Conceptos entrelazados

Uno de los conceptos peor entendidos es el del respeto. Es un lugar común tratar de extender el respeto a todo aquello que nos rodea.Sólo quien sabe y puede gobernarse a sí mismo es digno de respeto.Digo digno y está bien dicho pues la dignidad es un concepto entrelazado con el respeto. No nos la puede dar ni quitar nadie.Una piedra no es ni será nunca nada más que una piedra.Es lo que es. Nosotros, los seres humanos, además de eso, somos lo que queremos ser.La voluntad, una vez más, es la que  marca la diferencia entre vida y vida posible, entre seguir los dictados de la naturaleza, que no es sabia,es naturaleza y la vida a la que aspiramos,la que queremos y deseamos.La dignidad, por tanto, es un concepto sólo aplicable a los seres capaces de tomar decisiones.La dignidad la tienen todos los seres humanos y todos por igual.A lo largo de la historia hemos asistido en infinidad de ocasiones  a situaciones en las que se ha utilizado la dignidad como parámetro para diferenciar unos seres humanos de otros. Si se da por bueno que las mujeres son inferiores que los hombres , lo hacemos basándonos, erróneamente e interesadamente, en que son mercedoras de menor dignidad, lo que es lo mismo que decir que son menos autónomas, que dependen de otros, que no pueden tomar decisiones que,en conclusión, no son libres.Ésta ha sido la coartada utilizada para poner a un sexo sobre el otro.Lo que ha sido una cuestión de dominio se ha disfrazado de falsa utilización de conceptos. Lo mismo  podríamos decir en los casos en los que las víctimas han sido determinados grupos humanos, religiones, orientaciones sexuales o discapacidades físicas o psíquicas.

Cuando estudiamos la biografía de una persona, lo que nos llama la atención, lo que la hace diferente de otra es la autonomía de pensamiento,la voluntad mostrada a lo largo del tiempo para hacer posible la vida que queremos tener o llevar.Un mono no tiene biografía.La libertad de pensamiento nos permite, por pura lógica, ser capaces de albergar cualquier idea.La persona capaz de pensar autónomamente es merecedora de respeto, las ideas que defienda no tienen por qué serlo.Este es un error muy extendido.Pensar que todas las ideas son respetables nos lleva al callejón sin salida de tener que aceptar como iguales cualquiera de las ideas que el ser humano ha sido capaz de concebir.Frases como” respeto lo que dices pero no lo comparto” no son defendibles ni tan siquiera desde el punto de vista de la buena educación.Todo aquel pensamiento que destruya la igualdad en dignidad de todos los seres humanos no es merecedora del más mínimo de los respetos y estamos obligados en tanto que personas a no respetarla en absoluto y a luchar contra ella aunque no nos afecte.Ese falso respeto ha sido el responsable en muchas ocasiones de que teorías perniciosas y contrarias al principio fundamental de igualdad se hayan extendido y hayan sido aceptadas por comodidad o ignorancia porque venían precedidas del sacrosantosanto principio del respeto mal entendido.

El problema surge, claro está,cuando tratamos de dilucidar quién nos dice lo que es bueno  y lo que es malo, qué lo conveniente o su contrario.Un Dios bueno que nos dejaba este trabajo hecho de antemano  ya no nos sirve.La existencia de verdades objetivas y universalmente aceptadas sería una buena cosa y nos facilitaría mucho la tarea, pero ,para nuestra desgracia,no existen.La moral habla de costumbres, no de verdades.La ética quiere enseñarnos o ayudarnos a vivir aceptando nuestra autonomía y libertad pero sus orientaciones no son igualmente entendidas por todos.No nos  queda más que el consenso.El hombre es libre por naturaleza, todos somos iguales  y todos debemos contar con las mismas oportunidades no son más que intentos  por conseguir un mundo posible donde la vida sea diferente y deje de aceptar por buenas las leyes de la naturaleza, que son todo menos buenas o malas.

Muchas de nuestras declaraciones están cargadas de buenas intenciones.No debemos confundir los buenos modales con el respeto.Está indudablemente bien no despreciar a los que no cuentan con las mismas capacidades.Esto no es una competición. No son sólo dignos los mejores, los más altos, los más listos o fuertes.Todos lo somos.Lo que sí es cierto es que hay ideas despreciables y las personas que las defienden lo son también.La capacidad de respeto nos lleva incluso en estos casos a no tomarnos la justicia por nuestra mano y a ser capaces, aun teniendo que hacer esfuerzos, de respetar a las personas pero no a apreciarlas y mucho menos a sus ideas.

