Elogio de la curiosidad

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La curiosidad mató al gato. Si no lo hubiera hecho ya no sería un gato. El gato es gato porque es curioso.

El ser humano, al igual que su felino amigo, ha llegado a ser lo que es gracias a su proverbial curiosidad. Concepto este complicado. Denostado y defendido a partes iguales. El ser humano es muchas cosas. Unas buenas y otras no tanto. Se le define como animal social pero sobre todo es un ser terriblemente curioso.

La curiosidad es un impulso que nos empuja, que nos saca fuera de nosotros mismos, que nos hace asomarnos al borde del acantilado. La curiosidad como enemiga de la prudencia pone en riesgo, tal vez, la supervivencia de la especie. De ahí su mala fama y sus detractores. La curiosidad, sin embargo, es el motor de la creación y del conocimiento.

Cuando damos un paso en el vacío, cuando abrimos una puerta cerrada avanzamos o caemos, descubrimos algo nuevo o nos perdemos, pero no nos quedamos donde estábamos.

Abandonamos la selva, bajamos del árbol, perdimos la cola, nos erguimos, extendimos la mano gracias a la curiosidad. De habernos quedado en la caverna, calientes y agazapados, seguiríamos temiendo a la oscuridad y a las tormentas. No habría respuestas ni tan siquiera nuevas preguntas.

La curiosidad no está hecha para saciar nuestro apetito sino para indagar nuevos caminos, para caminar de la mano de la duda. La duda si hay curiosidad deja de ser cortapisa y se convierte en impulso.

La curiosidad como solución a la duda primigenia: nos movemos o nos movemos. Duro caparazón o frágil piel. Seguridad o riesgo. El mundo, la historia lo demuestra, más que de los valientes, es de los curiosos.

La filosofía es curiosa, la ciencia es práctica. La primera se pregunta fundamentalmente por el porqué de las cosas. La segunda, apegada a lo práctico, se conforma con el cómo. Las dos son necesarias, se apoyan una en la otra, pero lo que despierta nuestra curiosidad insaciable es el porqué. Luego vendrán el cómo, el cuándo y el dónde.

El porqué requiere una respuesta que no deje lugar a la duda. La curiosidad no se contenta con una parte, lo quiere todo. Se puede saber cómo funciona algo aun sin entender cómo lo hace. Nuestra vida cotidiana esta plagada de ejemplos que lo demuestran. Por eso, a pesar de los avances somos cada vez más desvalidos. Podemos describir los hechos pero en el fondo, nada sabemos si no encontramos respuesta al porqué.

Los niños en su sabiduría escasa pero no domesticada se interesan más por el porqué. Así empiezan siempre sus primeras preguntas. El cómo vendrá más adelante.

La ignorancia es atrevida, a veces demasiado, pero en su atrevimiento busca la respuesta completa y no sólo la parte.

Los maestros, si alguna misión tienen, no es, por supuesto, la de adoctrinar. Su misión, en todo caso, es la de crear seres curiosos. A partir de ahí, todo es cosa nuestra y nosotros decidimos si vivimos la vida como caracoles o como gatos curiosos.

La curiosidad mató al gato.

¡Viva el gato!

Ser y parecer

Encontrar algo sorprendente es cada vez más improbable. La imaginación ha ido más allá de todo límite. Es, por definición, inagotable. Todo nos resulta visto, oído o conocido. Todo está dentro de nosotros. Sólo tenemos que buscarlo. Por eso la sorpresa ya no existe. Lo misterioso, lo imaginario, lo irreal eran sólo producto de una disciplina impuesta. El más allá, la metafísica nos servían para hacer de lo que nos rodea algo concreto. Marcaban territorio. Transformamos el desconocimiento en frontera entre dos mundos, uno real y el otro imaginario. De lo que no conocíamos era mejor no hablar. Era preferible tratarlos como simples sueños. Ningún sueño continúa eternamente siendo sueño. Dentro de la imaginación se esconde agazapada la realidad. La realidad es un concepto abstracto. Nos empeñamos, inútilmente, en encerrarla dentro de unos límites, de ponerle trabas, de encerrarla entre muros. La realidad consigue siempre saltarlos. La realidad no es real. Al menos como nosotros queremos que lo sea. La realidad, ya se ha dicho, es un simple acuerdo. Llamamos es a lo que simplemente parece y lo que no parece lo consideramos fruto de la imaginación.

Los niños están perdiendo la capacidad de  sorprenderse. Todo les parece posible. No es que tengan todo al alcance de sus dedos, no, lo tienen al alcance de su imaginación. Con eso basta. Con eso les basta. Su realidad es mucho más amplia que la nuestra.

Podemos pergeñar los sueños más osados, diseñar artilugios nunca vistos. Todo se nos hace factible. La imaginación ya no habla de mundos imposibles. Los misterios dejaron de serlo hace ya mucho tiempo. El efecto sorpresa sucumbe sin remedio ante una imaginación sin fronteras. Sabemos ya que la tierra es redonda, que el lenguaje nos ha hecho inteligentes y que dios no existe. No existe, al menos, como antes existía. Sabemos también que podemos pensar o imaginar todo lo contrario. Así dios volverá a crear el universo y Eva, si queremos, será moldeada otra vez a partir de una costilla. Imaginación o realidad. La una está dentro de la otra.

El declive de la imaginación llega con los años. Decrece con el tiempo. Los recuerdos, mientras tanto, aumentan imparables. Según transcurren los días y las horas sustituimos imaginación por recuerdos. Ahora el mañana es amenaza, el ayer, por el contrario, refugio. Prisioneros, en el medio, tratamos de decidir a dónde nos lleva el presente.

