Del objeto y del sujeto

La diferencia entre lo objetivo y lo subjetivo es que el primero nos da seguridad y el segundo no. Lo curioso es que debería ser al contrario. Lo subjetivo es lo real y lo objetivo no deja de ser algo imaginario; una idea, una hipótesis. Lo objetivo escapa, para nuestro descanso, de interpretaciones u opiniones. Lo subjetivo nos obliga a un cierto compromiso. La única manera de plantear una hipótesis es partiendo de un hecho subjetivo. Del elefante que vemos ascendemos a la idea de elefante. Del afecto que sentimos al amor y de nuestra opinión subjetiva al concepto de verdad. Hablar de absolutos termina siempre siendo tan impreciso como cualquier frase que comienza por yo pienso o yo creo.

Ni la verdad, ni el bien, ni la justicia ni la belleza pueden ser captados en términos absolutos ni objetivos. Son conceptos abstractos que nos guían. Son sentido y referencia. Son el destino que imaginamos después de experimentar nuestras percepciones. No hacemos el bien siguiendo el dictado de un valor absoluto sino que del pequeño bien cotidiano ascendemos al abstracto bien absoluto. Si la verdad fuera una, si fuera clara y convincente, se despejarían todas la dudas, no existirían interpretaciones ni mucho menos creencias. Tener una opinión se convertiría en mera entelequia.

La mayor aportación del ser humano, el arte, es un ejemplo perfecto para distinguir entre los fines que perseguimos y los medios utilizados. El arte recrea, no transmite, la belleza. La interpretación de un hecho artístico está en las antípodas de lo objetivo. Cuando digo que la belleza nos lleva indefectiblemente hacia la bondad no estoy diciendo realmente nada, y menos nada concreto. Si digo que la contemplación de objetos bellos hace que me comporte mejor, estoy diciendo algo más concreto y humano.

Las ideas platónicas estaban fuera de este mundo. La hipótesis fue suponer que aquel mundo inmarcesible era el verdadero. El propio Platón reconocería que sin un caballo o un árbol previos nunca podría haber ascendido tan alto. El mismo concepto de dios nos aleja de la realidad. Es otra hipótesis, plausible para algunos, a la que nos agarramos como a un clavo ardiendo. Dios, como entidad abstracta siempre acaba apartándonos de lo cotidiano y lo concreto. Decir que es una verdad necesaria es como hacer un salto al vacío con la lengua y sus trampas.

El dios cristiano, ese ser absoluto, infinitamente sabio y bueno tuvo que concretarse en carne y hueso ante los hombres para que sus seguidores comprendiesen que lo bueno se hace y no se piensa, para demostrar que la bondad duele  y no es ajena. El único fallo del plan divino es que lo que importa del hijo encarnado es su humanidad. Su ejemplo se convierte en referencia abandonando la hipótesis paterna. Dios trajo a su hijo para acercarnos al padre. El hijo acabó alejándonos de él.

La justicia funcionaría si nadie dudara de ella. Como lo nuestro es dudar, la justicia como hipótesis de nada nos sirve. Necesitamos actos justos que podamos comprender. Decisiones que convengan y no un concepto etéreo que vive en las alturas. El concepto de justicia no está ahí para que lo cojamos. Nace de la necesidad. Nace de algo tan práctico como la organización de la vida en común. Su concepción ha ido variando con el paso del tiempo. Sin embargo el concepto abstracto e irreal de justicia sigue viviendo, desde tiempo inmemorial, por encima de las nubes. No es difícil definir la justicia como dar a cada uno lo suyo. El uno es algo objetivo. Lo suyo terriblemente subjetivo.

La verdad  como base de todo conocimiento sigue siendo, a pesar de todos los humanos esfuerzos, un concepto escurridizo sobre el que nunca termina de haber acuerdo. Al hablar de ella lo mismo aparecen las revelaciones, la razón o  las experiencias. Demasiados mimbres para hacer un cesto que contenga algo limpio y objetivo. La dificultad está en ese algo que está dentro del cesto. Tal vez ese algo no haya nacido para ser verdadero. El empeño en buscar la verdad es tremendamente humano. La frustración de no encontrarla también. La tentación es, desde siempre, imponerla.

Mi opinión no está avalada por estudios científicos. No pretende, por incapacidad, ser objetiva. Las opiniones no tienen valor en sí mismas, por eso son subjetivas. Si a alguien le interesan estas palabras, ideas y opiniones, debe plantearse si lo que hace es dar valor a lo que lee o descubrir valores que ahora se le desvelan. En el primer caso sería algo totalmente subjetivo. En el segundo sería un descubridor de valores objetivos. Yo, aunque me atraiga la idea de ser descubierto como un nuevo continente o planeta lleno de nuevas verdades, me temo que no soy más que una opinión expresada con palabras escogidas. Tiendo a pensar que yo soy yo y que mi yo platónico sigue perdido en las nubes.

Un día en el museo

Parece increíble pero en este período aciago en el que todo son malas noticias, hay gente a la que le sonríe la fortuna. Antolín, hasta hace poco tiempo sumido en la negrura insondable de la depresión, ha encontrado algo donde asirse, una tabla de salvación que le arrastre hasta la luz del día. ¿Pareja? ¿Dinero? No. Simplemente ha encontrado trabajo. Bien más escaso hoy en día que los metales preciosos o el petróleo.

