Cuando todo está oscuro

Cuando todo está oscuro, cuando todo está quieto, cuando ocultos en la noche cerramos los ojos y tratamos de no pensar en nada. Cuando entre las sábanas todo es difuso. Cuando se acaba hoy y no queremos mañana. Cuando tú y yo estamos juntos y a infinita distancia. Cuando el sueño trata de doblegar la consciencia. Cuando vemos bajo los párpados más nítidamente que a la luz del día. Cuando empezamos a sospechar qué puede ser la muerte. Cuando nos vamos, poco a poco, hundiendo en el dulce olvido de la nada. Cuando caemos, al fin, fuera del tiempo. Cuando sin luz ni consciencia creemos encontrar la paz del descanso. Surgen entonces imágenes, palabras, sonidos. recuerdos desfigurados, rostros ocultos, deseos desvelados. Todos mezclados, todos sin la estricta lógica del tiempo ordenado. Aparecen miedos que nos agitan, obsesiones disfrazadas para hacerse irreconocibles, palabras dichas entonces pero entendidas ahora. Nuestros ojos se mueven bajo los párpados, ven sin luz, no pueden detenerse. Nuestro cuerpo inconsciente se agita, se mueve, camina e incluso vuela sin dejar de estar completamente inmóvil. El descanso, la paz, la dulce muerte dejan paso a las inquietudes del alma. La vida continúa.

Al abrir los ojos, perdidos aún entre dos mundos, vamos lentamente recobrando una consciencia y perdiendo la otra. Aparecen de nuevo los objetos que nos devuelven al mundo mensurable. La lámpara, el cuadro en la pared, los libros en la mesilla y el reloj que incansable deja escapar los segundos. A mi lado sigues tú fuera aún de este mundo. Respiras tranquila, estás quieta. Transmites paz pero yo sé que allí adentro no corre el tiempo y mezclas en un presente continuo las calles de tu infancia, personas que no están, visitas inesperadas, caras desconocidas, miedos olvidados y mundos perdidos.

También tú despiertas. Abres los ojos, los vuelves a cerrar para permanecer allí donde estabas. También tú entre dos mundos que por un instante se mezclan. Al final la hiriente luz del día te saca del limbo buscado que habitabas. Ahora sí, el olvido se hace dueño y sólo ves ante ti el tiempo marcando las horas.

Me levanto. Te levantas. El mundo que hasta hace poco habitábamos se escurre como agua entre los dedos, se va, es imposible detenerlo. Humo desvanecido por el viento.

Miro la hora, miro a través de la ventana. El cielo está gris. La calle aún está vacía. Huele a café. El agua está caliente. La ropa en el armario. Ordeno mis papeles. Antes de irme miro la cama blanca. Aún conserva el contorno de los cuerpos. No puedo recordar el mundo del que vengo. Sé que está ahí. Sé que se escapa.

Abro la puerta. Doy un paso adelante. Me engulle el tiempo.

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