Para un niño la imaginación es un continente inabarcable, los viejos, a lo sumo, se limitan a imaginar todo lo que pudo haber sido y no fue. El riesgo del niño es perderse en ese universo sin límites, el del viejo es caer en la tristeza. Los niños cuando hablan, cuando cuentan algo dicen imagínate constantemente. El abuelo siempre comienza sus frases con un te acuerdas. El niño, como la imaginación, es infinito. El viejo, como la vida, tiene sus horas contadas.

Imaginación y conocimiento deberían ir siempre de la mano. La imaginación es alimento. El conocimiento vida. El recuerdo sustento y declive. De los tres vivimos. Nunca se agotan.

Nada más triste que alguien sin imaginación. Nada más muerto que alguien sin conocimiento. Nada más irreal que alguien sin recuerdos.

Querer es la misión de la voluntad. Poder es lo que corresponde a la imaginación. La imaginación cuando llega al poder nos acerca al conocimiento. La imaginación al poder no es un simple eslogan, la frase es del todo realista. No es un sueño, es una necesidad.

La imaginación es la realidad vista de otro modo. Sin la realidad no cabe imaginar.

En estos días que corren, algunos, cada vez más, quieren sustituir la imaginación por  la fantasía. La imaginación crea y construye, la fantasía disipa y entretiene. El siguiente paso será pasar de ésta al embobamiento. De ser a parecer.

Memoria e imaginación

Lo peor de haber sido feliz es estar recordándolo constántemente. Esta es una frase que oí hace muchísimos años y que por mucho que lo intento no consigo olvidar. Echar la vista atrás es una tentación imposible de resistir. Idealizar el pasado es la evidente consecuencia. Pensar que ya nada será como fue o peor, como pudo haber sido, es la más triste de nuestras derrotas.

La memoria nos permite almacenar recuerdos. La memoria es el disco duro donde guardamos imágenes, acontecimientos, ideas y sentimientos. La diferencia con nuestros prácticos ordenadores es que la memoria humana deforma todo lo que guarda con el paso del tiempo. Nunca podemos acceder a la fuente original y por ello  nos contentamos con recrear el recuerdo que duerme codificado en la oscura cárcel de nuestra mente.  En realidad recordamos que tenemos un recuerdo guardado. El proceso de hacerlo consciente de nuevo pasa por el proceso de la descodificación. El hecho es que en ese proceso siempre mezclamos recuerdos con ficción y nuestra vida pasada, vista desde el momento presente,  ya no es vida propiamente dicha sino una autobiografía novelada que, dicho sea de paso, es la única forma de autobiografía posible.

La memoria guarda y la imaginación crea. Su  mezcla da como resultado un pasado ineludiblemente diferente al que realmente vivimos y sentimos. Incluso en el caso en que pudiéramos acceder a las entrañas de nuestro disco duro, una imagen allí guardada sería distinta vista con los ojos de ahora. Un objeto contemplado en diferentes momentos del tiempo es dos objetos diferentes. El recuerdo se alimenta de la imaginación y transforma la objetividad de un hecho en la creación de otro que tiende a adaptarse al momento en que lo hacemos consciente. Utilizamos la imaginación para perdernos en remotos lugares dormidos en nuestra memoria. Su misión verdadera no es esa sino la de crear, la de hacer realidad las cosas que imaginamos. La imaginación es casi siempre malgastada. La memoria es buena para no olvidar lo aprendido pero no para hacer de ella nuestra residencia. Perdernos por los vericuetos de la memoria equivale a no crear absolutamente nada y la vida es creación no memoria. Memoria y aprendizaje. Imaginación y creación.

Borges consideraba los libros como una extensión de la memoria y de la imaginación. Eso es la ficción. Disfrutarla es  casi una obligación  pero vivir en ella es una terrible equivocación. El proceso de creación sigue exactamente esos pasos. Utilizamos los recuerdos para recrearlos. Quien se queda anclado en los recuerdos o quien vive preso de la imaginación no es un lector sino un lunático. No una persona sino un personaje. El que, al menos, en su locura quijotesca, ya nunca puede abandonarla vivirá una vida completa y paralela. La mayoría, para su desgracia, sufre atisbos de realidad y acaba hundido en la miseria de  pensar que todo tiempo pasado fue mejor, que el amor fue aquello que sintió y que la felicidad quedó para siempre, y sospechosamente, en el pasado. Pasado que no es sino pura ficción.

Memoria e imaginación están íntimamente relacionadas. Las experiencias que hemos tenido permanecen en la memoria y esas experiencias nos ayudan a conocer nuevas cosas. Cuando nos enfrentamos a algo desconocido nos resulta complicado de entender porque carecemos de experiencias que nos ayuden a interpretarlo. La imaginación construye para nosotros imágenes basadas en los recuerdos y nos lanza una hipótesis que nos puede llevar al conocimiento. El conocimiento científico se basa en la experiencia pero plantea hipótesis porque es finalmente la imaginación la que creará las posibilidades nuevas de conocimiento. Tratar de probar que esa hipótesis es cierta es la tarea que pondrá punto final al proceso de conocer. La ciencia ficción utiliza la imaginación para convertir mundos imposibles en posibles. Viste su creación con fórmulas y ecuaciones que aparentan ser consistentes. Un científico loco no es el que trata de probar hipótesis aparentemente descabelladas sino aquel que se cree su propia ficción.

Experiencia, memoria, recuerdo e imaginación son las herramientas que utilizamos para conocer pero también para perdernos en el pasado, quedarnos allí  y defendernos con ellas del miedo que producen, inevitablemente, el presente y el futuro que nos toca crear.  El deprimido se refugia en tiempos felices, el desmemoriado nunca acaba de aprender porque todo lo que ve lo tiene por nuevo. El inexperto lo es porque carece de memoria donde buscar sus experiencias. Quien vive del recuerdo es, por definición, un viejo. No por lo que ya ha vivido sino por su incapacidad de crear nada nuevo, es decir, por su falta de imaginación.Quien no tiene imaginación acaba siempre pensando que la felicidad se quedó en el pasado y eso le condena, como ya se ha dicho, a estar recordándolo constantemente.