Nos ayudaría mucho poder concluir que existen unos principios naturales que señalen la frontera entre lo correcto y lo incorrecto.En el derecho ya se habla de unos llamados principios generales del derecho que nos deben ayudar, a falta de ley concreta, a dilucidar entre lo justo y lo injusto en cualquier situación dada.Dudoso.Si aceptamos esto, estamos aceptando que esos principios existen ahí, fuera de nosotros, previos incluso a nosotros y a nuestra inteligencia.No nos engañemos, esto no es así. Lo más a lo que podemos aspirar es a que la mayoría alcancemos un consenso sobre los principios básicos sobre los cuales podamos construir nuestra existencia en comunidad.Si llegamos a ese consenso, deberá ser aceptado por quien participe de la comunidad. Esto, aplicado al derecho, es útil, pues nos permite establecer reglas del juego  y sanciones para los que se salgan del camino.En lo tocante a lo moral, el terreno se vuelve más resbaladizo ya que no estamos juzgando actos o comportamientos, sino ideas.¿Quién decide si una idea es buena o mala?Por mucho que lo meditemos sólo hay una respuesta posible: nosotros.No hay nada fuera de nosotros que nos saque de este atolladero.Y si lo hay no interviene en estos asuntos.

Volvamos al principio.¿Por qué no es respetable pensar que una raza es inferior a otra?¿Porque es evidente?,¿porque dios me lo ha contado?,¿porque así ha sido pensado por las mentes más preclaras?, ¿porque me lo dice mi conciencia?Podríamos lanzar una y mil hipótesis y nunca conseguiríamos demostrar la certeza de ninguna de ellas.No nos queda más remedio que aceptar que las bases de la convivencia las hemos sentado nosotros y que la fuerza de esas bases es directamente proporcional al acuerdo que exista entre sus  defensores. De la misma forma que inventos como  el tiempo, concepto artificial y subjetivo,son aceptados por todos hasta el punto de vivir dentro de él,  la libertad , salvo que creamos en un determinismo absoluto, por otro lado tan indemostrable como su contrario,la dignidad , excepto si caemos en la aberración de hacer escalas dentro de ella y el respeto por los demás, en tanto que seres individuales, autónomos y dotados de voluntad, han surgido no a priori, sino fruto de la reflexión y como necesidad para poder llevar una vida en común.El único argumento que podemos esgrimir para la defensa de estos valores es el consenso al que se ha llegado.No nos sirven, en este caso al menos, iluminaciones, verdades reveladas ni palabras de dioses.Nos gustaría que la pura lógica nos llevara sin titubeos a comprender que tales conceptos son axiomas indiscutibles. La prueba evidente de que esto no es así es la propia historia de la humanidad que ha dado y sigue dando pruebas constantes de que no acepta como suyos tales principios sin discusión.

El hombre es digno, su comportamiento puede ser indigno.El ser humano posee voluntad y por tanto capacidad de decidir y libertad para hacerlo,el problema surge cuando hace dejación de su facultad y se convierte en un ser abúlico.El hombre es respetable como ser autónomo que es, sus ideas pueden no serlo y entonces se convierte en un ser despreciable.Cuidar de los animales y de la naturaleza es una lógica obligación de todos,aunque simplemente sea por instinto de supervivencia, respetarla  no tiene ningún sentido.Proteger a los que tienen sus capacidades disminuidas es una obligación moral que hemos de aceptar aunque nadie ni nada nos obligue.Amarnos los unos a los otros no es más que un deseo y como tal no sirve para ser base de ninguna convivencia.Las ideas son creaciones humanas que definen a quienes las defienden.No se puede prohibir tener ideas, sean estas las que sean. Lo que si se puede  es impedir ponerlas en práctica cuando van en contra , no de la naturaleza,muy poco convincente es el argumento de que algo es contra natura,sino del acuerdo logrado por las conciencias.Hay que respetar a los individuos, no a los pueblos o culturas.Estaremos ante el terrible error de anteponer los derechos colectivos a los individuales.Los pueblos y culturas así tomados, sin contar a los individuos que las componen,no son nada.

