde quedó su sustancia.

Somos máscaras que poco a poco hemos ido tallando, que ocultan hasta el olvido la verdadera expresión de nuestra cara.La goma que la unía a la cabeza hace tiempo que se fundió con ella.Vivimos para fuera.Dentro no hay  ya nada. De tanto fingir olvidamos que estamos fingiendo.De tanto hablar en vano llegamos a odiar el incómodo silencio.

Nos pasamos la vida buscando respuestas cuando  nunca supimos plantear  las preguntas adecuadas.Cumplir con lo que se espera de nosotros ocupa todo nuestro tiempo y al final, la vocecita que débil se rebela desde dentro, no se escucha, se apaga lentamente como la llama de una vela.La conciencia,única demostración de nuestra existencia, duerme, siempre duerme.Son las pesadillas de la conciencia dormida las que a veces nos sacuden, las que nos hacen atisbar la verdad oculta, las que ponen de manifiesto que no soy lo que aparento ser, que soy el otro.

Mentimos, constantemente mentimos, pues mentir es no ser uno mismo.Repetimos lo que nos enseñan,adoptamos la mayoría como ejemplo,seguimos caminos ya trazados y al que se sale de él, lo condenamos  por la terrible falta de hacernos ver que no somos más que sombras, por demostrar que la certeza no es más que un refugio, un espacio cerrado a la duda.

Malgastamos la vida en empresas sin sentido, hablamos de paz y nos beneficiamos de la guerra,ayudamos para ser admirados,fingimos para ser aceptados  y nunca decimos lo que de verdad pensamos.Buscamos la  protección del héroe, creamos ídolos de barro para luego derribarlos.Matamos lentamente aquello que más queremos.

La revolución se ha convertido en decir lo más sencillo.Te quiero, lo siento, no estoy de acuerdo, me he equivocado, ayúdame, no me gusta, pienso que, soy diferente, no me apetece son ahora frases incendiarias,lemas, pintadas en las fachadas.Ser valiente es decir no, defender lo distinto, lo auténtico.Hablar sin pensar que nos están escuchando.Es tan difícil encontrar algo original, algo que sea claro y distinto.

Los niños aprenden imitando y los adultos continúan haciéndolo.Las grandes palabras se han quedado huecas de tanto usarlas.Necesitamos una banda sonora para emocionarnos. La verdad, así desnuda,nos deja indiferentes.La novedad provoca espanto y corremos a refugiarnos en las faldas de la muchedumbre, en los brazos sin vigor de la gente.

Los animales, nos decían, nacen, crecen, se reproducen y mueren. Nosotros no, los humanos somos diferentes.Es cierto, nosotros también hablamos en vano.Hablamos para no quedarnos en silencio.El silencio nos aterra.La noche, el sueño donde yo ya no gobierno.El sueño que enturbia nuestra vida al recordarnos el pozo infinito que hay de carne para adentro.

Seguimos vivos, eso sí.Unos llaman a esto éxito, otros esperanza.Todo es relativo.

Ya nunca se habla de uno mismo.Somos tan conscientes de eso que preferimos la inconsciencia,dejarnos llevar y que otros decidan lo que luego criticaremos.No soportamos vernos en el espejo, no por viejos, no por feos sino porque no nos reconocemos.

Destellos de verdad, creación, arte.Vislumbramos también lo que pudo ser y no fue.El error, el mayor error de todos, es pensar que de esto tienen la culpa los otros.

A pesar de todo sonreímos,amamos, trabajamos y creamos condiciones para que algo, de vez en cuando, cambie.Sobrevivir en el más absoluto egoísmo es la mejor prueba de que otro mundo es posible.El ser humano es fuerte. Sólo hace falta que despierte.

La luz y la sombra

Me gustan las sombras donde sólo somos contornos.Siluetas dibujadas contra un fondo etéreo. Simpleza y dos dimensiones. Blanco y negro, esencia sin artificio. El todo y la nada a un soplo de distancia. Una certeza :soy yo  y  una duda: ¿quién soy?. Silencio en movimiento.Pensamientos oscuros a la luz de la luna.Luz radiante en mi alma cobijada.Espejo de mi mismo.Palabra impronunciada.Negro sobre blanco. Sonrisa invisible,mirada ausente, boca cerrada.

Me gusta la luz que rodea la sombra.Me gusta el contraste.Sin una no existe la otra.Mi sombra soy yo y yo soy mi sombra.Va tras de mí y nunca me abandona.No me persigue, me acompaña.Marca mis pasos y cuando paro, descansa.Le pregunto, ¿qué quieres? y jamás me contesta.Le doy la espalda y no me traiciona. Callada y oscura se me aparece.Cuando muere el día ya no la veo, pero ahí está, vestida de noche.No sé lo que hace cuando me duermo.Tal vez me arrastra con ella a su mundo de sueños.

Sombra negra del alma, silueta que no me aprisiona, contorno que me contiene. Llevas sobre tus espaldas mis dudas y mis malas palabras.La luz que tú no tienes, me la regalas.Qué sencillo es todo cuando te miro.Cuando cierro los ojos veo negrura, cuando te miro a ti, mi sombra,veo la luz que desparramas.¿Quién es real?,¿es que es posible la luz sin la sombra? Me gusta mi sombra, sólo un contorno,simpleza y paz. Paz y simpleza.