El regalo más hermoso del mundo

Todos los músicos, imagino, han intentado escribir la canción más hermosa del mundo. Sólo uno lo ha conseguido. La única vez en la vida en que me he sentido iluminado fue cuando descubrí esta canción. La iluminación no se puede explicar con palabras. Es tarea inútil. Todo se hace transparente, la luz se desparrama y ves lo que ni tan siquiera sospechabas que existía. Desde ese momento todo cambia, has alcanzado el conocimiento.

He escuchado esta canción cientos de veces. La emoción permanece con el paso de los años. Forma parte de mí. ¿Qué más puedo decir?

Pues hay más. Hace poco fue mi cumpleaños. Tuve buenos regalos y buena compañía. Se acababa el día y cuando, con cierta pena, decía adiós a la última hora, recibí en una caja mágica un regalo transoceánico. Abrí un paquete lleno de amistad y cargado de afecto.Tuve cuidado de no romper el papel que lo envolvía y doblé con delicadeza el lazo que lo cubría. Allí apareció ante mí otra vez él, otra vez ella: la canción más hermosa del mundo. La vi y reconocí al instante las manos que con todo cuidado la habían envuelto de imágenes que yo mismo había robado al tiempo. Sentí a la vez emoción, alegría, tristeza y melancolía. Una vez más las palabras  que tanto amo no servían para nada. Permanecí mudo. El silencio se hizo sólido y la música recién escuchada era el único pasado. Sólo restaba volver a escuchar y ver la magia que me había llegado convertida en música e imágenes. One more time, one more time. El eterno retorno que nos lleva siempre al origen del conocimiento. El eterno retorno que me lleva siempre a él y a ella.

Hace ya muchos años que vi la luz. A veces lo olvido y ayer esa luz se volvió a encender otra vez gracias a unas manos amigas.

Dentro de la caja había una nota en la que  decía que podía disponer del regalo como quisiera. Me lo tomo al pie de la letra y  lo comparto. Los regalos son privados pero yo no quiero privar a nadie de mi alegría.

Para la habitante del octavo universo.


Idea y sensación

Si me preguntaran, no dudaría en decir que no suelo recordar frecuentemente mi infancia.Ahora mismo me pongo a pensarlo y me reafirmo.Mis años de niño pasaron hace ya mucho tiempo y ahí permanecen.No me tengo especial cariño, tampoco me caigo mal cuando me recuerdo, pero siempre he pensado que  no he padecido excesiva nostalgia por  mi infancia.Lo que sí  permanecen imborrables son lo que yo llamaría sensaciones modelo.De niño cuando uno está alegre está alegre y cuando se llora se llora pensando que el mundo se acaba en ese mismo instante. La muerte aparece un día  y se nos abre un agujero negro que se traga de un bocado el  mullido colchón por el que hasta entonces caminábamos. La figuras del padre y de la madre también se desmoronan cuando las hacemos humanas, cuando descubrimos que no están hechos para encerrar nuestras vidas en ellos.Sus manos son de carne y hueso y no pueden abarcar todo lo que quieren, se tienen que conformar con lo que pueden.

Hay sensaciones redondas que, al menos en el recuerdo, se nos muestran como perfectas.Plenitud a nuestro alcance.Cuando un niño juega no escapa de un mundo para inventarse otro, no inventa uno nuevo para escapar de otro.Surge de las ganas, de la curiosidad y de la imaginación en su versión más auténtica.El niño se deja llevar en el juego, no se hacen las cosas por algo, se hacen y punto. Esa invencible capacidad de crear sin propósito es puramente infantil.Los artistas que han tratado de imitar este proceso son por ello llamados naives.

Recuerdo cuando descubrí la lectura y creo que nunca podré ya leer como entonces.El libro te absorbía y parecías vivir dentro de sus páginas.Recuerdo los viernes por la tarde cuando después de jugar con mis amigos, llegaba a casa y me bañaba.Me veo tumbado en la bañera saboreando el cansancio que me cerraba los ojos.Recuerdo, como si fuese ahora,las mariposas que me llenaban el estómago el día anterior a salir de vacaciones.Recuerdo los domingos por la mañana cuando tras salir de misa, mis padres me dejaban asomar mi cabeza a la barra de un bar y comer con fruición una gamba a la gabardina.Recuerdo tan pocas cosas que parece increíble que entre tantos recuerdos futuros sigan todavía ahí asomando la cabeza.Creo que lo que recuerdo son sensaciones.Sensaciones que,aún hoy, representan momentos perfectos.Perfectos y probablemente instantáneos. La diferencia está en que el adulto sabe que lo perfecto es efímero y el niño ni tan siquiera se lo plantea.Por eso las sensaciones modelo se nos muestran repetidamente a lo largo de la vida como ejemplo,como terrible consciencia de que una vez nos sentimos completos.

El paso del tiempo fragmenta las sensaciones.La totalidad es ya inimaginable como una.Aristas diversas se  nos muestran simultáneamente y esa frustración de ver siempre la cara y la cruz,el pro y el contra, la causa y el efecto nos hacen pisar con cuidado ,temerosos siempre de que algo acabe, de las consecuencias,de los efectos.El tiempo, la consciencia y los recuerdos superpuestos van haciendo mella en nosotros.La sensación modelo llega a adquirir la misma dimensión que las ideas platónicas.El mundo inmarcesible  que pueblan llega a ser algo parecido a la sublimación que hacemos de la infancia. No  me refiero a la felicidad  o su falta de nuestra experiencia sino a la forma en que llegamos a recordar lo que entonces experimentamos.Bueno o malo pero total, completo. No había lugar para el resquicio.Tan lejos queda todo aquello, no la infancia,sino la plenitud de sentir que acaban también habitando mundos lejanos e indestructibles.Por eso permanecen. La realidad que se nos viene encima con el tiempo nos hace sensibles al cambio constante.Lo inmutable llega a ser considerado un imposible, una simple entelequia.

