Acuerdos y desacuerdos

La realidad la percibimos a través de los sentidos. Los sentidos no son objetivos. Conclusión: no podemos percibir la realidad objetivamente sino subjetivamente. El asunto se complica al darnos cuenta de que no somos los únicos que percibimos la realidad. Cada uno lo hacemos subjetivamente pero al final mi percepción se ve afectada por la que otros tienen y acabamos aceptando como real aquello en lo que diversas subjetividades coinciden. Esa coincidencia es el acuerdo al que llegamos y que permite que todos tengamos un similar concepto de realidad. Salta a la vista que esto puede facilitar la comunicación, pero es claro también que la realidad que se describe de esta manera es una realidad artificial.
El instrumento más importante que utilizamos para describir lo que nos rodea es el lenguaje. El lenguaje se sirve de símbolos que tratan de dar una idea cabal de aquello que expresan. Otra vez nos encontramos con la comunicación como único medio posible de llegar a un acuerdo sobre la descripción de los fenómenos que nos rodean.
Si lo dicho hasta aquí es así, los problemas que se plantean no tienen fácil solución: ¿es posible, entonces, un conocimiento verdadero y objetivo de lo que  hay en el mundo natural? ¿Tenemos que contentarnos con ese acuerdo intersubjetivo que permite que nos entendamos y comuniquemos? ¿Hemos de aceptar, por tanto, que el acuerdo al que hemos llegado hoy, puede variar en el futuro? ¿Es la realidad cambiante según los símbolos que se utilicen para percibirla?…
Los seres humanos vivimos en el tiempo. Este es otro concepto acordado por los hombres para poder entender nuestra existencia. No podemos concebir la realidad fuera del tiempo. Si éste no existe y la realidad natural no podemos conocerla, ¿qué nos queda?.
Los caminos seguidos a lo largo del tiempo han sido fundamentalmente dos:ciencia y religión. La segunda es sabido que ha optado por revelaciones y dogmas que no son alcanzables por medio de la razón sino por el de la fe. La primera se ha afanado en basar la descripción del mundo apoyándose en la lógica y la razón. Si somos estrictos tampoco la ciencia garantiza el real conocimiento pues no puede evadirse de las percepciones, que por definición son subjetivas. Incluso en el mundo de la ciencia hace falta acuerdos para dar algo como válido. Nunca salimos del atolladero. Parece que existe algo real más allá de nuestra percepción y del tiempo que nunca podremos conocer pues los instrumentos que utilizamos para ello se sitúan en el tiempo y son necesariamente subjetivos. Curiosa especie la nuestra , que a pesar de todo, sigue empeñándose en alcanzar lo inalcanzable. Esta peculiaridad de la que hablamos es la  que nos ha ido alejando del mundo natural y nos ha adentrado en el mundo simbólico. Este último, por contra, nos ha llevado a intentar conocer la realidad. Los que permanecen inmersos en el mundo natural no son conscientes de ello y no sienten necesidad de conocer. No evolucionan. La especie que gracias al símbolo, lenguaje y pensamiento fue capaz de ser consciente de su existencia no puede por contra alcanzar el verdadero conocimiento. Sólo queda ante nosotros la posibilidad de describir la realidad social. Esa es la que constantemente tratamos de conocer y para ello sólo ha sido posible basarse en los acuerdos.
En este campo ninguno de los acuerdos a los que se han llegado puede ser tenido por definitivo, inclusive en la ciencia. La historia nos demuestra a las claras esto. Todo lo que en un momento dado fue considerado como cierto se ha desmoronado después con otro acuerdo por mucho que se haya querido disfrazar de verdad objetiva y perenne. Parece, así, que todo es relativo. ¿Tiene esto demasiada importancia? Depende de cuál sea nuestro objetivo. Si lo que queremos es lograr una descripción objetiva y fuera del tiempo del mundo natural, lo tenemos bastante complicado. Por el contrario, si lo que buscamos es asentar una realidad social en la que lo simbólico tenga  vida propia y nos permita el desarrollo de las capacidades humanas encaminadas a lograr un acuerdo en el que conceptos como libertad y justicia sean aceptados como la única base posible en la que pueda descansar nuestra existencia, lo relativo de nuestros conocimientos del mundo natural pasaría a estar en un segundo plano.