Ahí está. Le veo todo ufano en su casa preparando todo lo necesario para su nuevo cometido. Antolín es ahora profesor de un oscuro colegio en una oscura capital de provincia. Suple sus nervios con entusiasmo, sus dudas con ganas y su incipiente calva con donaire. Se ha comprado ropa nueva que le proprcione la prestancia necesaria. El medio es el mensaje y ahora el medio es él. Plancha con mimo sus recién comprados tejanos Yevi´s. Ante la duda los plancha con raya. Sus alumnos son jóvenes y piensa que algo informal será más práctico para acercarse más a ellos. La camisa, blanca y verde a rayas marca Tollins (sin apóstrofe), ya está preparada en la percha. Como calzado ha elegido unas deportivas Adadis que completarán a la perfección su nueva imagen juvenil. Las gafas, como todo buen profesor que se precie, las llevará con una cinta colgadas al cuello. Son unas gafas de pasta color vino Burdeos. Una vez acicalado y vestido se mira en el espejo y sonríe. El mundo es mío, piensa confiado, y se sonríe a sí mismo. Se pone un momento las gafas y se saluda poniendo los dedos índice y corazón en la sien izquierda. Antolín es zurdo y esto, lo sabe, le da una cierta singularidad. Apaga la luz, abre la puerta y se lanza al mundo para comérselo.

Antolín ya conoce a sus nuevos alumnos. Estuvo en el colegio y el director le llevó a su nueva clase para presentárselos. No sabe muy bien qué pensar. Algunos ni tan siquiera le miraron. Él sabe que tal vez su porte y el traje que llevaba ese día les cohibió. Por eso ha decidido cambiar de look. Quiere estar más cerca de ellos. Otros levantaron un par de segundos la cabeza de sus móviles y le dirigieron una simpatica mirada. Después de eso el whatsapp les requirió su plena atención. Antolín, frustrado, dirigió su discurso de presentación a la única alumna que parecía ser consciente de su presencia. A pesar de ello, él no se inmutó y le explicó todos sus proyectos y deseos para el curso. Cuando Antolín salió de la clase, ella se quitó los auriculares.

Como Antolín es un profesor moderno, pidió permiso al director para llevarse a su grupo de excursión el primer día de clase. Extrañado, el director accedió a su propuesta siempre después de preguntarle si estaba seguro de lo que hacía. Antolín le explicó que pensaba que un día fuera del aula sería más adecuado para conocer a sus futuros pupilos.

Hoy con sus tejanos y sus deportivas se dirige al colegio al encuentro de sus chicos. Ellos no saben nada de sus planes. Ha decidido llevárselos al museo. Está seguro de que el arte será un perfecto intermediario para el acercamiento.

Cuando entra en el aula son sólo las ocho de la mañana. Está un poco nervioso pero animado. Con un juvenil ¡yepa! trata de romper el hielo. Ellos le miran como se puede mirar a un oso en el zoo. Nadie responde. Antolín hace caso omiso del desprecio y les comunica sus planes. Viene preparado para aplacar los gritos de entusiasmo ante la perspectiva de una salida inesperada. En vez de eso se encuentra con todas las voces a una diciendo: ¡un museo! ¿Estás loco?

Impertérrito les pregunta por sus museos preferidos. Ellos, se miran, le miran y no dicen nada. Por fin, uno se lanza y afirma que una vez visitó un museo del chocolate. Lo mejor es que les dieron una buena cantidad para probar. Los demás seguían atónitos.

Antolín les explicó que iban a ver un museo de arte. En concreto un exposición sobre los precursores del pop art. Pensaba que la palabra pop les iba a alegrar los ojos. Pero no, a juzgar por sus caras, parecía que les hubiera hablado en alemán.

Venciendo la proverbial pereza que atenaza a todos los jóvenes a las ocho de la mañana, cogieron sus cosas y siguieron a su extraño profesor camino de la calle.

La guía del museo les esperaba en la entrada. A Antolín le costó lo suyo convencerles de que debían quitarse los cascos, apagar los teléfonos y dejar de comer palmeras forradas de chocolate. Tras un largo proceso de negociación y alguna que otra humillante súplica, ellos accedieron. Le concedieron el beneficio de la duda y unos minutos de tregua. Ya en el camino les había tenido que explicar que el hachís no era necesario para ver arte.

La guía, menos entusiasta que Antolín, les recibió con precaución. Los llevó a un aparte y les llenó la cabeza de cosas que no podían hacer. Después de eso se dirigieron al centro del inmenso hall de entrada y les explicó lo que iban a ver. Antolín, siempre atento y acorde a los tiempos, propuso que se sentaran en el suelo formando un círculo. Así las explicaciones de la guía serían mejor recibidas. Como él ya se había sentado, a ella no le quedó más remedio que acceder. Allí estaban ellos, fumando la pipa de la paz. La guía como Toro Sentado les hablaba. Los demás visitantes pasaban a su lado pensando que se trataba de una performance o una escultura viviente al estilo Gilbert & George.