Recuerdo un diminuto caramelo de nata que comí una fría mañana de invierno.Recuerdo el caramelo y la sensación de un instante perfecto.Me veo sentado en el suelo,solo en la habitación abriendo con mis pequeños dedos el papel rojo que envolvía el tesoro.No recuerdo el sabor del caramelo, siento la placidez de un momento redondo.Recuerdo la mañana de reyes, la emoción al despertarme y recuerdo los juguetes que me esperaban.Cuando pienso en esos objetos no veo trenes ni pistolas ni camiones, veo ensimismamiento.No quiero comer otro caramelo de nata, no quiero jugar con mi camión de bomberos, quiero sentir que todo está aquí y ahora.

Todo el pasado pasa por el tamiz del recuerdo.Incluso cuando creemos recordar algo perfectamente sabemos que estamos mintiendo.Las sensaciones platónicas  habitan un mundo inaccesible.Ahí las conservamos como referencia, como ejemplo de lo que un día creímos sentir.Nuestro pasado son nuestros recuerdos.Es inútil tratar de ser objetivo cuando echamos la vista atrás.

Creo que los adultos creamos con la principal intención de explicarnos a nosotros mismos.Indagamos recuerdos en busca de sensaciones que ya no podemos experimentar.Es doloroso comprobar que lo que fue real aparece ahora distante e inalcanzable.El mundo de las ideas de Platón es para nosotros el de las sensaciones infantiles.Vistas a través del recuerdo se nos antojan perfectas, eternas e inmutables.La vida de un adulto es cambio constante,devenir.Es, bajo todo punto de vista, imperfecta.Buscamos la perfección en el recuerdo.Añoramos la quietud del círculo.Las sensaciones ,decía Platón, no son suficientes para percibir el mundo.nos ayudan a reconocer, nunca a conocer.

La inmensa tarea que nos hemos echado a la espalda, la aventura del conocimiento nos quita la vida.El ser humanos no puede, con todo, renunciar a ella.En los momentos de desfallecimiento recuerda  y recrea lo que un día sintió y contempló.Experimentar la emoción que de niño vivió   se convierte en añoranza perpetua.Podría ser,después de todo, que tuviéramos que darle la razón a Hume y reconocer que las ideas no son mas que simples copias de las sensaciones.

Adaptación al medio

Dando rápidos pasos por la acera iba yo esta mañana como un hombre decidido.Mis quehaceres me llevaban de la mano.Me dirigía a una reunión de hombres y mujeres decididos como yo.Tenía que defender mi punto de vista sobre un asunto importante  y mi cabeza iba sopesando cómo hacerlo.Pensaba en pros, pensaba en contras. Trataba de imaginar como rebatiría todo tipo de objeciones.

El mar, a mi derecha, llegaba a la orilla de la playa mansamente.Un suave sol de abril iluminaba de primavera la mañana.La brisa soplaba fresca.Ni el mar ni el sol ni la brisa osaban interrumpir mis pensamientos.Caminaba sin percibir lo que sucedía a mi alrededor hasta que le he visto.En un banco frente al sol, estaba sentado un lagarto.Tenía un bastón a su lado y parecía viejo, muy viejo.Exponía su cara al calor del sol,los ojos casi cerrados. No hacía nada.En su entorno no había movimiento.Sólo quietud y calma.Su piel, cuarteada por los años, lucía ese moreno perpetuo de la gente que ha trabajado en el campo.He querido sacar una fotografía pero no me he atrevido.Me detengo y le contemplo.El abuelo,respirando la luz que le llegaba, no se ha inmutado.Ha sido entonces cuando he sido consciente.He sentido el calor del  sol en mi cabeza, he oído el sonido de las olas y he visto la luz de la mañana.

¿Qué hacía yo?¿A dónde  iba?Ha bastado detenerme un momento para dejar de ser quien era.¡Qué difícil!Si te adaptas al medio pareces disfrutar de todo:el paseo, el calor  y el sol de abril son la vida en ese momento.Vivir es disfrutarlos aquí y ahora.Pensar en mañana es desperdiciar el tiempo.Si pensamos, si indagamos en los rincones oscuros del alma nos percatamos de todo lo que nos falta.Las necesidades crecen exponencialmente según sea nuestra adaptación al entorno.El abuelo pasea, se sienta, toma el sol, vuelve a casa, toma un vino, echa la siesta.Yo me dejo llevar por los pensamientos.Reflexiono,anticipo,escruto,indago y caigo en la cuenta de todo lo que me falta.

¿Qué es mejor?No creo que haya respuesta.No tenemos dos opciones y escogemos una.Lo llevamos en la sangre, en los genes.Uno no puede saciarse si no sabe lo que quiere.El mundo avanza por la curiosidad que nos espolea.Las ansias por desentrañar misterios, por desvelar secretos, por resolver enigmas nos empujan.Hacen que marchemos de prisa y la prisa nos hiere.Cerramos los ojos a lo cotidiano y el descanso se aleja de nosotros.Otros, en cambio,parecen sacar partido a todo lo que hacen.Disfrutan del sol y de la lluvia, del invierno y del verano.Les basta contemplar un paisaje,darse la mano,vivir en la tierra, dormir a pierna suelta.Están adaptados al medio.