En cuanto un individuo es consciente de su existencia ha de admitir automáticamente la existencia de los demás individuos.En cuanto surge el primer contacto, en cuanto nace la comunicación surge la comunidad y no nos queda más remedio que tratar de convivir.Para ello intercambiamos ideas y opiniones.Unas viajan con nosotros a través del tiempo creando costumbres que acaban anidando en nosotros dotándonos de un sentido moral.Las costumbres cambian, los individuos también.Algunas ideas permanecen.Lo que hacemos es reflexionarlas  y reformularlas costantemente.Son éstas las que  tratamos a veces de elevar a la categoría de axiomas.Nos equivocamos.La constante reformulación de los mismos conceptos a través del tiempo es la prueba clara de la necesidad que tenemos de reafirmarlas.Por eso el consenso puede ser cambiante.Esto nos impide  frecuentemente juzgar imparcialmente ideas del pasado desde la perspectiva actual.

Si indagamos, aunque sea un poco,dentro de nosotros, veremos con claridad meridiana que somos absolutamente incapaces de respetar aquello que va en contra de nuestra conciencia.Si tenemos la suerte de que nuestro código de conducta coincida con el de otros muchos será más fácil nuestra existencia y seremos personas más alegres.Nos apoyaremos además en esa confluencia de las conciencias para negar el derecho del respeto a todas aquellas ideas que se muestren contrarias a los valores que juntos defendemos.De nada tendría que servir el que se nos diga que otros tienen otros valores y otra cultura.Nada nos costará aceptar que en la otra parte del mundo adoren al sol, o  no coman carne de ciervo.Lo que nunca podemos ni debemos permitir es que la diferencia cultural permita a otros llevar a cabo actos en contra de la dignidad de las personas.Simplemente porque así lo hemos decidido.Porque ese ha sido  nuestro acto de voluntad.Nunca podremos demostrar a quien no llegue a esa conclusión por su cuenta que la esclavitud,la marginación de las mujeres, la ablación del clítoris, la tortura,la dictadura,el fanatismo,el racismo,la no separación de poderes,la falta de libertad de expresión no  pueden ser  defendidos.Lo que sí podemos hacer es no aceptar el argumento de que todas las culturas y costumbres son respetables.

Yo no soy respetable por lo que pienso sino porque pienso.Si no os gusta podéis no hacerme caso,discutirlo o incluso, llegado el caso, despreciarme.Me lo tendré merecido.Pero seguiré pensando.

Tarea de héroes

La vida nos suele condenar a un ajetreo muchas veces no deseado.Pasamos las horas y los días ocupados en mil quehaceres que nos alejan  de nosotros  mismos.Frecuentemente nos lamentamos de no disponer de tiempo para nosotros.La intendencia de nuestras rutinas o el miedo a enfrentarnos a nuestros miedos hacen que nos ocupemos de asuntos que en absoluto nos interesan.Cuando es la necesidad la que nos obliga a ello no hay más remedio que respirar en ocho tiempos y tirar para adelante.Cuando, sin embargo,somos nosotros los causantes de este desvarío, no hay excusa que valga.El más inexperto de los jueces nos declararía, sin titubear, culpables de desidia.Los argumentos que esgrimamos en nuestra defensa se convertirán en agravantes que harán más dura la condena.Nos produce terror,por falta de valor y entrenamiento,quedarnos solos y sin prisas, hacer balance de nuestras vidas y contestar sin ambages las preguntas que viven en nosotros ocultas tras artificiales preocupaciones cotidianas.Detenerse y pensar, tomar decisiones sin anteojeras se convierte en árdua tarea que abandonamos con la excusa de pensarlo más detenidamente y dejarlo para mejor ocasión.Procrastinar, ese palabro, es nuestro deporte preferido, la tentación más atractiva en la que caen, caemos, todos los indecisos que en el mundo han sido.Nos refugiamos de nuevo en cuentas, crucigramas,fines de semana,recetas de cocina,ascensos laborales, incrementos salariales, programas de televisión y amigos que nos dicen aquello que deseamos escuchar.Hemos interiorizado ideas que convienen a nuestro cobarde proceder.La soledad es mala consejera, no es bueno pensar tanto,la vida son dos días, a mí que me quiten lo bailao son unas cuantas de la larga lista de  mentiras irresponsables que nos gusta hacer nuestras para justificar lo injustificable.

