La ventana está cerrada.Agua, granizo y viento pugnan por entrar.La primavera no quiere acordarse de mí.Mis manos, entumecidas por el frío de la calle, van recuperando el color y el calor gracias a las teclas que pulso con las yemas de mis dedos.Su sonido me tranquiliza, me relaja.Las palabras surgen de la nada, son más veloces que mi pensamiento.No sé a dónde quieren ir a parar.Tampoco me importa.Me gusta ver cómo las letras se van combinando hasta formar nombres, ideas y conceptos que poco a poco logro desentrañar.No sé lo que voy a escribir a continuación.Ellas,con vida propia,van creando un río negro sobre un lecho blanco.A veces juego a intentar no pensar en nada y comprobar qué es lo primero que se me ocurre.Es un juego sorprendente.Un recuerdo,una persona o un lugar aparece ante ti, sin que tú lo hayas llamado.Todo está dentro de nosotros.Es inútil preguntarse por qué ese recuerdo y no otro se nos presenta sin razón aparente.Tal vez no habíamos pensado en ello desde hacía muchísimo tiempo.Pero ahí está.Revelándose.Voy a hacer lo mismo ahora, no hay trampa, lo prometo.Viene a mi memoria un día frío como hoy.Yo estoy en la vieja casa de mis padres.Abro el armario del pasillo donde tenía guardados mis juguetes.Me veo allí, rebuscando entre cajas y muñecos.Afilo más el recuerdo y , ahora sí, veo con claridad un fuerte donde en vez de soldados había vaqueros que siempre eran atacados por indios multicolores.Me veo a mí mismo llevando mi fuerte junto a la ventana y allí, preparando por enésima vez la misma batalla.Yo sabía quién iba a ganar.Siempre triunfaban los mismos.Eso no era lo importante.Lo que ahora recuerdo, lo que veo con claridad transparente es la capacidad de mi yo niño creando un espacio impenetrable al que durante un rato nada afectaba.No había ya alfombra en el suelo. En su lugar rocas y arena componían el paisaje por el que los indios llegaban por sorpresa y al ataque.No había dolor aunque todos se disparaban y morían.No había tristeza.Solo ensimismamiento y el tiempo que volaba a través del tiempo.¿Será así el Dios que juega con nosotros? Para él no existe el tiempo y nuestras penas le son ajenas.Juega,crea, imagina y permanece ensimismado contemplando la tragedia que una y otra vez se repite.No sirve de nada que le gritemos, que mostremos nuestras heridas o que nos rebelemos.Él está en su mundo,jugando.Tan cerca y tan lejos como yo lo estaba del indio que herido de muerte caía del caballo sobre la alfombra-desierto.
Está oscureciendo,enciendo la luz.Me gusta más mi casa con esta luz amarilla.Mis dedos se agitan indecisos sobre el teclado.Toco la mesa blanca y percibo lo agradable de tocar cuando uno está concentrado.La madera es más madera.La sensación permanece y todo acaba allí.No hay nada más que piel y madera.Me voy por las ramas.Vuelvo a jugar.Busco mi carpeta de música y abro al azar un archivo.Billie Holiday canta desde el alma llenando con su voz el tiempo y el espacio.Pienso en su trágica vida y entiendo por qué canta como canta.¿Por qué hace falta tanto sufrimiento?Yo, como Dios, me olvido, y disfruto escuchándola.Música, luz amarilla, madera blanca y el sonido de las teclas que al fondo me recuerdan que lo único que tengo son palabras.Las miro, una y otra vez las miro y me asombro del milagro de que siempre digan algo.Tal vez no lo mismo para mí que para tí, pero siempre algo.
Pienso ahora en el día que ha pasado.Veo lluvia, una clase escuchándome, una reunión en la otra punta de la ciudad.El taxista que no me hablaba.Yo, agradecido, escuchaba con él las noticias en la radio.Todo me resultaba lejano.Al pasar junto al mar, he visto las olas gritar, todo espuma, todo gris.Al mediodía comida con los compañeros de trabajo y otra reunión por la tarde.Hablábamos de ellos, los alumnos, como siempre, y de qué podíamos hacer para ayudarles.En las caras se veía cansancio.Tanto esfuerzo para tan poca recompensa.Discusiones, risas y alguna que otra cara larga. Más tarde cuando me he quedado solo,me he sentado a mi mesa de trabajo.Una selva de papeles la inundaba.He tratado de poner orden en ese caos de notas,avisos, apuntes, libros y cuadernos.He mirado el correo, he contestado lo urgente y al fin he dicho: es suficiente.He salido a la calle desierta y he sentido el frío por todas partes.Lo que más me alegra es seguir sintiendo prisa por llegar a casa.Imaginar que allí dentro todo es cordura, que hay risas esperándome.Salir de casa para volver a entrar.Merece la pena.
Ahora, después de cenar, estoy aquí sentado, mirando las teclas y la pantalla.Queriendo que las palabras expresen por sí solas lo que se agita en mi cabeza.La ventana está cerrada.Agua, lluvia y granizo pugnan por entrar.Yo contento de estar aquí adentro.Robo horas al sueño, no quiero perderme estos momentos.Mañana es viernes y Billie canta otra vez.
Deja un comentario