Los inadaptados buscamos incesantemente .El signo de nuestras vidas es el interrogante. Despreciamos las cosas,hacemos poesía con el horizonte,buscamos a dios, plantamos cara a la muerte y tratamos de explicar el arte.La venganza contra los abuelos-lagartos es pensar en alto,exponer complicadas teorías, escribir libros sobre el ser y la nada,preguntar el porqué de la mota de polvo,sufrir para crear,despreciar al que no entiende,al que no busca,al que no se pregunta absolutamente nada.

Me solía consolar pensando  que sólo los niños podían vivir plenamente cada momento.Creía que sólo ellos, en su novedad, estaban adaptados al medio.A los niños no se les pide más que eso, que sean niños,que vivan fuera del tiempo.Más tarde la consciencia de la ignorancia nos despierta bruscamente.Conocer se nos plantea como un reto y a él nos lanzamos de cabeza, algunos.Hay quien prefiere aceptar las cosas como parecen.Tomar la vida como viene, jugar a ser espectador en vez de  intérprete.

¿Qué nos hace tratar de conocer lo incognoscible?¿Por qué nos empeñamos en comprender lo inaprensible?¿Qué descomunal fuerza nos empuja?¿Qué diferencia hay entre el vive y el que busca?

Las hormigas llevan siendo las mismas hormigas desde hace millones de años.El ser humano evoluciona y nunca acaba de adaptarse.Desde que el fuego iluminó la oscuridad primigenia no ha dejado de buscar.En el camino muchos han desistido, han preferido vivir pegados a la tierra,no escudriñar en el significado de las cosas,no ir más allá de la física.Son ellos los que miran con sorna al que pasa a su lado deprisa,al que pretende escarbar en las profundidades del ser y se ríen por ver a tantos aferrarse a una esperanza tan vana.¿Por qué se expande el universo?¿Dónde empieza lo que nunca acaba?¿Qué se esconde en el alma?¿Acabará todo en nada?

El abuelo abre los ojos y se levanta.Agarra el bastón y se echa a andar con calma.El mar es agua y es azul,la brisa le refresca la cara.Hoy es hoy y no es mañana.Jamás ha pensado qué hay tras del horizonte.Piensa en la comida que le espera, en la partida de cartas que por la tarde jugará con sus amigos y en el cigarro que fumará a escondidas.¿La muerte?Que espere. Él todavía no ha vivido bastante.

Sigo mi camino.Pienso en el abuelo, imagino la vida que habrá llevado.Como no la conozco me la invento.Miro al mar, no veo agua, veo una inmensidad palpitante y no puedo poner nombre al color que tiene.

Then go

Lo que Heráclito no dijo

  • Los ansiosos tienen una meta: la alegría, los depresivos otra: la serenidad.
  • No hay nada que cueste más que decidir.
  • Quien medita, contempla y sólo se contempla la nada.
  • Cuando la ignorancia y la vanidad se unen siempre vence esta última.
  • La ficción,entendida como mentira, nos debe ayudar a interpretar la realidad que nos rodea,no a inventarnos la realidad que nos conviene.
  • La ambición es un arma de doble filo que siempre termina cortándonos.
  • Lo más cercano  a la felicidad es algo tan cabal como ser consecuente con uno mismo.
  • El problema de fondo es que no tratamos el fondo.
  • Lo peor de haber sido feliz es estar recordándolo  constántemente.
  • La competitividad es uno de los mayores y más peligrosos venenos que existen.
  • La muerte es la única certeza que tenemos.
  • El que pudiendo aprender no aprende es un necio.
  • Los abismos tienen sentido, no cuando caemos en ellos sino cuando conseguimos salir.
  • El pasado y el futuro no existen, son sólo conceptos que inventamos para no hablar de lo único evidente: el presente.
  • Aceptar la muerte, mirarla de frente y convivir con ella, es la única manera de ser ,en verdad,personas.
  • La vida es bella porque es breve.
  • Nuestra vida no sólo es un cúmulo de experiencias y vivencias sino que, fundamentalmente, es el camino que han ido creando nuestra decisiones.
  • La perfección, o al menos algo que se acerque a ella, suele provocar cierto rechazo.
  • El tiempo es la única cárcel de la que es imposible escapar.
  • Lo más notable que tiene el ser humano es el deseo de conocer.
  • La vida consciente, el yo, el alma, la mente, el espíritu comenzó en el momento en que alguien llamó piedra a la piedra, sol al sol y muerte a la muerte.
  • En la vida real gobiernan las disyuntivas, tenemos que escoger entre esto o lo otro. En nuestro mundo interior dominan las copulativas, queremos esto y lo otro.
  • Ni dios, ni el destino, tal vez el azar, pero decir el azar es no decir nada, nos arrebatan la responsabilidad de nuestros actos.
  • La felicidad está en el camino.
  • Una delgada línea  separa los  opuestos.
  • La libertad nos puede llevar a la equivocación, ese es el precio que pagamos.
  • Saber vivir es la más dificil de todas las artes.
  • Las fantasías son para tenerlas, no para vivirlas.
  • Hacer lo que nos gusta, decir lo que pensamos,sentirnos en definitiva a gusto con nosotros mismos, querernos, ser valientes y tomar decisiones es nuestra tarea si queremos vivir dignamente.
  • El uso de la violencia , aunque nos lleve a conseguir el logro que nos proponíamos, es siempre hijo de un fracaso anterior.
  • La maldición de los idiotas  es no disfrutar de las cosas a su debido tiempo.
  • El ser humano tiene una clara, tal vez innata, tendencia a preferir que los demás decidan por él.
  • Siempre sucede que tenemos más claro aquello que no sabemos  que lo contrario.
  • La existencia de verdades objetivas y universalmente aceptadas sería una buena cosa y nos facilitaría mucho la tarea, pero ,para nuestra desgracia,no existen.
  • No somos respetables por lo que pensamos sino porque pensamos.
  • El perdón, casi siempre, no es sino una versión condimentada del olvido.
  • La muerte da sentido a nuestra vida ya que la dota de tiempo.
  • Somos contradicción.
  • El terror a lo desconocido nos ha hecho crear dioses a nuestra imagen y semejanza.
  • La vida, la naturaleza carecen de valores.
  • Tener conciencia de que el tiempo pasa es tener conciencia de que existimos, de que somos y, trágicamente, de que tenemos un principio y un final.
  • En el infinito nada sucede, todo es quietud, no hay movimiento.
  • Concebimos la felicidad como un momento pleno que nunca termina. No es más que un sueño, eso nos mataría. Lo que nunca termina no existe.
  • No hay que confundir el azar con lo inexplicable.El azar es aquello que escapa de nuestro control.
  • Somos máscaras que poco a poco hemos ido tallando, que ocultan hasta el olvido la verdadera expresión de nuestra cara.
  • La actitud razonable es aquella que se plantea la posibilidad de poner todo en el aire,hacer como que lo que parece que es no lo sea, y, a partir  de ahí,ir hacia delante.
  • La duda es el motor que nos empuja.