La primera parte de la explicación fue sobre el edificio. Les habló de los materiales con que estaba construido y del arquitecto. Cuando preguntó quién era todos pusieron cara de paisaje. Antolín, para congraciarla le dijo que el ya lo conocía. Quitando el protagonismo a la guía contó a los chicos que ese arquitecto diseñaba sus edificios inspirándose en la forma que adquiría un papel arrugado al tirarlo al suelo. Esto fue el acabose, un alumno enloquecido dijo que él ya había visto eso. En televisión. En los Simpsons. El museo, el pop art y la guía pasaron a ser entidades no existentes y todos empezaron a recordar aventuras de Homer y familia. Antolín no sabía si alegrarse por su capacidad de promover debates o preocuparse por la cara de la guía que le miraba como Jack Nicholson miraba a la nada en El Resplandor.

Finalmente, se acercó un guarda jurado y les solicito un poco menos de entusiasmo.

La guía, llena ya de aprensión, les pidió que se levantaran y se los llevó de allí hacia la exposición que ella debía enseñarles.

La sala inmensa. En las paredes casi desnudas se veían no más de veinte cuadros. Al fondo, en una espcie de cabinas, se proyevtaba algún video. Se pararon ante el primer cuadro. Antes de que Antolín dijera nada los estudiantes ya estaban sentados en el suelo. Respirando en ocho tiempos la guía hizo como si nada sucediera y procedió a desentrañar los misterios del arte. Pedagoga como era, se sirvió de la escuela socrática para su propósito. Comenzó, así, a hacer preguntas: ¿Qué veis aquí? Silencio. ¿Qué os llama la atención? Sonrisa. ¿Qué tipo de pintura es? La de un niño. Antolín muy intersado en este punto de vista le pidió al alumno que se explicara. Aprovechando su minuto de gloria el improvisado crítico explicó que él sólo veía la cara de un cerdo y palabras escritas a su alrededor. La guía, roja de ira, le reprendió por su falta de respeto y le dijo que se encontraba ante un cuadro fundacional del arte pop, que era evidente la crítica que el cuadro hacía hacia los que compran arte como quien compra chuletas de cerdo. El alumno, inflexible, dijo que eso lo pintaba mejor él. Antolín medió sugiriendo que todas las opininiones eran respetables. La guía Nicholson poseía ya no sólo la mirada de Jack sino que deseaba tener su hacha en las manos.

El segundo cuadro era más fácil. Más de cien caras repetidas de una famosa actriz en diferentes colores. La guía, levemente repuesta del incidente anterior, les habló del autor y les preguntó si no conocían sus famosos cuadros de una lata de tomate. Antolín, siempre atento, les dijo que aquel artista había pintado objetos cotidianos y populares; como si alguien hoy en día pintase una lata de tomate Orlando. Una alumna, esta vez, se maravilló de lo idiota que hay que ser para comprarte una lata de tomate en un cuadro. Todos le rieron la gracia. Antolín también.

Temiendo que su presión arterial no aguantara más síncopes, la esforzada guía cambió de tercio y, pensando que la imagen en movimiento les resultaría a aquellos incautos más comprensible, se dirigió hacia las instalaciones de vídeo. En aquella habitación oscura, una vez más sentados en el suelo por la fuerza de la costumbre, Antolín y sus chicos se dispusieron por fin a ver algo entretenido. Primer problema: la película era en blanco y negro y eso, por todos es sabido, no es cine. Es otra cosa. El lamento ruidoso lo oyó una vigilante de la sala que se encontraba a unos setenta metros de distancia. Segundo problema: era muda. Eso, no es que no sea cine sino que es una tomadura de pelo. En venganza, la banda sonora la pusieron los alumnos. Antolín, que cree que el arte es rebelión no cabía en sí de gozo. La primera lágrima asomaba por la cara de la guía que la sorbía oculta en la oscuridad. La película no era tal. Eran episodíos de cuatro minutos cada uno donde un personaje cada vez posaba ante la cámara. La máxima acción llegaba cuando uno de ellos se rascaba suavemente la nariz. La guía trató de explicarles que todos ellos eran famosos escritores, músicos y artistas que se prestaban a tan excitante experimento. Nadie la oyó. Algunos se habían tumbado, otros miraban para otro lado y los más hablaban en pequeños grupos. Denis Hopper se quedó solo mirando a la cámara. La guía deseperada pero escarmentada no osó poner el otro vídeo que tenía preparado. En él un famoso pintor permanecia impasible ante la cámara, no cuatro minutos sino la eternidad entera. En vez de eso, se acercó a Antolín y, como quien no quiere la cosa, le propuso que tal vez fuera mejor ver un último cuadro y así luegon podian ver el resto del museo por su cuenta. A Antolín le pareció una excelente idea. Así podría debatir de tú a tú sobre arte con ellos.

Dicho y hecho. La guía les llevó a otra sala donde había dieciséis cuadros del mismo autor. Todos mostraban el retrato de dos personas sentadas en un sofá. Variaban en el color y en el estilo. Lo peculiar era que los personajes estaban retratados boca abajo. Se trataba de dos hombres pero uno estaba vestido de mujer. Sobrevalorando los conocimientos de historia de los visitantes, la guía trató de poner un buen punto final a tan desdichada jornada. ¿Sabéis quienes son? Ante su pregunta algunos alumnos voltearon su cabeza para tratar de ver el cuadro al derecho. Nadie dio respuesta. Ella trató de ayudarles y les dio una pista que les sirviera de referencia: la Unión Soviética. Cuando oyó que una voz decía ¿qué es eso? no cejó en su empeño y añadió: uno se llamaba Vladimir y el otro Joseph. ¿Y? fue la única respuesta. Se rindió. Antolín poniendose las gafas les explico que se trataba de los dos líderes más importantes de la Unión Soviética. Cuando como único comentario se escuchó un ¿puedo ir al baño? Antolín se dio cuenta de que el debate no había sido bien planteado. La guia sususrró unas palabras y desapareció como alma que lleva el diablo. Antolín se llevó a los chicos de vuelta a la planta baja. Para ello tuvieron que montar en un ascensor de un tamaño descomunal. Eran más de veinte y todos entraban en él cómodamente. La bajada fue rápida. Al llegar abajo todos dijeron: ¡que guay! podemos repetir.