El ser humano ha alterado el orden natural de las cosas, queriendo o sin querer, ésta ha sido su gran proeza.Una civilización que sitúa a la libertad por encima de la felicidad, que no abandona nunca el ansia de conocimiento, sabiendo incluso lo iluso de su tarea, que considera la voluntad individual como indispensable para conseguir acuerdos y que es capaz de crear los instrumentos necesarios para lograr que se de la comunicación es, vista así, sin bajar a lo particular, algo grande. La experiencia acumulada nos demuestra que hemos de abandonar vanas seguridades  y lanzarnos en pos de un mundo en el que aquél que piense diferente no sea tachado de loco. Lo mismo que hemos de aceptar que los conocimientos del mundo natural no son objetivos pero a pesar de ello aceptamos el método científico como medio de mejorar nuestra comprensión del entorno, hemos también de basar nuestra mejora y conocimiento de la realidad social en los acuerdos, aceptando que la comunicación sólo se da cuando hay libertad. La libertad nos puede llevar a la equivocación, ese es el precio que pagamos. Lo debemos hacer gustosamente.

13 comentarios en “Acuerdos y desacuerdos

  1. Este post es perfecto. Es una perfecta creación y una perfecta expresión de un pensamiento, para mí, perfecto. La verdad es que no hay mucho más que decir, excepto quizá que no es esta civilización que hemos construido la que situa a la libertad por encima de la felicidad, no abandona nunca el ansia de conocimiento, sabiendo incluso lo iluso de su tarea, considera la voluntad individual como indispensable para conseguir acuerdos y que es capaz de crear los intrumentos necesarios para lograr que se de la comunicación. Es aquella en la que se sitúan los universos individuales de unos pocos de sus integrantes, es aquella que soñamos construir.

  2. La perfección no existe,tendré que decir.Pero satisface mucho que otros lo vean así.Del resto de tu comentario decir que tienes razón. Yo, en el final de la entrada, no quería decir que nuestra civilización acepte todo lo expresado, pero sí, que ha sido capaz de concebirlo.Será tal vez un sueño, pero la semilla de ese sueño se va posando poco a poco.Vendría a ser como la constitución de un país que nos habla de no discriminación, de viviendas dignas para todos y un sinfín de cosas que lamentablemente no se cumplen pero que al menos hemos sido capaces de acordar y expresar.Para llegarlas a conseguir algún día es preciso concebirlas primero, aunque sean como un sueño.

  3. En algún sitio leí que los conceptos eran intuiciones compartidas.Yo no sé qué sería de los conceptos, sin las personas que los comparten.¿Existirían?

  4. Tuve que aclarar la palabra intuición… no sé de dónde saqué que era un término de psicología y quise estar segura, pero no, no lo es. En su acepción de Filosofía, es una “percepción íntima e instantánea de una idea o una verdad que aparece como evidente a quien la tiene.”

    Concepto puede ser sinónimo de idea o pensamiento. En este caso, una intuición sería una clase especial de concepto. Cuando se acuerda o se comparte va adquiriendo, a medida que lo hace, más y más realidad, posiblemente ¡hasta pueda volverse sólida!

  5. Puede ser también una apariencia.Lo sólido no deja de ser al fin y al cabo un conjunto de partículas en constante movimiento o vibración que aparentan estar fijas.

  6. Por supuesto que lo es. Energía condensada. Excepto que también las partículas de energía y su cambio de posición en el espacio (movimiento), y el mismo espacio “pueden” ser una apariencia. Todo el universo físico puede serlo.

    Tú no. Ni yo. Ni él, ni ella, ni nosotros…..

  7. Anhelo una libertad interna, la recuperación de nuestra propia naturaleza. Necesitamos librarnos de todas las fuerzas internas que nos causan pesadumbre, que crean complicaciones y conflictos. Eso es lo que nos impide ver las cosas tal cual son. Solamente en un estado de libertad interior, que es la libertad de la conciencia humana frente a toda compulsión, sea ésta externa o interna, puede haber libre albedrío.
    Un abrazo, querido Jusamawi.

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