He dicho

La duda (otra vez)

Me paso la vida haciendo preguntas.Todo surge de la duda, pero si dudo, lo hago de algo que aparenta o que puede  ser cierto. No se pueden hacer preguntas de la nada.El mero hecho de plantearlas significa que algo nos ha provocado la duda.Si concibo la idea de dios es que la admito como posible, después viene la duda.No tener ninguna duda es, paradójicamente, la mayor forma de ignorancia.

La actitud razonable es aquella que se plantea la posibilidad de poner todo en el aire,hacer como que lo que parece que es no lo sea, y, a partir  de ahí,ir hacia delante.Debemos poner en cuestión lo que nos es dado como seguro.Es un deber intelectual la no aceptación del conocimiento como algo inamovible.Si miramos hacia atrás en el tiempo, si es que esto es posible, veremos que en demasiadas ocasiones el conocimiento tenía la base más endeble de todas: la certeza.Para pasmo de todos esa certeza se revelaba más adelante como su contrario. Ese descubrimiento  nos hace constatar que de la aparente certeza no surgen más que errores.Con el paso del tiempo conocemos más cosas, pero es bastante probable que no tengamos más conocimiento y que las mismas dudas que se planteaban nuestros antepasados sigan  ahí envueltas en un velo que las hace inasequibles.La ciencia incluso parte de  supuestos desde los que  trata de  interpretar el mundo.Necesita unas reglas del juego, unos mínimos sobre los que construir.Es algo práctico y funcional que nos ayuda a vivir mejor pero, en el fondo, la ciencia cree en ciertos principios como los que mediante la fe creen en otros.

No entendemos el mundo, no entendemos la vida, llevamos toda la historia buscándole un sentido.Nos hemos refugiado en el tiempo y en el espacio cuando sabemos que no son más que inventos, prácticos sí, pero inventos.El pasado no existe, el futuro tampoco.Sólo tenemos un ahora que se repite incesante.Lo mismo sucede con el espacio.Estando condenados a estar siempre aquí queremos ir siempre más allá.Y ¿cómo ir más allá si siempre estamos aquí?

El lenguaje es el instrumento que nos ayuda en las labores de conocimiento.El lenguaje es pensamiento  o el pensamiento es lenguaje.(¡Vaya duda!) Manejamos ideas y conceptos que huyen de nosotros en cuanto salen de nuestra boca. El lenguaje es contradictorio y ambiguo, muchas veces paradójico.Sin embargo, querámoslo o no, a él tenemos que agarrarnos si queremos comunicar o comunicarnos.Tenemos tesón, eso es cierto, pues sabiendo todo esto, no cejamos en el empeño de conocer, de intentarlo al menos.Por eso hacemos preguntas, infinitas preguntas.Las respuestas que les demos hoy tal vez no sirvan mañana.Nuestro truco, la trampa que hace que no nos quedemos quietos mirando mudos el espacio infinito, es que a pesar de vivir en la duda, nos apoyamos en las bases endebles del  conocimiento.

Aceptar un mundo donde el azar sea la única causa, admitir que nuestra existencia se debe a la conjunción de millones de casualidades,reconocer que no toda causa tiene su efecto y que no somos más que polvo de estrellas, supera con mucho nuestra capacidad de aguante.Nos hemos hecho dueños del mundo porque somos curiosos.Nos sentimos el centro aun sabiendo que no somos  más que un grano de arena en la infinita playa del espacio y un despreciable instante en el oscuro tiempo.

Curiosos seres que en esas circunstancias, en ese olvido perpetuo, continuamos preguntándonos de dónde venimos, por qué estamos aquí, qué sentido tiene la vida.Si no lo hiciéramos seríamos animales que ni dudan ni preguntan. Por eso no saben nada,por eso ni por saber no saben que un día se los llevará la muerte. Nosotros, humanos, mientras tanto, no nos quedamos en las preguntas eternas sino que vamos más allá y, rizando el rizo, nos planteamos cuestiones como la conciencia y la voluntad,la mentira y la verdad y hasta hablamos de libre albedrío.

Llegados a este punto no nos queda más remedio que optar entre la acción y la no acción y, mal que bien,sin ninguna duda hemos optado por movernos.Hemos hecho trampa, pero aquí todo vale, nos hemos inventado el tiempo y deseamos hallar en  el pasado las claves que nos permitan comprender el presente.Hacemos caso a la manzana que cae del árbol y a los sagrados números que todo lo miden y lo explican.Somos capaces de vivir más allá de la duda.Decimos verdades sin estar seguros.Avanzamos sin saber muy bien a dónde y hablamos para explicar con el lenguaje lo inexplicable.

Hacemos bien.La duda es el motor que nos empuja. Sin ella no hay preguntas y sin preguntas no hay nada.Si dudo,pregunto, si pregunto pienso y si pienso, ya nos lo dijeron, existo.