Antolín, comprensivo, joven, moderno y artista rebelde les dijo: por supuesto. Así estuvieron un buen rato. El disfrute acabó cuando la seguridad del museo les invitó a abandonar el edificio.

Tentado estuvo Antolín de pedir a los chicos que se sentaran en el ascensor al grito de no nos moverán.

Feliz, a pesar de todo, les dio el resto de la mañana libre. El se dirigió contento a su casa. Sólo le preocupaba un poco que la raya de sus tejanos se estaba empezando a desdibujar. En su mente iban y venían nuevos proyectos académicos. Mañana más y mejor. Su camisa Tollins (sin apóstrofe) verdiblanca desapareció con él cuando dio vuelta a la esquina.

Éxtasis y serenidad

Leía ayer y me sorprendía al comprobar lo que el ser humano es capaz de hacer aun en los momentos más espeluznantes. Leía, como decía, las palabras de un niño de catorce años encerrado por los nazis en un ghetto a unos sesenta kilómetros de Praga. Él no sabía que su siguiente viaje iba a ser el último y sin retorno. Auschwitz sería su destino final. Allí murió aplastado en una cámara de gas por los que eran más altos y fuertes que él y trataban de respirar el poco aire que quedaba en lo más alto del barracón.

Mi amigo, en los dos años que pasó en el ghetto fue promotor de una revista que circulaba allí entre muertos vivientes y además, dedicaba su tiempo a reflexionar sobre lo divino y lo humano. Todo le interesaba. Tenía a su disposición a grandes pensadores y científicos que como él pasaban los últimos días de sus vidas encerrados en esa cárcel al aire libre poblada por el hambre, el terror y la miseria.

Es cierto que me da un poco de rubor hablar de uno de sus textos cuando la tragedia que lo rodeaba se impone a nuestras conciencias mucho más allá que las palabras que brotaban de su despierta e infatigable mente. Aún dolorido por su experiencia y sorprendido por la madurez que poseía siendo un niño todavía, no quiero dejar de comentar algo que llamó mi atención. He pensado muchas veces en esto y por eso ayer disfruté mucho comentándolo con él.

Nuestra tesis, gracias por dejar que me incluya, sostiene que hay dos tipos de arte. Él los llama arte sereno y arte extático En gran medida depende del material que escojamos para expresarnos. Nada tienen que ver la palabra y la piedra por ejemplo. La obra de arte serena no permite que llevados por la emoción de un momento plasmemos nuestro sentimiento sin pensarlo. Un escultor no se puede abalanzar sobre la piedra y, dejándose arrastrar por el fulgor momentáneo, golpearla sin piedad para mostrar en un momento lo que ha despertado su ansia de expresión. El escultor, por seguir con el ejemplo, está condenado a trabajar poco a poco, meditando y trazando cada una de sus líneas con sumo cuidado. Escultura y éxtasis se oponen por principio. El escultor no puede elegir entre el impulso y la serenidad. La piedra le obliga a ser sereno.

Otros artistas tienen la opción de elegir. Un músico, un pintor o un poeta pueden, dependiendo de su temperamento o de la simple ocasión, dejarse llevar por el impulso que les impele a crear o meditar serenamente sobre la obra que llevarán a cabo.

El arte extático está gobernado por los estados de ánimo. Por ello puede ser absolutamente cambiante, no tiene por qué mostrar lo que realmente somos sino que puede responder a la reacción inmediata de un momento. El artista sereno, acaba mostrando lo que es. Su interior es tallado en la piedra que poco a poco va trabajando.

Los artistas serenos se pasan la vida corrigiendo y perfeccionando. Son ellos mismos los que se desnudan en cada palabra o pincelada. Los extáticos funcionan por la imperiosa necesidad de expresar lo que sienten en un determinado momento. Lo curioso del caso es que unos pueden escoger pero los otros no. El medio lo impide.

La última cuestión se plantea cuando nos preguntamos quién escoge a quién. La piedra me hace sereno o elijo la piedra porque lo soy.

La contradicción anida en mí. Sueño con conseguir la serenidad, la persigo y no conozco estado más humano y, sin embargo, admiro el éxtasis de quien es capaz de plasmar un sentimiento en un papel, una partitura o un lienzo sin titubear, dejando que su mente se arrastre por la fuerza inagotable de un instante. No me importa en absoluto que al día siguiente, nuestro poeta, escritor o pintor dibuje un trazo completamente diferente.

Me dormí ayer pensando en estas cosas pero soñé con una Praga ocupada, donde los pensamientos y el arte de nada sirven cuando una J pegada al abrigo te hace la víctima perfecta de un monstruo que nada sabe de serenidad ni de éxtasis, de arte  ni conciencia y cuando los demás al verlo miran para otro lado y con el tiempo tienen la serenidad suficiente para olvidarlo.