Bajarse de un tren en marcha y quedarse quieto en medio de la nada requiere valentía.Pararse es una acción como otra cualquiera.Hacer las cosas porque queremos hacerlas y no pensar siempre en los resultados cuesta mucho más que su contrario.Tenemos la desesperante manía de poner todo en manos de la esperanza.Esperar se convierte así en la cárcel de nuestros días.Esperar significa no hacer nada,resignarse y confiar en que ese monstruo llamado destino venga siempre a socorrernos o en su caso a consolarnos.La suerte no está echada.No estamos programados.La maldición que nos persigue, la tentación que nos seduce es aquello tan viejo de dejar para mañana lo que podemos hacer hoy.Dios no proveerá, está demasiado ocupado en sus asuntos cotidianos.

¿Qué nos queda?Dar más importancia al trayecto que al destino, aprender a estar solos, querer a cambio de nada, decir lo que pensamos aunque nos equivoquemos,conocernos a nosotros mismos,plantear preguntas sin respuesta,expulsar la bilis,aprender a decir no,querernos,tomar decisiones,respetar a los demás pero no a todas sus ideas,caminar, caernos y levantarnos,hablar de lo divino y de lo humano,ser pacientes pero perseverantes,ser valientes,recorrer caminos inexplorados,perdernos,dudar hasta de la duda,no aceptar más verdad que la nuestra,imaginar mundos posibles,perseguir la libertad por encima de todas las cosas,buscar el silencio,no ocultar los sentimientos, reir, llorar,gritar, no dar nada por inevitable, rechazar el destino,ser conscientes,enfrentarnos a nuestros miedos,no aceptar la vida como viene,crear algo de la nada y no perder nunca las ganas de conocer.Conocer es la única razón de la existencia.

Es,como puede verse, tarea digna de héroes.Como somos casi siempre cobardes hemos traspasado la heroicidad a seres imaginarios que por su inexistencia nos consuelan de nuestra imperfección.Nunca existirá un mundo perfecto pero hemos creado el concepto de perfección.No habrá jamás un mundo feliz, pero eso no nos impide perseguir la felicidad.Nunca estaremos seguros de conocer la verdad pero las ansias de conocer nos llevan de la mano por la vida.La belleza,que sólo intuímos,hace de nosotros unos creadores.Conocimiento,felicidad, belleza y verdad son absolutos,tal vez inalcanzables,no están ahí, a pesar de ello, para frustrarnos.No existen antes que nosotros.Están dentro,como dentro está el niño que fuimos y el viejo que seremos,el ser capaz de la mayor traición y de la mayor bondad.Conocer,aspirar a la felicidad,crear belleza y buscar la verdad, incluso sabiendo que nunca conoceremos del todo ni seremos completamente felices ni podremos plasmar la absoluta belleza ni llegaremos lo suficientemente cerca de la verdad, es nuestra tarea de héroes.Pedir lo imposible y vivir en su búsqueda.Este, querámoslo o no, es nuestro poético destino.Si somos sinceros, habremos de reconocer que quien más cerca ha estado de la verdad ha sido siempre la poesía.

¿Qué hago yo ahora?Es tarde, mañana madrugo, tengo aún que recoger la ropa,ordenar mi mesa y hacer la lista de la compra.¿Cómo hago que rimen las naranjas con un kilo de patatas?Respiraré una vez más en ocho tiempos,dejaré negro sobre blanco lo que he escrito y trataré mañana, con legañas en los ojos, de recordarlo.Así sea.