La duda también nos hace creativos.Tenemos la necesidad de darnos respuestas o de pasar la vida buscándolas.Debemos tomar decisiones, por eso , aunque nos pese, hemos de sentirnos libres, debemos crear nuestra propia vida, hacerla y vivir  dando por hecho que somos los únicos dueños de nuestro destino.

El hombre vivió durante mucho tiempo pensando que era el centro del universo,condenando a morir a quien lo negara,se inventó un dios que lo explicara  y lo consolara matando  en su nombre a quien no lo  aceptara.Hoy no somos el centro, dios está demasiado ocupado como para encargarse de nosotros y hemos de vivir como si nosotros tomamos las decisiones.Debemos defender la libertad y asignarnos el poder de crear la vida que llevamos.Importa un bledo que en un millón de años dios se aburra de nosotros y nos devuelva al barro del que salimos.

Tarea de héroes

La vida nos suele condenar a un ajetreo muchas veces no deseado.Pasamos las horas y los días ocupados en mil quehaceres que nos alejan  de nosotros  mismos.Frecuentemente nos lamentamos de no disponer de tiempo para nosotros.La intendencia de nuestras rutinas o el miedo a enfrentarnos a nuestros miedos hacen que nos ocupemos de asuntos que en absoluto nos interesan.Cuando es la necesidad la que nos obliga a ello no hay más remedio que respirar en ocho tiempos y tirar para adelante.Cuando, sin embargo,somos nosotros los causantes de este desvarío, no hay excusa que valga.El más inexperto de los jueces nos declararía, sin titubear, culpables de desidia.Los argumentos que esgrimamos en nuestra defensa se convertirán en agravantes que harán más dura la condena.Nos produce terror,por falta de valor y entrenamiento,quedarnos solos y sin prisas, hacer balance de nuestras vidas y contestar sin ambages las preguntas que viven en nosotros ocultas tras artificiales preocupaciones cotidianas.Detenerse y pensar, tomar decisiones sin anteojeras se convierte en árdua tarea que abandonamos con la excusa de pensarlo más detenidamente y dejarlo para mejor ocasión.Procrastinar, ese palabro, es nuestro deporte preferido, la tentación más atractiva en la que caen, caemos, todos los indecisos que en el mundo han sido.Nos refugiamos de nuevo en cuentas, crucigramas,fines de semana,recetas de cocina,ascensos laborales, incrementos salariales, programas de televisión y amigos que nos dicen aquello que deseamos escuchar.Hemos interiorizado ideas que convienen a nuestro cobarde proceder.La soledad es mala consejera, no es bueno pensar tanto,la vida son dos días, a mí que me quiten lo bailao son unas cuantas de la larga lista de  mentiras irresponsables que nos gusta hacer nuestras para justificar lo injustificable.

Bajarse de un tren en marcha y quedarse quieto en medio de la nada requiere valentía.Pararse es una acción como otra cualquiera.Hacer las cosas porque queremos hacerlas y no pensar siempre en los resultados cuesta mucho más que su contrario.Tenemos la desesperante manía de poner todo en manos de la esperanza.Esperar se convierte así en la cárcel de nuestros días.Esperar significa no hacer nada,resignarse y confiar en que ese monstruo llamado destino venga siempre a socorrernos o en su caso a consolarnos.La suerte no está echada.No estamos programados.La maldición que nos persigue, la tentación que nos seduce es aquello tan viejo de dejar para mañana lo que podemos hacer hoy.Dios no proveerá, está demasiado ocupado en sus asuntos cotidianos.

¿Qué nos queda?Dar más importancia al trayecto que al destino, aprender a estar solos, querer a cambio de nada, decir lo que pensamos aunque nos equivoquemos,conocernos a nosotros mismos,plantear preguntas sin respuesta,expulsar la bilis,aprender a decir no,querernos,tomar decisiones,respetar a los demás pero no a todas sus ideas,caminar, caernos y levantarnos,hablar de lo divino y de lo humano,ser pacientes pero perseverantes,ser valientes,recorrer caminos inexplorados,perdernos,dudar hasta de la duda,no aceptar más verdad que la nuestra,imaginar mundos posibles,perseguir la libertad por encima de todas las cosas,buscar el silencio,no ocultar los sentimientos, reir, llorar,gritar, no dar nada por inevitable, rechazar el destino,ser conscientes,enfrentarnos a nuestros miedos,no aceptar la vida como viene,crear algo de la nada y no perder nunca las ganas de conocer.Conocer es la única razón de la existencia.

Es,como puede verse, tarea digna de héroes.Como somos casi siempre cobardes hemos traspasado la heroicidad a seres imaginarios que por su inexistencia nos consuelan de nuestra imperfección.Nunca existirá un mundo perfecto pero hemos creado el concepto de perfección.No habrá jamás un mundo feliz, pero eso no nos impide perseguir la felicidad.Nunca estaremos seguros de conocer la verdad pero las ansias de conocer nos llevan de la mano por la vida.La belleza,que sólo intuímos,hace de nosotros unos creadores.Conocimiento,felicidad, belleza y verdad son absolutos,tal vez inalcanzables,no están ahí, a pesar de ello, para frustrarnos.No existen antes que nosotros.Están dentro,como dentro está el niño que fuimos y el viejo que seremos,el ser capaz de la mayor traición y de la mayor bondad.Conocer,aspirar a la felicidad,crear belleza y buscar la verdad, incluso sabiendo que nunca conoceremos del todo ni seremos completamente felices ni podremos plasmar la absoluta belleza ni llegaremos lo suficientemente cerca de la verdad, es nuestra tarea de héroes.Pedir lo imposible y vivir en su búsqueda.Este, querámoslo o no, es nuestro poético destino.Si somos sinceros, habremos de reconocer que quien más cerca ha estado de la verdad ha sido siempre la poesía.