Petr Ginz y Jusamawi

Tierra amarga

Ciento treinta y ocho minutos sin quitar los ojos de la pantalla.Cuando algo consigue atrapar tu atención hasta el punto de olvidar que estás sentado en una butaca y que hay otras personas alrededor,entonces has experimentado el cine.¿Qué ha sucedido?Simplemente has tenido la demostración de que es posible vivir fuera de ti mismo.Cuando recuerdas una experiencia así, nunca te ves a ti sentado mirando las imágenes.Tú no existes en ese recuerdo, te has desvanecido y la vida de otros pasa a ser tu propia vida.No hay una frontera que separe los ojos de la pantalla.Esa experiencia, única e intransferible es muy difícil de explicar.Lo que queda después es la prueba del tiempo.Hay ocasiones en las que, como sucede con los sueños,las imágenes vividas y las sensaciones experimentadas se van desvaneciendo y al cabo de un tiempo no queda huella alguna,al menos consciente.En otras, sin embargo, sientes que algo ha anidado en ti y que pasa a ser parte de tu biografía.La vida nos va conformando y son estas experiencias las que se encargan de moldearnos.

Ayer vi una película que probablemente no pasará a la historia, pero que para mi es un perfecto ejemplo de maestría.Todo está en su justo lugar.Martin Scorsese,su director, juega con los espectadores,les lleva de una posibilidad a otra, de un punto de vista a su contrario y nosotros le seguimos dócilmente sin rechistar.Contar una historia es difícil.Contar una historia inverosímil y hacerla creíble lo es más todavía.Él lo consigue.Creo que esta película es un ejemplo de lo que  debe ser el trabajo de un director de cine.

Miedo, misterio,suspense y los intrincados caminos que la mente humana puede recorrer se nos muestran de tal manera que uno no juzga, según ve la película, verosímiles o no.Se participa de la historia, se vive en la piel del protagonista como si todo lo que sucede fuera más real que nuestros propios ojos que la ven, que nuestros oídos que  la escuchan,  que nuestro corazón que siente y  que nuestro cerebro, incapaz de detenerse a pensar en lo que está viendo.El Señor Scorsese nos lleva de la mano y le seguimos.No cerramos los ojos para no ver lo que nos asusta,no somos capaces de asimilar las pistas y las claves que él va dejando ante nosotros.Vivimos en ese mundo de pesadilla que nos muestra como si el mundo entero fuera una pesadilla.De la misma manera que no podemos escapar de nosotros mismos tampoco podemos huir de la isla a la que él nos ha llevado.La isla,en verdad, somos cada uno de nosotros y en ella pueden ocurrir todas las cosas imaginables.Creer en todo eso, vivirlo como la realidad más cercana,esa es la experiencia fundamental del cine.El poso que la historia nos deje,las enseñanzas que podamos aprender  son otro asunto.Shutter Island es un ejercicio de cine.Shutter Island es una historia que nos engulle y que cuando acaba nos da la oportunidad de comprender que el arte ante todo es arte.El arte no entiende de moral.El arte es creación.El influjo que pueda tener en cada uno de nosotros es un tema completamente diferente.

Expresiones manidas como cine en estado puro vienen bien en casos como éste.No sé si esta película es una obra maestra. Lo que sí sé es que es una enorme lección de cine.

Al acabar la película,no sé por qué, la gente se levanta de sus asientos y abandona la sala presurosa.Yo no puedo.Me quedo clavado en el asiento.El último regalo de Scorsese es sólo para mí. Con el cine ya vacío,todavía a oscuras, y mientras pasan los créditos  suena una guinda perfecta que se incrusta en mi cerebro.Anonadado por lo que he visto,soy presa fácil de lo que ahora escucho.Los acomodadores preparaban la sala para la próxima sesión.Parecían no ser conscientes de lo que estaba ocurriendo.

Salí del cine.Vine a casa.Busqué esa música hasta encontrarla y la escuche una y otra vez.Hoy la dejo aquí para quien quiera apreciarla.Si alguien quiere ser director de cine que pase primero por taquilla.

El nuevo color rojo

Hace tiempo que andaba tras ella.Si el impulso existe, éste es uno de esos casos.La música es parte de mí y no puedo separar mi biografía de ella. No se limita a acompañarne o a ser la banda sonora de mis pasos.Tengo sangre, tengo huesos y carne.Estoy lleno de pensamientos, de palabras y de música.Para mí es algo tan serio e importante que me subleva el consumo que se hace de ella.Una de  las cosas que más detesto es llamar música a lo que no lo es.Me da igual que me digan que para gustos están los colores.Las radios y televisiones  de música comercial con sus listas de éxitos que no hacen más que promocionar lo que las discográficas pagan  por promocionar deberían estar prohibidas.No son un ejercicio libre, son puro engaño.Son llana y simplemente una estafa.Llenan la cabeza de incautos oyentes de basura,haciéndoles creer, además, que ellos escuchan lo que quieren escuchar, que son los que deciden.La mayoría de las discográficas tratan a sus productos, esto es lo que son, como mercancias.Son su invento, un puro artificio.Todo, absolutamente todo,ha sido creado;el estilo, la voz, el aspecto,la audiencia. Ofrecen nada envuelta en paquete de regalo.A esa nada le llaman arte y al incauto que toma parte de ese juego macabro, artista.Los convierten en esclavos.Sus vidas pasan a no ser suyas y les indican lo que tienen que decir, hacer,vestir,opinar y aparentar.