Acuerdos y desacuerdos

La realidad la percibimos a través de los sentidos. Los sentidos no son objetivos. Conclusión: no podemos percibir la realidad objetivamente sino subjetivamente. El asunto se complica al darnos cuenta de que no somos los únicos que percibimos la realidad. Cada uno lo hacemos subjetivamente pero al final mi percepción se ve afectada por la que otros tienen y acabamos aceptando como real aquello en lo que diversas subjetividades coinciden. Esa coincidencia es el acuerdo al que llegamos y que permite que todos tengamos un similar concepto de realidad. Salta a la vista que esto puede facilitar la comunicación, pero es claro también que la realidad que se describe de esta manera es una realidad artificial.
El instrumento más importante que utilizamos para describir lo que nos rodea es el lenguaje. El lenguaje se sirve de símbolos que tratan de dar una idea cabal de aquello que expresan. Otra vez nos encontramos con la comunicación como único medio posible de llegar a un acuerdo sobre la descripción de los fenómenos que nos rodean.
Si lo dicho hasta aquí es así, los problemas que se plantean no tienen fácil solución: ¿es posible, entonces, un conocimiento verdadero y objetivo de lo que  hay en el mundo natural? ¿Tenemos que contentarnos con ese acuerdo intersubjetivo que permite que nos entendamos y comuniquemos? ¿Hemos de aceptar, por tanto, que el acuerdo al que hemos llegado hoy, puede variar en el futuro? ¿Es la realidad cambiante según los símbolos que se utilicen para percibirla?…
Los seres humanos vivimos en el tiempo. Este es otro concepto acordado por los hombres para poder entender nuestra existencia. No podemos concebir la realidad fuera del tiempo. Si éste no existe y la realidad natural no podemos conocerla, ¿qué nos queda?.
Los caminos seguidos a lo largo del tiempo han sido fundamentalmente dos:ciencia y religión. La segunda es sabido que ha optado por revelaciones y dogmas que no son alcanzables por medio de la razón sino por el de la fe. La primera se ha afanado en basar la descripción del mundo apoyándose en la lógica y la razón. Si somos estrictos tampoco la ciencia garantiza el real conocimiento pues no puede evadirse de las percepciones, que por definición son subjetivas. Incluso en el mundo de la ciencia hace falta acuerdos para dar algo como válido. Nunca salimos del atolladero. Parece que existe algo real más allá de nuestra percepción y del tiempo que nunca podremos conocer pues los instrumentos que utilizamos para ello se sitúan en el tiempo y son necesariamente subjetivos. Curiosa especie la nuestra , que a pesar de todo, sigue empeñándose en alcanzar lo inalcanzable. Esta peculiaridad de la que hablamos es la  que nos ha ido alejando del mundo natural y nos ha adentrado en el mundo simbólico. Este último, por contra, nos ha llevado a intentar conocer la realidad. Los que permanecen inmersos en el mundo natural no son conscientes de ello y no sienten necesidad de conocer. No evolucionan. La especie que gracias al símbolo, lenguaje y pensamiento fue capaz de ser consciente de su existencia no puede por contra alcanzar el verdadero conocimiento. Sólo queda ante nosotros la posibilidad de describir la realidad social. Esa es la que constantemente tratamos de conocer y para ello sólo ha sido posible basarse en los acuerdos.
En este campo ninguno de los acuerdos a los que se han llegado puede ser tenido por definitivo, inclusive en la ciencia. La historia nos demuestra a las claras esto. Todo lo que en un momento dado fue considerado como cierto se ha desmoronado después con otro acuerdo por mucho que se haya querido disfrazar de verdad objetiva y perenne. Parece, así, que todo es relativo. ¿Tiene esto demasiada importancia? Depende de cuál sea nuestro objetivo. Si lo que queremos es lograr una descripción objetiva y fuera del tiempo del mundo natural, lo tenemos bastante complicado. Por el contrario, si lo que buscamos es asentar una realidad social en la que lo simbólico tenga  vida propia y nos permita el desarrollo de las capacidades humanas encaminadas a lograr un acuerdo en el que conceptos como libertad y justicia sean aceptados como la única base posible en la que pueda descansar nuestra existencia, lo relativo de nuestros conocimientos del mundo natural pasaría a estar en un segundo plano.

El ser humano ha alterado el orden natural de las cosas, queriendo o sin querer, ésta ha sido su gran proeza.Una civilización que sitúa a la libertad por encima de la felicidad, que no abandona nunca el ansia de conocimiento, sabiendo incluso lo iluso de su tarea, que considera la voluntad individual como indispensable para conseguir acuerdos y que es capaz de crear los instrumentos necesarios para lograr que se de la comunicación es, vista así, sin bajar a lo particular, algo grande. La experiencia acumulada nos demuestra que hemos de abandonar vanas seguridades  y lanzarnos en pos de un mundo en el que aquél que piense diferente no sea tachado de loco. Lo mismo que hemos de aceptar que los conocimientos del mundo natural no son objetivos pero a pesar de ello aceptamos el método científico como medio de mejorar nuestra comprensión del entorno, hemos también de basar nuestra mejora y conocimiento de la realidad social en los acuerdos, aceptando que la comunicación sólo se da cuando hay libertad. La libertad nos puede llevar a la equivocación, ese es el precio que pagamos. Lo debemos hacer gustosamente.

