El iceberg dormido

Ya nunca se habla de uno mismo. De verdad. Enfrentándonos a lo que realmente somos. Tal vez, si nos miramos profundamente, no nos guste lo que descubrimos.Hemos desarrollado una habilidad para hablar de todo y alejarnos cada vez más de nuestro yo verdadero, ese que se esconde agazapado dentro.Puede que la única ventaja de este hábito sea no dejar ver monstruos escondidos.

Si nos sometiéramos a un interrogatorio privado, sin más testigos que uno mismo y con el compromiso de decir la verdad y nada más que la verdad, nos quedaríamos en silencio.Tras tanto tiempo de ocultar, de enmascarar lo que de verdad pensamos y sentimos, nos veríamos incapaces de expresar lo que realmente somos.

No somos mentira, somos disfraz que no es lo mismo pero es igual.Estamos entrenados desde nuestro nacimiento a no expresar lo que de vedad pensamos.Las opiniones las matizamos, los sentimientos los fingimos y el pacto y la norma social van convirtiéndonos poco a poco en sombras educadas. Estamos preparados para la convivencia, compartimos espacios y tiempo pero sólo dejamos ver la punta del iceberg.Ésta, además, aparece maquillada,sin aristas y olvida frecuentemente todo lo que oculta por debajo de la superficie. Eso es, somos mera superficie. El iceberg flota en el agua, saca la cabeza  y olvida donde quedó su sustancia.

Somos máscaras que poco a poco hemos ido tallando, que ocultan hasta el olvido la verdadera expresión de nuestra cara.La goma que la unía a la cabeza hace tiempo que se fundió con ella.Vivimos para fuera.Dentro no hay  ya nada. De tanto fingir olvidamos que estamos fingiendo.De tanto hablar en vano llegamos a odiar el incómodo silencio.

Nos pasamos la vida buscando respuestas cuando  nunca supimos plantear  las preguntas adecuadas.Cumplir con lo que se espera de nosotros ocupa todo nuestro tiempo y al final, la vocecita que débil se rebela desde dentro, no se escucha, se apaga lentamente como la llama de una vela.La conciencia,única demostración de nuestra existencia, duerme, siempre duerme.Son las pesadillas de la conciencia dormida las que a veces nos sacuden, las que nos hacen atisbar la verdad oculta, las que ponen de manifiesto que no soy lo que aparento ser, que soy el otro.

Mentimos, constantemente mentimos, pues mentir es no ser uno mismo.Repetimos lo que nos enseñan,adoptamos la mayoría como ejemplo,seguimos caminos ya trazados y al que se sale de él, lo condenamos  por la terrible falta de hacernos ver que no somos más que sombras, por demostrar que la certeza no es más que un refugio, un espacio cerrado a la duda.

Malgastamos la vida en empresas sin sentido, hablamos de paz y nos beneficiamos de la guerra,ayudamos para ser admirados,fingimos para ser aceptados  y nunca decimos lo que de verdad pensamos.Buscamos la  protección del héroe, creamos ídolos de barro para luego derribarlos.Matamos lentamente aquello que más queremos.

La revolución se ha convertido en decir lo más sencillo.Te quiero, lo siento, no estoy de acuerdo, me he equivocado, ayúdame, no me gusta, pienso que, soy diferente, no me apetece son ahora frases incendiarias,lemas, pintadas en las fachadas.Ser valiente es decir no, defender lo distinto, lo auténtico.Hablar sin pensar que nos están escuchando.Es tan difícil encontrar algo original, algo que sea claro y distinto.

Los niños aprenden imitando y los adultos continúan haciéndolo.Las grandes palabras se han quedado huecas de tanto usarlas.Necesitamos una banda sonora para emocionarnos. La verdad, así desnuda,nos deja indiferentes.La novedad provoca espanto y corremos a refugiarnos en las faldas de la muchedumbre, en los brazos sin vigor de la gente.

Los animales, nos decían, nacen, crecen, se reproducen y mueren. Nosotros no, los humanos somos diferentes.Es cierto, nosotros también hablamos en vano.Hablamos para no quedarnos en silencio.El silencio nos aterra.La noche, el sueño donde yo ya no gobierno.El sueño que enturbia nuestra vida al recordarnos el pozo infinito que hay de carne para adentro.

Seguimos vivos, eso sí.Unos llaman a esto éxito, otros esperanza.Todo es relativo.