La música y los músicos que han llenado mis días son tan importantes para mí como lo son mis amigos o mis libros.Siempre he dicho que no tengo raices, al menos no las siento.Me da igual la tierra en que he nacido, el país en el que vivo o los paisajes que yo no he escogido.Miento, sí hay algo que siento como propio, como raiz de lo que soy y nada tiene que ver con patrias o banderas.La música que me ha atravesado como los libros que me han dejado mudo forman la única patria que siento y la única que me merece respeto.

Con el paso del tiempo uno se va dando cuenta de que los amigos que permanecen son cada vez menos.Como compensación,los que quedan ocupan cada vez un lugar más grande.No importa que tengamos muchas relaciones,mucha vida social.La realidad es que sólo unas pocas huellas permanecen.Debe de ser que tenemos poco espacio en el alma. Con la música ocurre lo mismo.Creemos enamorarnos muchas veces pero siempre hay una vez o unas pocas veces en que descubrimos que lo que antes llamábamos amor no lo era en absoluto.La música y los músicos que aguantan el paso del tiempo, que son inseparables de nuestros recuerdos y que nos vienen a la boca como palabras o amigos queridos son asímismo unos pocos.No se trata simplemente de recordar la canción que sonaba cuando conocimos a alguien,o el disco que escuchábamos cuando nos dejó nuestra primera novia.Es mucho más.Del mismo modo que uno va forjando sus ideas y opiniones también, sin darnos cuenta,vamos absorbiendo unos sonidos, un lenguaje diferente al de las palabras, que no es necesario comprender, que nos ha hecho sentir y ver , desde dentro, de una manera especial y real todo aquello que nos rodea.

En este constante avanzar en el que hemos de quedarnos con lo esencial cada vez ponemos más barreras de entrada a lo nuevo.De vez en cuando, a pesar de nuestros esfuezos,algo nos sorprende cuando ya pensabamos que todo estaba dicho.Ese descubrimiento que se abre paso a través de nuestras defensas tiene el mérito añadido de ser capaz de saltarlas.Ya no somos esponjas.Nos vamos quedando secos.En esas condiciones recibir algo nuevo que nos llene tiene que ser doblemente celebrado.

Volviendo al principio,llevaba tiempo queriendo hablar de una de esas ocasiones en que la sorpresa me ha estallado en la cara.Es una mujer, en un mundo donde los hombres marcan casi todos los caminos,una mujer joven que nació en Madrid pero que canta en inglés.Llega y no se va.Se queda y su voz revuela en nuestra cabeza.Celebro lo que tiene de independiente, de original y de hacer lo que quiere hacer.No sé lo que le deparará el futuro.Espero que sea el que ella decida.Sólo le pido eso: que nadie decida por ella. De momento yo le he amueblado una habitación en mi alma.

Hijos del miedo (recordando a Hobbes)

El miedo fue el principio, el miedo es lo que nos une, el miedo está en el origen de la sociedad.Es así de sencillo.Al final todo es una cuestión de pragmatismo.

El ser humano no puede sobrevivir solo, necesita de los demás.Podemos pasarnos una eternidad intentando demostrar que  algo noble en nuestro interior  nos impulsó a compartir pero no es cierto.No lo es, al menos en el origen.