Empeños inútiles

El más inútil empeño que puede acometer un hombre es el de ponderar alternativas, el de intentar adivinar, y preocuparse por ello, la vida que hubiera podido haber vivido si las circunstancias no le hubieran orientado hacia un determinado futuro. Sin embargo, este es un error en el que, cuando somos víctimas de la mala suerte, casi todos incurrimos. (William Styron)

Es curioso que me haya encontrado con este texto justo en los días en que andaba yo cavilando sobre este tema.Yo no me considero desafortunado, a pesar de ello, maldigo las incontables horas perdidas tratando de imaginar que hubiera sido de mí si en vez de haber tomado una decisión hubiera tomado otra, si en lugar de haberte conocido hoy te hubiese conocido ayer, si hubiera nacido allí en vez de aquí o si hubiera dicho sí en lugar de decir no.

Lo que empieza siendo un entretenido pasatiempo acaba convirtiéndose en una obsesión. La duda y la inseguridad acaban aposentándose en nuestras vidas y toman el timón de nuestra nave sin que tan siquiera nos percatemos de ello. Errar es humano. Dudar también.Tomar decisiones con responsabilidad es, sin duda, el paso que marca el adiós a la infancia y da la bienvenida a la edad adulta. La madurez, sólo llega ,si llega alguna vez, cuando somos capaces de afrontar las consecuencias de nuestros actos y decisiones. Lo hecho, hecho está, y de nada vale perder miserablemente el tiempo imaginando otra vida posible, puesto que no la hay. Nuestras decisiones, buenas o malas, acertadas o no, son las que trazan nuestra biografía. Rectificar es de sabios. Nadie lo duda. Pero rectificar es tomar conscientemente otra opción, distinta de la anterior, incluso opuesta. Nada tiene que ver con lamentarse estérilmente con lo hecho.

Si hubiera sabido lo que iba a ocurrir no lo habría hecho. Yo tampoco. Pocas frases tan necias como ésta. El que no haya sido necio alguna vez que lance la primera piedra. La lección que debemos sacar de esto, es que tomar decisiones implica riesgos, pero estos riesgos son los que dan sal a la vida aunque a veces cometamos errores y la vida se nos haga demasiado salada. Podemos analizar hasta la extenuación los condicionantes que determinaron nuestra forma de actuar, podemos también, medir al milímetro las consecuencias que tuvieron nuestros actos. Lo que nunca podremos hacer es dar marcha atrás y cambiar el curso de los acontecimientos. En última instancia, si estamos arrepentidos sólo nos queda el consuelo de rectificar, si ya no es demasiado tarde. Lo que deberíamos desterrar de nuestra mente es la inútil perdida de tiempo en el lamento, en el si yo lo hubiera sabido, en el que habría pasado si.

Una vez más, la incapacidad de aceptar que somos responsables de nuestros actos y decisiones nos lleva a refugiarnos en casa del destino. Él es el responsable, él decidió por mí, yo no tuve otra opción. Desengáñate, sí la tuviste y estaba a tu alcance. Acepta que tú eres soberano en tu vida y lamenta sólo cuando tu conciencia te grita al oido y te recuerda constantemente lo que tú ya sabes, aunque juegues a no admitirlo:  que hubo razones oscuras y turbias que te empujaron a actuar de determinada manera. Entonces sí, laméntalo y sé sabio; rectifica, no tienes más opción. Y grábate con fuego en la frente que el destino lo escribes tú. El éxito o el fracaso de tus empresas no están marcados de antemano. La vida no hace trampas, las hacemos nosotros. La más grande de ellas, inventarnos el destino.

Jugar es bueno, nunca debemos dejar de hacerlo. Hacer trampas puede ser divertido. Ser tramposo es algo diferente.Tomarse la vida como un juego tiene el riesgo de que nos creamos que las reglas están ya escritas. Si nos gustan nos dan seguridad y nos agarramos a ellas como a un clavo ardiendo. No tenemos nada que pensar ni que decidir. Si no nos gustan no nos queda más remedio que hacer trampas, algo externo nos obliga a hacerlo. En ambos casos la misma conclusión:irresponsabilidad. Nada nos conforta más.

Ni dios, ni el destino, tal vez el azar, pero decir el azar es no decir nada, nos arrebatan la responsabilidad de nuestros actos. Por mucho que lamentemos que esto sea así, no nos queda otro remedio que aceptarlo y ser valientes, pues valentía es lo que hace falta para vivir. Los cobardes no viven, vegetan, a veces juegan y pierden, siempre pierden.