Ya nunca se habla de uno mismo.Somos tan conscientes de eso que preferimos la inconsciencia,dejarnos llevar y que otros decidan lo que luego criticaremos.No soportamos vernos en el espejo, no por viejos, no por feos sino porque no nos reconocemos.

Destellos de verdad, creación, arte.Vislumbramos también lo que pudo ser y no fue.El error, el mayor error de todos, es pensar que de esto tienen la culpa los otros.

A pesar de todo sonreímos,amamos, trabajamos y creamos condiciones para que algo, de vez en cuando, cambie.Sobrevivir en el más absoluto egoísmo es la mejor prueba de que otro mundo es posible.El ser humano es fuerte. Sólo hace falta que despierte.

La luz y la sombra

Me gustan las sombras donde sólo somos contornos.Siluetas dibujadas contra un fondo etéreo. Simpleza y dos dimensiones. Blanco y negro, esencia sin artificio. El todo y la nada a un soplo de distancia. Una certeza :soy yo  y  una duda: ¿quién soy?. Silencio en movimiento.Pensamientos oscuros a la luz de la luna.Luz radiante en mi alma cobijada.Espejo de mi mismo.Palabra impronunciada.Negro sobre blanco. Sonrisa invisible,mirada ausente, boca cerrada.

Me gusta la luz que rodea la sombra.Me gusta el contraste.Sin una no existe la otra.Mi sombra soy yo y yo soy mi sombra.Va tras de mí y nunca me abandona.No me persigue, me acompaña.Marca mis pasos y cuando paro, descansa.Le pregunto, ¿qué quieres? y jamás me contesta.Le doy la espalda y no me traiciona. Callada y oscura se me aparece.Cuando muere el día ya no la veo, pero ahí está, vestida de noche.No sé lo que hace cuando me duermo.Tal vez me arrastra con ella a su mundo de sueños.

Sombra negra del alma, silueta que no me aprisiona, contorno que me contiene. Llevas sobre tus espaldas mis dudas y mis malas palabras.La luz que tú no tienes, me la regalas.Qué sencillo es todo cuando te miro.Cuando cierro los ojos veo negrura, cuando te miro a ti, mi sombra,veo la luz que desparramas.¿Quién es real?,¿es que es posible la luz sin la sombra? Me gusta mi sombra, sólo un contorno,simpleza y paz. Paz y simpleza.

Cien puertas

Cada vez estoy más silencioso. Por dentro, sin embargo, no consigo acallar las voces que preguntan, que me hablan. Aquí sentado, frente a tus piedras caldeadas por el sol que ya se escapa, dejo fluir esas palabras. Ya no retumban en mis sienes. Cien puertas se abren y escapan. Yo, callado, por fin puedo sentir el silencio. Miro tus piedras naranjas, el alabastro de tus ventanas y la luz que apenas atrapas. Cierro los ojos, los abro otra vez y tus piedras parecen rosadas. Las sombras amenazan a lo lejos, y ellas, las voces, surgen de nuevo de la nada y me atormentan. Me aferro a tus cálidas piedras, pero no me dicen nada. Las cien puertas permanecen cerradas. Derrotado, pero alegre, emprendo, como siempre, el camino de vuelta a casa.

Tiempo, espacio y silencio

Vivimos, algunos, en la llamada sociedad del bienestar. A pesar de ello, se hace cada vez más necesario  hacer un alto y replantearse qué significa este concepto. Por un lado estamos alcanzando la más altas cotas de desarrollo (sostenible, no parece, pero para nosotros desarrollo, los demás que arreen, así somos de solidarios), pero por otro, estamos pagando un precio que además de alto es ridículo y paradójico. No estoy hablando de injusticias sociales, ni de comparaciones entre países o zonas del planeta, hoy no. Me refiero más bien,  a que el tan manido bienestar que nos inunda, está ahogando conceptos que deberían ser considerados necesarios en un mundo desarrollado y que se precie de tal nombre.