Los animales no tienen amigos. Cada uno defiende su territorio y ve al otro como un posible rival.Para seguir viviendo tiene que dormir con un ojo abierto.Nuestra especie dio un paso adelante y no pudiendo soportar la incertidumbre constante se unió al enemigo.Yo te tengo miedo a ti, tú me tienes miedo a mí.Mantener esta situación supondría seguir las leyes de la naturaleza donde el fuerte acaba con el débil.Esto sería lo natural y lo natural no entiende de ética ni de buenas o malas intenciones.Nadie está seguro de ser el más fuerte o, dicho de otro modo, no hay rival pequeño.Lo que impulsa a dos rivales a trabajar en común es el temor que se provocan mutuamente.
El proceso civilizador es el que partiendo del miedo nos lleva a una convivencia en la que aspiramos a ser todos iguales, al menos sobre el papel.Los derechos humanos intentan modificar y contradecir los dictados de la naturaleza.Todos somos iguales en derechos y deberes. Se lucha para que no haya dominados y dominadores,amos y esclavos, fuertes y débiles.
El consenso y la convención no nacieron naturalmente,fueron resultado de la necesidad humana de vivir en grupo, de reconocerse en el otro.Son puro artificio y ahí reside su valor.El arte no imita a la naturaleza.La tranquilidad es producto de la seguridad.La seguridad sólo la proporciona el saberse igual al otro.No sentirse amenazado constantemente es la condición necesaria para que podamos cerrar los ojos y soñar, para que seamos capaces de desprendernos del miedo y dedicarnos a la creación.
La lucha constante por la igualdad tiene como resultado la autoimposición de leyes que coartan nuestro libre albedrío.Las leyes nos constriñen.
Si aceptamos que un mundo sin normas no es más que una quimera o el sueño inalcanzable de unos locos, hemos de admitir que la libertad individual tiene siempre límites.
Lo mismo puede decirse de los dioses.Existen para vigilarnos y para recordarnos que somos obra suya.Ante dios pretendemos ser todos iguales.Es el juez supremo que castigará al fuerte por abusar de su poder.Las leyes de dios son para todos, nadie se libra de su cumplimiento.Los dioses, también, surgen del miedo.
El terror a lo desconocido nos ha hecho crear dioses a nuestra imagen y semejanza.
La evidencia de que el consenso es la única vía que puede garantizar la paz nos ha hecho inculcar este hecho de generación en generación.La educación trata de quitarnos el miedo y nos quiere hacer entender que la dignidad humana está por encima de cualquier limitación.La sociedad igualitaria llegará a serlo porque un día tuvimos miedo.Preferimos un mundo que suma voluntades a costa de ceder libertad .En el terreno político esto tiene un peligro:la dictadura. Da igual que el dictador sea uno que impone lo que considera  conveniente para todos y reprime cualquier desviación  o que quien tome las decisiones sea un grupo de elegidos, una asamblea imaginaria del pueblo que dice actuar en su nombre pero que prohíbe la disidencia.
El mundo actual sigue funcionando del mismo modo.Los países se temen, se miran con recelo y tratan de mostrar su poder al resto.Aunque sepamos que somos más fuertes que nuestros vecinos, tememos el daño que nos puedan ocasionar.Es más práctico aliarnos que separarnos,sumar que restar.
Lo sorprendente de este proceso es que hayamos sido capaces, a veces, de olvidar el miedo primigenio y convencernos de que la armonía es algo natural.Una cosa es decir que el miedo nos ha enseñado a mejorar y otra, muy distinta, es caer en el error de pensar que naturalmente nacemos iguales y libres.
Lo sorprendente, también, es que se llama optimista al que cree en la bondad innata del ser humano.Si esto fuera así, los optimistas tendrían que ser muy pesimistas al comprobar el fracaso de ese ser bueno.La realidad es la contraria. Si algo puede hacernos albergar alguna esperanza es precisamente lo contrario.Siendo hijos del miedo hemos sido capaces de sobrevivir y de lograr ciertas cotas de progreso en un mundo que, a pesar de todo, huele todavía a podrido.

Que del miedo surjan conceptos como paz, igualdad y libertad y que un cierto número de personas crean incluso en ellas nos da un cierto atisbo de esperanza.Bastante es que, al menos, estas palabras existan, se griten, se exijan y se escriban sobre papeles que duermen el sueño de los justos.
Dormir a pierna suelta y con los dos ojos cerrados es el privilegio de algunos humanos.Puede que sean unos inconscientes pero se han atrevido a hacerlo.La mayoría sigue sufriendo terror nocturno.

Damien

Era un atardecer de esos que invitan a cerrar las cortinas y mirar para adentro.Era una invitación a no hacer nada.Un rato de cine parecía una buena idea.Dejar que el mundo pase ante tus ojos y montarte en él si te apetece  y, si no, dormir plácidamente.

Busqué entre las películas pendientes y pasé un buen rato seleccionando la más adecuada.Allí apareció, una entre tantas,yo la escogí.Se trataba de  “Closer”, pero eso ya no importa.Era tan solo  un bello envoltorio para la perla que dentro encerraba.Lo que queda de aquel día no es la película sino algo que sucedió en ella.Hay una escena en la que suena de fondo una canción.Dejé de ver las imágenes y quedé enganchado a la voz que cantaba.

Closer se fue, la canción permaneció y yo con ella.Acción y reacción, causa y efecto.Atardecer despiadado, quedarse en casa, Closer, canción,internet,google,teclear el título, y encontrarme con él.Amor a primera vista.Mi nuevo amigo.Él no sospechaba que a partir de entonces no dejaría de ser  parte de mis días y de mis paseos.Otro irlandés.Y van…

Damien Rice representa algo que me gusta, que admiro y envidio.Es un artista y eso,en estos días en que esta palabra está tan desgastada, tan devaluada,en que casi todos los que la utilizan la desprestigian, me hace concebir alguna esperanza.Gracias a gente como él los ladrones de palabras quedan al descubierto y vemos lo que simple y llanamente son:vulgares ladrones, impostores de la nada,becerros de oro adorados por un mundo adocenado.

Damien es un artista independiente en una época en la que si no te identificas con algo eres transparente.Es fiel a una forma de hacer, de escribir, de componer y de interpretar que es suya, nada más.Lo tomas  o lo dejas.Conectas o no.Eres de seda o de hierro.

Hasta hace unos pocos años recorría Europa tocando por las calles.No sé si era feliz,desconozco si la necesidad le empujaba a regalar su música por la esquinas.Al menos hacía lo que tenía que hacer.Alguien confió en él, bendito sea, y le permitió  usar un estudio de grabación portátil.Así nació,artesanalmente,uno de los mejores discos de los últimos años:”O”. No voy describir ni explicar su música.La música se escucha, se siente, no se entiende.

Un año después, tras un verano de sol y campos de trigo tuve un regalo inesperado: un viaje a Dublín.Pensé que sería una buena forma de transitar  entre el sol y el otoño que asomaba.

En Dublín pasé los últimos días de agosto,recorriendo sus calles llenas de literatura.Es una ciudad alegre en medio de la melancólica Irlanda.Bullicio rodeado de silencio.Piedra entre verde.