Amor propio

¿Llegamos alguna vez a tomar una decisión por nosotros mismos?Desde que nacemos nos vemos expuestos inevitablemente al contacto con otras voluntades,que de una manera o de otra nos inculcan su parecer.Aprendemos imitando lo que vemos.Repetimos lo que oimos y nos comportamos como nos han enseñado a hacerlo.Todo lo que nos rodea nos influye (no podría ser de otra manera).Para cuando adquirimos eso que algunos llaman uso de razón, estamos modelados,esculpidos,formados,educados,condicionados hasta tal punto que es dificil saber si nos queda algún grado de autonomía en la toma de decisiones que afectan a nuestra vida.Si la libertad es optar y decidir autonomamente,y esto nos parece un bien necesario,es claro que damos por hecho que  es posible.

Nuestra vida no sólo es un cúmulo de experiencias y vivencias sino que, fundamentalmente, es el camino que han ido creando nuestra decisiones.¿Qué papel juega el azar?,¿es la casualidad la que nos hace torcer por una calle a la derecha y encontrarnos con el que será nuestro amigo, la que nos hace levantar la vista hasta un libro que luego leeremos y nos marcará para siempre,quien nos empuja a conocer Londres o París en vez de Tombuctú o Buenos Aires,la que, en fin,marca el trazado de nuestra existencia?Asusta pensar que sí.Consuela más creer que nosotros tomamos parte activa en todo este proceso.Cuando digo “creo que”,¿qué estoy diciendo?,que no estoy seguro de lo que digo o de verdad  quiero transmitir una conclusión a la que tras larga reflexión he llegado.¿Cuánto de original hay en mis pensamientos?.Tal vez nos limitamos a expresar lo ya dicho con “nuestras palabras”,como muchas veces dicen los niños.¿Hay puntos de inflexión en la historia del pensamiento?¿Hay ideas nuevas o llevamos miles de años planteándonos las mismas preguntas formuladas de diferente manera?Parece claro que no seríamos las mismas personas de haber nacido en un lugar distinto,o haber visto otras películas y tenido diferentes maestros.¿Habría, en cualquier caso, alguna semejanza porfunda en nuestras ideas y opiniones que nos permitiera reconocernos a nosotros mismos?Decidir,a pesar de todo, es probablemente la tarea más dificil que nos ha tocado en suerte.En consecuencia si no aprendemos a tomar decisiones, a optar por nuestra vida y nuestra alegría, nunca seremos libres.El camino es árduo y muchas veces la tentación de dejarse llevar por las ideas dominantes es demasiado apetecible.Nos da seguridad y tranquilidad.Que piensen otros, que decidan ellos.Para eso les pagan.Para eso les hemos elegido.El dulce bálsamo del olvido, de la ignorancia,de pasar desapercibido, de no pensar,de no decidir, de dejarse llevar y de llegar a dónde la vida nos lleve.Actuar así es no ser responsable, es no quererse a uno mismo,y este,para tomar decisiones es el primer mandamiento.

Optar es arriesgado.También lo es enamorarse y nos enamoramos.

Hasta la victoria siempre

Haciendo un símil con el desarrollo humano, parece claro que internet y las nuevas tecnologías en general todavía están gateando. A pesar de eso , y de la misma forma que un bebé transforma nuestra vida en algo diferente, podemos decir también que la aparición de internet y compañía en nuestras vidas, han trastocado muchas más cosas de las que imaginábamos.

La primera y más evidente es la aparición de la llamada brecha digital, esa que está separando a la humanidad entre los que utilizan y aprovechan las nuevas tecnologías y sus posibilidades y aquellos que por falta de tiempo, medios, desconocimiento, edad o pereza se están quedando atrás y no llegan a conocer y percibir la transformación que está experimentando la sociedad actual debido a estos avances técnicos.

En materia laboral se suele considerar motivo de despido la falta de adaptación a los cambios tecnológicos. En una empresa se espera de un empleado que se vaya adaptando y formando para poder hacer frente a los cambios que se van produciendo. Si no , el sistema prescinde de ellos.La ley exige que se les de la oportunidad de formarse, pero si el intento fracasa, se está legitimado para quitarlos de en medio .En la sociedad actual , y no sólo en el ámbito laboral, se está produciendo cada vez más este fenómeno.

Los niños, hoy en día, nacen  con un mando a distancia bajo el brazo,y como quien no quiere la cosa aprenden a manejar vídeos, dvds,cónsolas, televisiones y todo aquello con botones que se les ponga por delante.

Sin embargo la gente mayor y quienes creen no necesitarlo, rechazan su incorporación a este nuevo mundo digital y virtual.Se están quedando atrás y no participan en esta nueva dimensión de la realidad.¿Les hace falta? No lo sé. Lo cierto es que la brecha es cada vez mayor.