Me explico: El bienestar social debería permitir que las condiciones que hacen que nuestra vida sea mejor, de más calidad, destacasen sobre todas los demás. Esto, triste y otra vez paradójicamente sucede cada vez menos. Podemos poner varios ejemplos:

Espacio: Los habitantes de las ciudades cada vez disponen de menos espacio para si mismos. Las casas son en la mayoría de los casos pequeñas, por no decir diminutas e impiden que una familia media disfrute  de los metros cuadrados necesarios para una convivencia digna de tal nombre. La intimidad es algo que ya solo existe en la literatura, y además de pedir turno para ir al baño hay que decidir a cada momento si se habla o se ve la televisión. Plantearse la elección de comer o cenar en la cocina o en el salón sólo está al alcance de unos pocos. Tener una mesa de trabajo, no digamos una habitación, sólo es posible en  nuestra imaginación. (Si Virginia Woolf levantara la cabeza).Tener, en definitiva, un espacio propio,  no en el sentido de propiedad sino para nosotros ha llegado a ser una quimera. Que esto suceda en la cacareada sociedad del bienestar tiene su gracia.

Tiempo:Cuando realmente hay necesidades básicas que cubrir, es necesario trabajar donde y cuanto sea para poder hacerles frente. Ahí no hay elección posible y la situación nos obliga a aceptar nuestro duro destino. Los afortunados habitantes de países ricos tendrían que trabajar no sólo para comprar cosas sino para comprar tiempo. Tiempo libre, para nosotros. La Unión Europea anda estos días discutiendo sobre la posibilidad de aumentar la jornada de trabajo máxima semanal hasta las sesenta o sesenta y cinco horas. No, no estoy de broma. Vivir para ver. A eso le llaman progreso. La mayoría de la gente ocupa el tiempo libre de que dispone en tareas inútiles, principalmente relacionadas con el consumo. En una encuesta realizada entre niños de seis a diez años se les preguntaba cuál era su lugar favorito para divertirse. Yo al leerla, ingenuamente pensaba en parques de atracciones, playas o piscinas, deportes, excursiones….,cual no fue mi sorpresa cuando vi que mayoritariamente escogían los centros comerciales como su paraiso para pasar una tarde de sábado o de domingo. Como dicen los elocuentes entrenadores de fútbol:no comment. Podría seguir dando más ejemplos pero me quedaré sólo con uno más: el preciado tiempo libre que se consigue con el duro trabajo es pasado en gran parte de los casos viendo la televisión, de plasma sí, pero televisión al fin y al cabo.

Silencio:¿Qué es eso?, ¿De qué habla este loco? El silencio no existe. Vayamos donde vayamos nos acompaña el ruido.Ocho de la mañana, un bar ,tres clientes y un camarero.Los clientes desayunan adormilados más tristes que alegres pensando en la oficina o en cómo vender el producto estrella de su empresa a incautos compradores. El camarero, atento, enciende el equipo de música, la radio y la televisión a la vez. El local es inundado por  preciosas melodías y por la voz de la presentadora del ameno concurso televisivo a la que sólo hace caso ,cómo no , el camarero. Domingo, al alba, hemos hecho el esfuerzo de madrugar para disfrutar de la naturaleza con un agradable paseo por el campo. Boquiabiertos nos quedamos cuando el sendero, otrora inundado por flores y extraños insectos está ahora colapsado por motoristas de trial y viandantes de transirtor en mano. En las casas siempre hay algún aparato encendido, aunque nadie lo vea o escuche. Nos hace compañía. Hemos llegado a tal punto que cuando por milagro se produce un silencio, sea donde sea, pensamos que algo grave está pasando.

Tiempo, espacio y silencio se han convertido en lujos en el país de los lujos.La renta per cápita sube.Las familias tienen dos coches, cuatro televisiones,cinco préstamos y treinta y cinco letras que pagar todos los meses.Trabajamos para pagar lo que debemos, vemos la televisión para olvidar nuestro trabajo y el tiempo libre lo dedicamos a comprar más cosas que nos obligarán a trabajar más para poder pagarlas.

Estamos tan domesticados, que la perspectiva de tener nuestro propio espacio, en el cual sólo mandemos nosotros, en el que podamos estar solos y en silencio, nos aterra.El tiempo lo usamos para olvidar el tiempo o como vulgarmente se dice para matarlo. Mientras tanto comentamos cariacontecidos al vecino del tercero en el ascensor que si el euribor sube una décima más habrá que ir pensando en buscar un trabajo extra para poder hacer frente al pago de las letras por el recogemigas bañado en oro y la estación de planchado (sic) que anoche compramos en la teletienda.Dichoso insomnio.