El regalo aún no se había completado.En el bar del hotel Shelbourne,entre pintas de Guinness abrí un sobre  y allí estaba la entrada.Marlay Park, Damien Rice en concierto.

Me gustó verme rodeado de irlandeses.Yo, el único moreno entre tanto pelirrojo.Ellos jóvenes, yo no tanto. Fue una noche tibia de fines de verano.Tuvimos suerte.Allá, tan al norte,el tiempo es todo menos predecible.No sonaron arpas ni asomaron los celtas sus cabezas.Damien,pequeño y frágil,llenó la noche de sentimiento.Yo escuchaba atento y sentía que había hecho bien, que ese era mi sitio y que esa noche marcaría una muesca en mi memoria.Uno puede encontrar su lugar donde menos lo espera.

Yo, que me empeño en defender la literatura como la mejor manera de explicar el mundo, que pienso que la razón es nuestra mejor arma, caigo una y otra vez del caballo, como Pablo, para descubrir la luz,para comprender que momentos como aquél hacen por mí tanto o más que miles de palabras impresas.La música te atraviesa.No importa por donde entre.Si lo hace es inútil preguntarse algo.Via de conocimiento.Arte.Damien lleva consigo ese poder.Probablemente no lo sabe.Por eso resulta tan sincero.

Antonio Vega

Querido Antonio:

Hace un par de horas que se terminó el concierto.Estoy  en casa ahora, sentado al ordenador escribiendo estas palabras y escuchando tú musica.De vez en cuando tengo que dejar de teclear para prestar más atención. Hay algo en tu voz que embruja. Es dificil escucharte y hacer otra cosa a la vez.Me he preguntado muchas veces dónde está la clave.Qué tienes que engancha.Cualquier canción que cantas la haces tuya.Es dificil hacer versiones.Tú tienes una rara habilidad.Las versiones que haces de canciones ajenas son siempre mejores que la original.No importa cuán famosa o cuántas veces haya uno escuchado la canción.Te voy a poner dos ejemplos: El Romance de Curro el palmo de Serrat es una canción que se clava como un puñal.Todos se la hemos oido cantar a Serrat infinidad de veces y a todos nos gusta.El día que te la oí cantar por primera vez ,la canción pasó a ser tuya.La copla no me gusta especialmente.En realidad menos que especialmente.Pues bien,fue suficiente oirte cantar ¡Ay pena, penita! para cambiar de opinión.

Las canciones que tú escribes atraviesan la piel de cualquier ser sensible.La voz te sale del alma y se me mete tras los ojos.Los cierro y escucho.Nada más.Haces fácil lo dificil.Es cierto que hay algo de tristeza en muchas de tus composiciones.Verte cantando, con la cabeza agachada, oculto tras tu pelo me hace imaginar un ser encerrado en sí mismo,tímido y distante.Tu voz,tu forma de cantar,sin embargo,se encarga de crear el puente necesario que me une a lo que sientes.

Cuando me preguntan por mis músicos favoritos o por mis canciones preferidas no siempre me acuerdo de citarte.Perdóname pero es así.Lo que sí te puedo decir es que no puedo dejar de escucharte.Si al hablar de ti hablo de magia no quiero que suene a un recurso manido para explicar lo inexplicable.Creo sinceramente que creas magia haciendo que lo que expresas cale tan hondo.No sé si para crear hay que haber sufrido.A veces pienso que ayuda.Tu vida no parece haber sido fácil.Si es así, lo siento, pero también te agradezco que nos hayas regalado el resultado de tus desvelos.De haber sido feliz probablemente te limitarías a vivir y sonreir.Tus tristezas y tu melancolía son fuente de creación y tu voz  ha ido cambiando con ellas.Cualquier cosa en tu boca se convierte en poesía.Pienso, al escucharte, en mucha de la música que se hace hoy en día.Ya no quedan casi cantantes, son sólo productos de marketing con fecha de caducidad.Están programados.Son absolutamente artificiales.Me da igual que vendan millones y que el director de moda realice un videoclip para promocionarles entre adolescentes adocenados.Si un día,con un poco de suerte, uno de esos consumidores de productos enlatados se topa con una de tus canciones, tendrá la oportunidad de comprender que lo genuino no se puede programar, que el arte y la sensibilidad no son productos de consumo y que el alma sí existe.

Hoy en el concierto, te he visto  con más energía que otras veces.Sigues pareciendo frágil, a punto de romperte.Tu cara muestra bien a las claras los estragos de tus días y de tus noches.Pero al oirte me tranquilizo.Sé que no te acabas.Respiras música y poesía y sabes que si dejas de respirar te mueres.

Te escribo estas palabras para que sepas ,y sepa quien las lea, que todavía hay esperanza.En un mundo cada vez menos sensible, donde todos hablan de arte pero no lo sienten,todavía quedan seres genuinos.Personas que transforman en belleza hasta sus sufrimientos.No importa que no estés en la primera plana de los periódicos y revistas.No importa que no estés de moda.No importan los gramys ni los emmys. Son casi siempre basura.Lo que importa es que eres auténtico y sólo lo auténtico puede emocionar.Hoy lo has vuelto a hacer y aquí estoy yo, para agradecértelo.

Tu amigo.

J.