La revolución tecnológica está siendo tan rápida que apenas nos da tiempo a reflexionar sobre lo que está ocurriendo y no percibimos claramente los cambios sociales que puede propiciar.Todo sucede demasiado deprisa, y eso no es bueno.Las nuevas generaciones aprenden a usar gran número de cachibaches pero no relfexionan sobre lo que esto supone.

Televisión ,dvd,ordenador, reproductor de mp3, fotografía digital, cónsola de juegos, mandos a distancia, teléfonos móviles, pendrives y un largo etcétera forman parte ya de su vida cotidiana.Plasma, banda ancha, gigas, megahercios, píxeles, memoria ram, mp4 y otros tantos nuevos palabros son parte del vocabulario de cualquier persona que se considere bien formada.Nos guste o no, este fenómeno es imparable. Lo necesario sería reflexionar sobre sus pros y sus contras.

El ser humano ha evolucionado, como todas las especies, adaptándose, para sobrevivir, a los cambios que le venían impuestos desde fuera. Lo peculiar de nuestra especie es que fue el débil, el que fue expulsado de la selva por los más fuertes,el que se tuvo que adaptar a la nueva situación.Se vió solo en la llanura, sin refugio ni alimentos y sin medios para defenderse.Ya no necesitaba saltar de rama en rama para trsladarse o escapar. Se incorporó, se irguió, liberó sus manos y pudo agarrar con ellas palos y piedras con los que defenderse de sus enemigos.Cuando a lo lejos vislumbraba peligro,  emitía un sonido que los demás entendían como signo de alarma. Había nacido el lenguaje, la comunicación y con él la reflexión.Colaborando unos con otros era más fácil dominar a sus rivales y al medio hostil en que vivían.Así, poco a poco, hasta nuestros días.

Hoy las nuevas tecnologías son esos palos y piedras que nuestros antepasados utilizaban como defensa o como herramientas; los e-mails, los blogs, las páginas web…son los sonidos que emitimos para comunicarnos, para transmitir información y para hacer que este mundo separado hasta ahora por distancias insalvables, se convierta en algo pequeño que cabe en la pantalla de un ordenador.

Si reflexionamos sobre ello y lo utilizamos bien,podremos defendernos de nuestros enemigos: la opinión oficial, las clases sociales, las fronteras, el poder de los medios de comunicación, y las trabas que algunos poderosos ponen al conocimiento. Las herramientas que nos brinda el desarrollo tecnológico las podemos utilizar para ser más libres.Podemos crear, opinar, pensar, criticar y comunicarnos con quien queramos sin barreras que puedan impedirlo.Esto significaría el paso de los monopolios y oligopolios a la competencia perfecta.

Tal vez este sea el aspecto más importante de esta transformación.La revolución social que puede traer consigo es de una envergadura tal,que , creo, aún no podemos imaginar

Internet, por ejemplo, es una representación de todo lo bueno y lo malo que los seres humanos representamos. Es un monstruo insaciable que engulle constantemente información.Se deja alimentar dócilmente por cualquiera y su estómago no tiene fin.Separar lo bueno de lo malo, discernir lo que nos interesa y lo que no,  es una tarea cada vez más complicada.Hemos pasado de una información impuesta y teledirigida a un exceso de información.

El lado positivo es que por primera vez en muchos años estamos viendo nacer comunidades de personas que colaboran unas con otras, que ayudan a resolver nuestros problemas y dudas o a mejorar nuestros concimientos.Yo colaboro, tú colaboras, yo ayudo, tú ayudas, yo te cuento lo que sé, tú me cuentas lo que tú sabes.El conocimiento y la información se socializan. Y se hace, muchas veces, a cambio de nada.Esto está despertando muchas conciencias que se han dado cuenta de que no es un sueño imposible y de que cualquiera puede participar en él. Aquí no hay barreras de entrada.

Comunidades libres de personas que piensan, informan y comparten sus conocimientos sin importar banderas ni patrias. El desarrollo como colaboración de muchos, como mejora constante. Libertad de elegir, de buscar y dar información.Libertad de participación y opinión.

Este es sin duda el lado positivo de la revolución que nos ha tocado vivir.Tiene ,por supuesto, su lado oscuro:descontrol,exceso,falta de rigor,publicidad, marketing…en fin, pensándolo bien, nada a lo que no estemos ya  acostumbrados.

Compañeros:Hasta la victoria, siempre.