¿Qué hago yo ahora?Es tarde, mañana madrugo, tengo aún que recoger la ropa,ordenar mi mesa y hacer la lista de la compra.¿Cómo hago que rimen las naranjas con un kilo de patatas?Respiraré una vez más en ocho tiempos,dejaré negro sobre blanco lo que he escrito y trataré mañana, con legañas en los ojos, de recordarlo.Así sea.

Acuerdos y desacuerdos

La realidad la percibimos a través de los sentidos. Los sentidos no son objetivos. Conclusión: no podemos percibir la realidad objetivamente sino subjetivamente. El asunto se complica al darnos cuenta de que no somos los únicos que percibimos la realidad. Cada uno lo hacemos subjetivamente pero al final mi percepción se ve afectada por la que otros tienen y acabamos aceptando como real aquello en lo que diversas subjetividades coinciden. Esa coincidencia es el acuerdo al que llegamos y que permite que todos tengamos un similar concepto de realidad. Salta a la vista que esto puede facilitar la comunicación, pero es claro también que la realidad que se describe de esta manera es una realidad artificial.
El instrumento más importante que utilizamos para describir lo que nos rodea es el lenguaje. El lenguaje se sirve de símbolos que tratan de dar una idea cabal de aquello que expresan. Otra vez nos encontramos con la comunicación como único medio posible de llegar a un acuerdo sobre la descripción de los fenómenos que nos rodean.
Si lo dicho hasta aquí es así, los problemas que se plantean no tienen fácil solución: ¿es posible, entonces, un conocimiento verdadero y objetivo de lo que  hay en el mundo natural? ¿Tenemos que contentarnos con ese acuerdo intersubjetivo que permite que nos entendamos y comuniquemos? ¿Hemos de aceptar, por tanto, que el acuerdo al que hemos llegado hoy, puede variar en el futuro? ¿Es la realidad cambiante según los símbolos que se utilicen para percibirla?…
Los seres humanos vivimos en el tiempo. Este es otro concepto acordado por los hombres para poder entender nuestra existencia. No podemos concebir la realidad fuera del tiempo. Si éste no existe y la realidad natural no podemos conocerla, ¿qué nos queda?.
Los caminos seguidos a lo largo del tiempo han sido fundamentalmente dos:ciencia y religión. La segunda es sabido que ha optado por revelaciones y dogmas que no son alcanzables por medio de la razón sino por el de la fe. La primera se ha afanado en basar la descripción del mundo apoyándose en la lógica y la razón. Si somos estrictos tampoco la ciencia garantiza el real conocimiento pues no puede evadirse de las percepciones, que por definición son subjetivas. Incluso en el mundo de la ciencia hace falta acuerdos para dar algo como válido. Nunca salimos del atolladero. Parece que existe algo real más allá de nuestra percepción y del tiempo que nunca podremos conocer pues los instrumentos que utilizamos para ello se sitúan en el tiempo y son necesariamente subjetivos. Curiosa especie la nuestra , que a pesar de todo, sigue empeñándose en alcanzar lo inalcanzable. Esta peculiaridad de la que hablamos es la  que nos ha ido alejando del mundo natural y nos ha adentrado en el mundo simbólico. Este último, por contra, nos ha llevado a intentar conocer la realidad. Los que permanecen inmersos en el mundo natural no son conscientes de ello y no sienten necesidad de conocer. No evolucionan. La especie que gracias al símbolo, lenguaje y pensamiento fue capaz de ser consciente de su existencia no puede por contra alcanzar el verdadero conocimiento. Sólo queda ante nosotros la posibilidad de describir la realidad social. Esa es la que constantemente tratamos de conocer y para ello sólo ha sido posible basarse en los acuerdos.
En este campo ninguno de los acuerdos a los que se han llegado puede ser tenido por definitivo, inclusive en la ciencia. La historia nos demuestra a las claras esto. Todo lo que en un momento dado fue considerado como cierto se ha desmoronado después con otro acuerdo por mucho que se haya querido disfrazar de verdad objetiva y perenne. Parece, así, que todo es relativo. ¿Tiene esto demasiada importancia? Depende de cuál sea nuestro objetivo. Si lo que queremos es lograr una descripción objetiva y fuera del tiempo del mundo natural, lo tenemos bastante complicado. Por el contrario, si lo que buscamos es asentar una realidad social en la que lo simbólico tenga  vida propia y nos permita el desarrollo de las capacidades humanas encaminadas a lograr un acuerdo en el que conceptos como libertad y justicia sean aceptados como la única base posible en la que pueda descansar nuestra existencia, lo relativo de nuestros conocimientos del mundo natural pasaría a estar en un segundo plano.

El ser humano ha alterado el orden natural de las cosas, queriendo o sin querer, ésta ha sido su gran proeza.Una civilización que sitúa a la libertad por encima de la felicidad, que no abandona nunca el ansia de conocimiento, sabiendo incluso lo iluso de su tarea, que considera la voluntad individual como indispensable para conseguir acuerdos y que es capaz de crear los instrumentos necesarios para lograr que se de la comunicación es, vista así, sin bajar a lo particular, algo grande. La experiencia acumulada nos demuestra que hemos de abandonar vanas seguridades  y lanzarnos en pos de un mundo en el que aquél que piense diferente no sea tachado de loco. Lo mismo que hemos de aceptar que los conocimientos del mundo natural no son objetivos pero a pesar de ello aceptamos el método científico como medio de mejorar nuestra comprensión del entorno, hemos también de basar nuestra mejora y conocimiento de la realidad social en los acuerdos, aceptando que la comunicación sólo se da cuando hay libertad. La libertad nos puede llevar a la equivocación, ese es el precio que pagamos. Lo debemos hacer gustosamente.